28 de noviembre de 2009

Un deseo, un poeta, una luz, aunque es de noche.




Que bien sé yo la fuente que mana y corre,
aunque es de noche.
...
Su origen no lo sé, pues no lo tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
...
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadearla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
...
La corriente que nace de esta fuente,
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
...
Esta eterna fuente está escondida
en este vivo maná por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche.

Esta viva fuente, que deseo,
en este maná de vida yo la veo,
aunque es de noche.

Adaptación del Cantar del alma, del poeta español San Juan de la Cruz, 1542-1591.

(Imagen de El caminante sobre el mar de nubes, del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, 1774-1840, Hamburgo, Alemania.; Cuadro del mismo pintor, Puerto de Noche, Museo Hermitage, San Petersburgo, Rusia.)

27 de noviembre de 2009

El beso: la escena más romántica en el Arte.



En toda la historia del Arte el beso no fue representado en todo su simbolismo erótico sino hasta la llegada del Romanticismo. Uno de los primeros creadores que lo hiciera lo fue Francesco Hayez (1791-1882), un pintor italiano que consiguió en sus creaciones una escenificación muy apropiada para las grandes gestas históricas y dramáticas. De hecho, el cine tuvo en él un ejemplo para los grandiosos montajes cinematográficos que después hicieron alarde en el público.

Pero no fue sino hasta mediados del siglo XIX, sobre todo a finales de ese siglo, cuando se atrevieron los pintores a plasmar en un cuadro el gesto tan antiguo, y al mismo tiempo tan íntimo, como es el del contacto labial de los amantes. Otros pintores anteriores en el tiempo plasmaron en sus obras de Arte otros besos..., ahora más castos y puros, besos en la mejilla, en las manos o en la frente; besos inocentes aunque, a veces, también cargados de deseo. Pero la expresión más realista del beso enamorado no fue llevada al Arte sino hasta que lo plasmaran los pintores románticos y postimpresionistas posteriores. Después la ópera, el teatro o el cine hirían avanzando en la más auténtica representación del único gesto humano que no confunde mientras se lleva a cabo, como otros...

(Imagen del cuadro de Francesco Hayez, El beso, en la Pinacoteca de Brera, Milán, Italia; Cuadro El Beso, del pintor romántico Theodore Gericault (1791-1824), Museo Thyssen-Bornemisza; Cuadro del simbolista Gustav Klimt (1862-1918), El Beso; Obra de Théophile Alexandre Steinlen (1859-1923), El Beso; Imagen del cuadro de Franz Von Stuck, El beso de la Esfinge; Fotograma de la película Lo que el viento se llevó, 1939.)

22 de noviembre de 2009

Un arrepentimiento, un destino, una ópera... y el Arte.



Un famoso guión cinematográfico (Blade Runner, 1982) utilizaría un concepto mítico y metafísico, La puerta de Tannhäuser, para referirse con él a la entrada a un destino inevitable y fatal... Pero, mucho antes, un compositor alemán fue el responsable de hacer mención a esa leyenda, la del poeta medieval alemán Tannhäuser (1205-1270). Richard Wagner (1813-1883) compuso su ópera Tannhäuser en el año 1845, donde el poeta-personaje lleva ahora una vida disoluta y vagabunda. Encuentra una vez en su caminar errante un lugar, Venusberg (montaña de Venus), el reino mítico, idílico y sensual de la famosa diosa de la belleza Afrodita. Ahí disfruta él sin parar y con extremo goce de los placeres más ocultos de la vida... Pero, sin embargo, cansado de esos disfrutes que la diosa le aportase por entonces, decide dejarlo y abandona ese lugar del todo ahora arrepentido.

En su nuevo deseo de cambiar, peregrina incluso a Roma. Entonces el papa Urbano IV lo recibe muy exigente y displicente, diciéndole ahora que es tan imposible redimirlo como que su bastón papal llegase algún día a florecer... Él se marcha decepcionado, meditabundo y desolado. Y ahora, buscando inútilmente el sentido a su vida en otra posible cosa que le redima, vuelve a Venusberg de nuevo a entregarse a su delirio. Al cabo de unos días el papa observa, sorprendido, como su bastón ahora florece... Urbano IV le envía inmediatamente un mensajero para que él regrese a Roma, y reciba, ahora sí seguro, su perdón. Pero ahora ya es demasiado tarde, Tannhäuser ya no está, había desaparecido para siempre fatal e inevitablemente...

