8 de julio de 2010

Un Déjà Vu histórico, un impostor, un escritor mexicano, un folletinista y un famoso actor.



El irlandés William Lamport (Wexford, Irlanda, 1611- Ciudad de Méjico, Nueva España, 1659), aunque de buena familia irlandesa terminaría siendo todo un aventurero y fiero corsario inglés. Años antes, en un viaje para estudiar a Inglaterra, se dejaría seducir por el mundo romántico y marinero de la piratería corsaria. Sin embargo, acabarían sus peripecias corsarias en España cuando al desembarcar una vez en La Coruña decidiese quedarse y cambiar su perseguido nombre por el tan castellano Guillén Lombardo. Después de estudiar en Alcalá de Henares ingresa incluso en la Armada española como capitán, participando en gloriosas y victoriosas batallas de la época.

En el año 1640 se nombraría a un nuevo virrey para la gobernación de la Nueva España (Méjico), don Diego López de Pacheco (Cuenca, 1599 - Navarra, 1653), y el joven capitán Lombardo lo acompaña en el largo y peligroso viaje a las Indias Occidentales. Aunque desconociéndose el motivo real, el capitán Lombardo acabaría luego  en Méjico arrestado por la Inquisición acusado de brujería y de conspiración contra la Corona. Al parecer quiso liberar a los indios y esclavos negros oprimidos, alzándose como un emancipador y justo gobernante.

Intentaría escapar en varias ocasiones de la prisión, aunque finalmente sería sentenciado, condenado y ejecutado en la hoguera en Ciudad de Méjico en noviembre del año 1659. Mantuvo en su vida una arriesgada fama de mujeriego y seductor sin escrúpulos de altas damas aristócratas, como también de aventurero rebelde y fabulador impenitente. En este último caso tuvo hasta la osadía de proclamarse hijo bastardo del padre del entonces rey español Felipe IV, tratando entonces de esa forma de hacerse con una posible corona mejicana. Esto último le llevaría a su perdición final.

Con el Romanticismo literario propio del siglo XIX un escritor mexicano, Vicente Riva Palacio (1832-1896), llegaría a compilar en el año 1872 una novela basada en la historia de ese capitán irlandés. En su obra, titulada Memorias de un impostor, rey de México, relata la vida en el Méjico colonial de Guillén Lombardo. Aunque mantuvo el autor datos históricos utilizó sin embargo un estilo muy fabulador, propio de las novelas francesas de aventuras de la época como fuese la famosa Los tres mosqueteros del prolífico escritor Alejandro Dumas (1802-1870).

Riva Palacio al parecer tuvo acceso libre a los archivos de la Inquisición de la Nueva España radicados en la Ciudad de México. Por entonces, en el año 1859, el presidente mexicano Benito Juárez (1806-1872) promulgaría sus famosas Leyes de Reforma que confiscaban las propiedades y los bienes de la Iglesia. Esto seguramente le permitiría al escritor disponer sin problemas toda la libertad necesaria para analizar y estudiar los archivos de la sentencia de Guillén Lombardo.

Pasado el tiempo, a finales de la segunda década del siglo XX, un periodista norteamericano llamado Johnston McCullen (1883-1958) comienza a escribir las llamadas pulp novels (novelas baratas y rústicas) que por aquellos años empezarían a proliferar mucho entre el público norteamericano. En el año 1919 publica su cuento La Maldición de Capistrano basada en la novela de Riva Palacio. Eso sí, se tomaría la libertad de cambiar el nombre, el lugar y el tiempo al protagonista, pasándose a llamar don Diego de la Vega en vez de Guillén Lombardo, y situándose un siglo después en California en vez de en Méjico.

Otra curiosidad en la historia es el sobrenombre del Zorro. Este apelativo y su símbolo Z fueron una afortunada ocurrencia de McCullen basada en la idea o en los datos que tendría Riva Palacio de que Guillén Lombardo utilizaría la Cábala judía para defenderse frente a los inquisidores de sus extravagantes inclinaciones políticas.

Esta filosofía mística de origen judío trata de entender el principio de la vida, su conocimiento último, así como al Creador del mundo y su cosmología. Y utiliza para ello una especial interpretación de la Biblia, una que, además, sólo podrán realizar los verdaderamente iniciados en la Cábala... El concepto cabalístico principio de la vida, también conocido como chispa divina, se representaría por la palabra hebrea ziza, cuyo símbolo es la letra Z. Este argumento esotérico lo utilizaría también, según Riva Palacio, el propio capitán Lombardo para defenderse de las acusaciones ante la Inquisición. Pretendía así argumentar que la conjura y sus deseos de liberar a los oprimidos estarían del todo justificados.

El cuento publicado por McCullen en el año 1919 tuvo mucha aceptación en el público y fue muy traducido. Hasta que, poco tiempo después, llegaría a las manos de un pionero del cine mudo americano de entonces, Douglas Fairbanks (1883-1939). Este afamado actor norteamericano, llamado el rey de Hollywood, conseguiría producir, escribir y dirigir muchas y exitosas películas en los comienzos del cine americano. En el año 1920 desarrolla toda su creatividad adaptando el cuento de McCullen al cine. De ese modo produciría, escribiría el guión y protagonizaría además La Marca del Zorro, film dirigido sin embargo por Fred Niblo (1874-1948). La película ha pasado a ser una de las más grandes producciones norteamericanas del cine mudo.

Déjà vu es una expresión francesa que indica la experiencia psicológica que un ser humano tiene de haber vivido antes algo, o de haber sido testigo antes de algo pero que, sin embargo, se vive por primera vez... Es por lo que la Déjà vu histórica de la leyenda del Zorro, en este caso, sí que se vivió realmente antes, aunque, como las vivencias que suelen sentirse a veces, las últimas historias no tengan nada que ver con la realidad de lo que, sin embargo, otras veces sí que llegaron a ser y a vivirse en la historia.

(Óleo del pintor barroco Rubens, El joven Capitán, Museo Timken de San Diego; Lienzo del virrey Diego López de Pacheco; Imagen del cuadro donde aparece el escritor mexicano Vicente Riva Palacio; Fotografía donde se aprecian, a la derecha, el periodista y escritor Johnston McCullen con el actor que interpretó al Zorro en los años cincuenta, Guy Williams; Fotografía del actor Douglas Fairbanks, 1921; Imagen del cartel cinematográfico de La Marca del Zorro, 1920.)

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