5 de agosto de 2010

Un triunfo efímero de mujer, una ambición de cine, un fracaso y una novela inacabada.



En el año 1917 Florenz Ziegfeld (1869-1932), empresario y promotor de Broadway (Nueva York), propuso a Alfred Cheney-Johnson (1885-1971) que fuese el fotógrafo oficial de sus jóvenes actrices en el famoso espectáculo de Ziegfeld Follies. Esta famosa revista musical había funcionado, ininterrumpidamente y con éxito, desde el año 1907 hasta el año 1931, cuando ahora el señor Ziegfeld no pudo ya superar la ruina a que le llevaría el desastre financiero del año 1929. Esos espectáculos de revista picantes fueron inspirados por el Folies Bergère parisiense y combinaban, audazmente, tanto desnudo, como comedia y espectáculo musical. Después de que la compañía teatral -dirigida por su esposo- acabase derrumbándose en el año 1918, la bella y atractiva actriz de teatro Edith Shearer quiso entonces que su hija Norma consiguiese triunfar en el mundo del espectáculo como fuese. Aconsejada por familiares la llevaría a Nueva York, al Ziegfeld Follies, a pesar de saber que su hija no tenía ni su belleza ni su atractivo. Y es que Norma, según su madre, tenía una figura rechoncha, unas piernas robustas y una mirada cruzada por culpa de su ojo derecho un poco estrábico.

Así fue como Norma Shearer (1902-1983) acabaría siendo fotografiada por Cheney-Johnson con sólo dieciséis años para el famoso Ziegfeld Follies de Nueva York, aunque, finalmente, no consiguiese ella ser contratada por el exigente empresario neoyorquino Florenz Ziegfeld. Dos años después le ofrecen ser extra en una comedia dirigida por Alan Crosland, pero, sin embargo, tuvo ella luego que sobrevivir gracias a trabajos de modelo en Nueva York. Para el año 1923, el productor de comedias neoyorquino Hal Roach la descubre y le propone una oferta para trabajar en el cine, en Los Ángeles, en la MGM. Irving Thalberg (1899-1936) empezaría a trabajar en el año 1919 como ejecutivo de los estudios de cine Universal en Nueva York, unos estudios propiedad de su tio Carl. Pronto marcharía a Los Ángeles y, con una ambición desmedida, sería contratado por el más audaz y próspero productor Louis B. Meyer. Llegará a ser vicepresidente y jefe de producción de la MGM con apenas veinticinco años de edad. Así fue como se conocieron Norma e Irving, gracias a la determinación de ella por triunfar y a la fascinación que ella causaría en el impasible y frío Thalberg. Acabaron casándose en el año 1927 y, tiempo después, terminarían él consagrando una brillante carrera y ella una más que aceptable y prolífica filmografía. 

Pero la delicada salud de Irving Thalberg acabaría por destruirlo todo en el año 1936, cuando un catarro demasiado fuerte derivaría en neumonía y pronto en fallecimiento. Entonces no pudo Norma Shearer más que proseguir con los contratos que aún tendría que cumplir. Convencida ahora de que no podría competir con las más que geniales e impresionantes bellezas que empezaban a brillar en el cielo de Hollywood, acabaría en el año 1942 abandonando la actuación para siempre y luego uniéndose además a un hombre mucho más joven que ella. Con él mantuvo, hasta el final de su vida, una existencia retirada, enferma, gris y melancólica. El escritor Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), aquel joven que triunfara en los años veinte con sus novelas El gran Gatsby y A este lado del paraíso, empezaría a escribir en el año 1935 su última novela, El último magnate, la cual no pudo terminar antes de fallecer en 1940, completamente olvidado, alcoholizado y arruinado en el mítico y despiadado Hollywood, tratando ahora de sobrevivir con guiones de bajo presupuesto que a veces le ofrecían. La novela tuvo que ser finalizada y publicada por su amigo Elmund Wilson en el año 1941. En ella narraba la vida de un ejecutivo y productor de Hollywood, un ser despiadado, frío, ambicioso y genial. Estas son las historias de dos vidas cruzadas, de dos vidas paralelas o parecidas y significadas así ambas por el éxito y por el fracaso... Por el brillo efímero de unas luminarias que una vez las deslumbraron y que, poco más tarde, acabarían para siempre por ser desdibujadas...

(Imagen de estudio de la actriz Norma Shearer, 1930; Fotografía de Norma Shearer, 1918; Cartel del espectáculo del Ziegfeld Follies en 1917; Imágenes fotográficas de desnudos de Norma Shearer en 1918, del fotógrafo Alfred Cheney-Johnson;  Fotografía de estudio de Norma Shearer, 1931; Cartel de la película Vidas íntimas, de 1931, protagonizada por Norma Shearer; Fotografía de Irving Thalberg y Norma Shearer, 1933; Fotografía del escritor Francis Scott Fitzgerald, 1928.)

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