Es entonces el pontífice el que acaba, a cambio, siendo ahora condenado para siempre... Esta leyenda inspiraría a muchos poetas y músicos románticos alemanes. Hasta que, con los años, llegaría a inspirar a un famoso guionista de ciencia-ficción cinematográfico, creando por entonces así una puerta sin regreso..., una puerta ahora, inevitablemente, fatal.

(Imagen del cuadro del pintor John Collier 1850-1934, Tannhäuser en el Venusberg; imagen del cuadro pintado por Renoir, Richard Wagner; imagen del papa Urbano IV, 1195-1264)

19 de noviembre de 2009

Un famoso pintor y retratista, un divorcio imposible y una extraordinaria mujer.



Giovanni Boldini (1842-1931) fue un pintor italiano de finales del siglo XIX que retrataría a hermosas mujeres en aquella alta sociedad finisecular de entonces. Deslumbró con su maestría -parte impresionista, parte modernista- en sus modelos femeninas, señoras maravillosas donde su belleza se trazaría de modo exagerado y a la altura de la alcurnia de ellas. Una de sus modelos fue Lady Colin Campbell (1857-1911), llamada originalmente Gertrude Elizabeth Blood, mujer que, aunque de familia irlandesa distinguida, acabaría sus días siendo conocida luego por tan alto nombre aristocrático.

Todo empezó con un viaje a Escocia de Gertrude en el año 1880 donde conoció a Lord Colin Campbell (1853-1895). Se casaron al año siguiente, pero el matrimonio sólo duraría tres años. El almibarado Lord quiso entonces ocultarle a ella su maléfica enfermedad venérea. Para cuando ella lo supo tuvo que medicarse con mercurio y luego acabaría pidiendo el divorcio. Él, avergonzado por la publicidad y el escarnio, contraatacaría decidido acusándola ahora de infidelidad a ella, no con uno sino con hasta cuatro amantes... La justicia torticera de aquella época denegaría las razones para ella y el divorcio no se llevaría a cabo nunca.

Se separaron, no obstante. Y ella terminaría dedicándose a la Literatura... Su talento y belleza la ayudaron mucho en su nueva vida, aunque no pudo mantener su alto prestigio social de antes. Él, azorado, tuvo que marcharse a la India lejos de todo, donde acabaría su vida a los cuarenta y pocos años en aquel subcontinente asiático. Y es ahora cómo la belleza renacida de ella es retratada aquí por el Arte... Un Boldini exultante acabaría siempre magnificando a sus modelos femeninas. Un crítico llegaría a decir del pintor: Las mujeres tuvieron siempre un rol de primer plano en su vida, al retratarlas exageraba sus mejores características, alargaba las piernas, las manos, los pies, para exaltar así aún más su atractivo natural.

(Imagen del cuadro de 1894 de Lady Colin Campbell de Giovanni Boldini, Londres; Fotografía de 1890 de Lord Colin Campbell; Autorretrato de Boldini.)

17 de noviembre de 2009

Una obra de Arte adelantada, una modelo amante, una santa heroína y un pintor.




El más grande pintor francés del siglo XV lo fue Jean Fouquet (1420-1481). Situado el pintor entre el Gótico tardío y el Renacimiento, es considerado el iniciador de la escuela francesa de la Pintura. Educado no obstante en Italia, donde desarrolló gran parte de su obra. En el año 1450 le encargan un díptico, el Díptico de Melun, donde en una de sus tablas hay una representación de la Virgen María con el Niño. Es este un cuadro muy curioso para entonces, donde ahora su imagen sagrada enseña claramente uno de sus pechos desnudos. De colores significativos y muy determinados, las figuras principales son de un blanco virtuoso y puro o de un tono azul o rojo -los ángeles-, dependiendo éstos además de que fuesen algunos querubines o serafines... Fue la primera vez que se mostraría un atributo sexual femenino en una obra de Arte sin ningún motivo, sin justificación en la composición y de toda una sagrada imagen además.

Según una leyenda la modelo de la Virgen fue una cortesana y amante del rey francés Carlos VII, Agnès Sorel, la mujer por entonces más hermosa de Francia. El rey fue coronado por aquellos años, 1429, gracias además a otra mujer, Juana de Arco (1412-1431), la joven y santa doncella de Orleans, la mujer más heroica de Francia que se creyó estar ungida por Dios para salvar a su país. Murió sacrificada en la hoguera por los enemigos de Francia entonces, pero eso no impidió al rey conseguir luego el objetivo que ella se propuso: expulsar a los invasores ingleses de Francia.

