19 de septiembre de 2009

Un artista enigmático, una leyenda universal y un cuadro misterioso.




El gran dibujante, grabador, pintor, escultor y litógrafo que fue el francés Gustave Doré (1833-1883) sólo tiene parangón con una personalidad misteriosa que no dejaría de reflejar en casi todas sus obras. Un tema que abordaría en uno de sus grabados fue el del heroico caballero medieval, en este caso Orlando Furioso, personaje de un libro muy publicado en el siglo XVI del escritor Ludovico Ariosto (1474-1533). En este grabado Doré representa al héroe-caballero Ruggiero atacando al feroz dragón con su lanza para liberar de sus garras a la bella Angélica.

Ese mismo tema lo utiliza el magnífico pintor neoclasicista francés Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867). Las interpretaciones que se han dado a esas obras han mezclado a veces desde un simbolismo fálico -expresado en la lanza que hiere al dragón y en la esclavitud sexual de ella- hasta el repetido épico drama caballeresco -basado en la mitología griega- de Perseo rescatando a Andrómeda.

Por último otro grabado, muy extraño de Gustave Doré, Enigma, donde el artista manifesta aquí toda aquella extraordinaria personalidad misteriosa. En los últimos momentos de un campo de batalla ensombrecido, lleno de muerte y desolado un ángel abraza a un hombre con figura de león. ¿Por qué todo eso? ¿Qué quiso expresar con ello el pintor? Ese es el reto, ese el enigma y esto es el Arte...

(Grabado de una ilustración de Gustave Doré para el libro Orlando Furioso; Pintura de Ingres, Ruggiero y Angélica, 1818, Museo Louvre, París; Ilustración de Doré, Enigma, actualmente en el Museo D'Orsay, París; Imagen de un grabado con el retrato de Gustave Doré.)

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