(Imagen del cuadro La Virgen con el Niño, separado del díptico original, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Amberes (Bélgica); Autorretrato del pintor Jean Fouquet -también al parecer situado originalmente en el díptico- y que se encuentra en el Louvre, París; Cuadro del pintor Ingres, Juana de Arco en la coronación de Carlos VII.)

10 de noviembre de 2009

Una santa, un misterio sagrado y el arte de su pintura.





Fue en la década de los años veinte cuando los integrantes de un grupo de Arte denominado La nueva objetividad -movimiento que rechazaba el Expresionismo asumiendo ahora una tendencia más realista- descubrieron entonces la identidad y las impactantes obras de un pintor del Barroco francés, George de la Tour. Este pintor francés (1593-1652) se mantuvo durante casi tres siglos totalmente desconocido y sus obras asignadas además a otros autores diferentes. Pero su tenebrismo, su capacidad para el contraste entre lo oscuro y lo visible, le habrían hecho merecedor de haber sido y ser hoy un gran genio de la Pintura

Pero, habrá también otro misterio que se encuentra ahora en lo que describen sutilmente algunas de sus obras. Estas dos pinturas suyas que se muestran aquí representan a María Magdalena. En ambas no se vislumbra su rostro del todo, en ambas está la santa vestida de blanco y rojo (pasión y pureza), en ambas mirará a la luz..., y en ambas se manifesta claramente su vientre encinto... Es este un misterio que desde el siglo XVII se nos presenta, iconográficamente al menos, en la historia sagrada y profana de un personaje fascinante

Otros autores habían retratado a la santa que descubrió al Mesías resucitado. Ahora una imagen de una mujer desconocida, retratada en años anteriores al Barroco, se ha tratado de atribuir a esta santa -Magdalena- y su autoría al gran Leonardo da Vinci. Fue reconocida siempre antes como una obra de un discípulo de Leonardo, Giampietrino, y titulada Retrato de mujer. Pero ahora esta pintura tiene, no obstante, firmes defensores de ser un original de da Vinci y representar a la Magdalena. Un misterio, una leyenda y una historia que se cruzan inevitablemente, pero que el Arte ha sabido a veces poner de relieve y sesgadamente ahora el sempiterno e impenitente enigma sagrado: ¿quién fue realmente esa mujer y qué tipo de relación mantuvo con Jesús de Nazaret?

(Imagen de cuadros de George de la Tour: Magdalena en la penumbra, Museo del Louvre; Magdalena arrepentida, Museo Metropolitano de Nueva York; Cuadro Santa María Magdalena, de El Greco, Museo Bellas Artes de Budapest; Óleo Retrato de Mujer (Magdalena), atribuido a Leonardo da Vinci, colección particular; Cuadro Encuentro de María Magdalena con el Señor, de Martin Schongauer (pintor alemán 1448-1491), Museo de Unterlinden, Francia.)

8 de noviembre de 2009

La seducción seducida..., o el triunfo inevitable de cualquier seducción.



En la ciudad helénica de Alejandría durante el Egipto del siglo IV después de Cristo se originaría ya una leyenda que, como casi todas, sólo la verdad es lo único que no la asiste... Muchos siglos después, en el año 1839, una escritora religiosa benedictina alemana publicaría entonces un pequeño relato sagrado basado en esa leyenda egipcia, La historia de Pafnucio y Thaís. En la narración decimonónica la monja benedictina cuenta la curiosa conversión al cristianismo de una impúdica y vulgar cortesana (prostituta) egipcia. Vivía en Alejandría en aquel siglo IV y se llamaba Thaís, y fue convertida al cristianismo la pagana meretriz a causa de la fiel devoción misionera de un monje cenobita llamado Pafnucio.

Posteriormente Anatole France (1844-1924), escritor y poeta francés, desarrollaría una obra literaria inspirada en ese sagrado relato donde adornaría aún más la leyenda desacralizando (quitándole los adornos sagrados) aquella historia religiosa, convirtiéndola ahora en un folletín más vendible, o más propio para una ópera romántica que para una mera leyenda sagrada. Y esa ópera la compuso otro francés, el músico Jules Massenet (1842-1912), que acabaría componiendo uno de los solos melodiosos más conocidos y famosos de la música clásica. Así ha pasado a la historia de la música clásica su famosa Meditación de Thais, un solo de violín magistral muy hermoso e inspirador.

La leyenda cuenta cómo la fama de cortesana -ramera- de Thaís llega hasta los oídos de aquel joven monje cenobita egipcio, un clérigo que, ahora demasiado ilusionado por su dedicación conversora, quiso por entonces redimir a la perdida como fuese. Realizaría su trabajo tan eficazmente, tan celosamente, tan fiel y consagradamente a ella, que asombraría a la propia Thaís quedando así ella del todo convencida para siempre... por el santo acontecer misionero de Pafnucio. Se convertiría la cortesana Thaís al cristianismo y se recluiría luego, además, en un monasterio de monjas en el desierto egipcio. Pero entonces aquel monje, maravillado y asombrado por la belleza de tan extraordinaria mujer, no pudo ahora más que reconocer la inevitable personalidad tan atrayente y seductora de ella.

Después de haberla dejado enclaustrada en el monasterio, y, por lo tanto, imposible de verla nunca más a ella, él no pudo ya sin embargo olvidarla... Habían pasado muchos años, y aún así él no puede olvidar siquiera su sagrada belleza, su cautivadora y completa belleza. Le reprenden y le exigen al monje sus superiores que realice ayunos y rezos. El monje reza y duerme, y en uno de sus sueños ella se le aparece entonces maravillosa... Decide él ahora ir a verla al monasterio. Pero, al llegar sólo puede encontrarla enferma y moribunda. Ella lo reconoce y le agradece haberla salvado una vez. Él le invoca ahora con tiernas palabras de amor... Pero, a pesar de todo, ella expira ahora feliz y alejada, sin embargo, de todas aquellas pasiones mundanas que la dominaron siempre. Al final, la Iglesia haría santa a la bella cortesana egipcia y él tan sólo pasaría a ser, mucho más tarde, un mero personaje de leyenda, después un personaje más de una ópera romántica, y, así, parte también luego de una sinfonía maravillosa...

(Imagen de la pintura del pintor Auguste Raynaud, Regando el jardín; Cuadro del pintor Ovidio Murgía de Castro 1871-1900, hijo de la famosa poetisa gallega Rosalía de Castro, Cabeza de Monje, Museo de Bellas Artes de La Coruña, España.)

Vídeo de la sinfonía Meditación de Thais:

 

6 de noviembre de 2009

La inocencia seducida y el espurio interés, la concentración maléfica y el Arte salvador.



La seducción taimada a la inocencia es uno de los posibles motivos representados en este cuadro del pintor barroco holandés Vermeer (1632-1675). La dama es aquí la víctima inocente frente a un caballero que trata de seducirla ahora taimadamente, embriagándola así en una de las más ruines formas habidas de seducción... En esta pintura Vermeer nos presenta, sin embargo, un escenario equilibrado y sobrio, con personajes seguros o confiados, donde el caballero simboliza aquí, a cambio de la inocencia de ella, la morada del interés más desalmado. Porque además no hay ninguna sensualidad en la imagen de ella ni en el entorno. Es aquí la jarra del caballero y la copa de la dama lo que simboliza la desmesura y centra el sentido de la composición de la escena. En una silla de espaldas aparece incluso un laúd, mostrándonos así el instrumento que habría sido utilizado antes por el hombre para atraer, con su música melodiosa, el interés armonioso y vil de su objetivo...

La atmósfera de la habitación es de una misteriosa sencillez además. La ventana abierta nos ofrece ahora la imagen decorada de la vidriera, ésta con figuras, curiosamente, que representan la templanza a través de sus atributos: la escuadra -el obrar recto- y la brida -la represión de los afectos-. Pero la seguridad que manifiesta la expresión del caballero hace pensar que el pintor desea resaltar aquí el poder más oculto -y oscuro- de la escena. Y así es como se traduce en la imagen del personaje taimado, que mantiene la jarra firme en una clara actitud decisiva y tajante hacia la dama, una mujer que, sumisa y entregada, realizará sin dudar el acto al que ha sido, finalmente, invitada.

La pintora austríaca Friedl Dicker (1898-1944) compuso un remedo del mismo cuadro de Veermer en el año 1943, mientras se encontraba recluida en un getto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Acabaría sus días en el campo de concentración de Auschwitz. En el getto de Terezin (República Checa) aprovecharía ella para enseñarle a los niños allí recluidos el Arte... De no haber fallecido entonces hubiese sido una de las grandes figuras pictóricas del siglo XX. A cambio salvaría, en esos terribles momentos para la infancia, la angustia y la desesperación con la grandiosidad y la caridad más trascendente que ofrece, sin embargo, el Arte.

(Imagen del cuadro Dama bebiendo con un caballero, del pintor holandés Vermeer, 1659, Museo de Berlín; Cuadro Estudio sobre Vermeer..., de la pintora Friedl Dicker, Museo Juif, Praga, República Checa.)

4 de noviembre de 2009

La vanidad, la poesía y la moderación en la vida y en el Arte.




El desconocido poeta español Andrés Fernández de Andrada, nacido en Sevilla en 1575 y muerto en Méjico en 1648, fue militar en los tercios españoles y acabaría sus días en la próspera Nueva España (México) desconocido de todos y en la más solitaria de pobreza. Ha pasado a la Historia de la Literatura por un único y muy famoso poema elegíaco, Epístola moral a Fabio. En él alaba la moderación y la huida de la vanidad, de los reconocimientos sociales o de las dignidades materiales. También recoge en su verso inspirado la más bella de las reseñas líricas a la brevedad de la vida y sus metáforas. En unos fragmentos aquí seleccionados, dicen así sus versos salteados:

Busca, pues, el sosiego dulce y caro,
como en la oscura noche del Egeo
busca el piloto el eminente faro;
que si acortas y ciñes tu deseo
dirás: "Lo que desprecio he conseguido;
que la opinión vulgar es devaneo".
.....
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente
que no afecto a los nombres ni a la fama.
.....
Flor la vimos ayer hermosa y pura,
luego materia acerba y desabrida,
y sabrosa después, dulce y madura.
.....
Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea.
.....
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos;
ven y sabrás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Versos de la Epístola moral a Fabio, de Andrés Fernández de Andrada, poeta español.

(Imagen del cuadro de Tiziano (1477-1576) La Vanidad, Pinacoteca de Munich, Alemania; Pintura del pintor español y novohispano Miguel Cabrera (1695-1768), Serie de las Castas, Museo de América, Madrid; Grabado de Sevilla en el siglo XVI; Mural La Conquista, del pintor mexicano Diego Rivera 1886-1957.)

1 de noviembre de 2009

El Arte y sus creadores: una gran pintora heroica y un mediocre y cruel pintor.





En la historia de la Pintura han habido pocas mujeres creadoras. Pero algunas -casi siempre por un padre pintor- han pasado merecidamente a las reseñas del Arte. Una de ellas lo fue Artemisia Gentileschi (1597-1654), hija del pintor Orazio Gentileschi (1563-1639). De gran talento artístico, su padre la confió a un maestro pintor para que aprendiese y desarrollase su Arte, ya que las Academias de entonces no admitían en ningún caso a mujeres pintoras. El preceptor elegido por Orazio para su hija fue Agostino Tassi (1566-1644), un pintor italiano clásico, paisajista y experto en los trampantojos, o técnicas pictóricas para engañar la vista del espectador.

En el año 1612 el pintor Tassi violó a Artemisia Gentileschi. Como ya estaba él casado, el padre de Artemisia lo acusó ante un tribunal eclesial. Los métodos que se utilizaban entonces para observar la credibilidad de los testigos eran brutales. Artemisia tuvo que sufrirlos además. Al final, Tassi fue condenado y el drama vivido por ella se representó en la historia del feminismo posterior como una lucha más de la mujer. En algunos de sus cuadros, por ejemplo Judith decapitando a Holofernes (leyenda bíblica de la iniciativa de la judía Judith ante el jefe enemigo babilonio Holofernes), se observa ahora la fuerza del más obsesivo deseo lógico de venganza de la pintora Artemisia.

Ella se casaría poco después con un pintor mediocre y de ese modo pudo salvar su prestigio y honor. Fue una extraordinaria pintora del Barroco, una creadora que supo reflejar, dentro de un mundo varonilmente muy influyente, su propio estilo artístico, su fuerte, conseguido, vibrante, bello y muy dramático estilo.

(Cuadros de Artemisia Gentileschi: Magdalena penitente y Susana y los viejos, Galería Palatina, Florencia, y Colección Schönborn, Alemania, respectivamente; Cuadro del pintor Agostino Tassi, Competición en la Colina Capitalina, Museo Capitolino, Roma; Cuadro de Orazio Gentileschi, José y la mujer de Putifar, Colección real del Castillo de Winsord, Inglaterra; Cuadro de Artemisia Gentileschi, Judith decapitando a Holofernes, Galería de los Uffizi, Florencia.)

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