30 de septiembre de 2010

El desdén en el Arte y el genio nacido de la destrucción.



Pocas novelas han sido adaptadas al cine tan bien como El tercer hombre. El resultado incluso es aún mejor que el propio relato, al parecer... El novelista Graham Green (1904-1991) ha sido uno de los mejores escritores británicos del siglo XX. Conocido más por el suspense de sus obras es, sin embargo, uno de los autores que más magistralmente ha hilvanado un trasfondo romántico -casi siempre frustrado- en prácticamente todas sus novelas. En la película El tercer hombre, ambientada en la Viena de posguerra y dirigida por el realizador británico Carol Reed (1906-1976) en el año 1949, la solapada historia de amor que narra la película no es del todo evidenciada sino hasta un final prodigioso y desolado. Entonces, el personaje protagonista, absolutamente vencido por su deseo más inevitable -interpretado por Joseph Cotten (1905-1994)-, descubrirá resignado el cinematográfico desdén de su amada... en uno de los planos más largos y geniales de la historia del cine.

El otro gran actor de la película, Orson Welles (1915-1985), expresará, en su pequeño papel de personaje atormentado y perplejo, las palabras que el creador -aunque se dice que fueron del propio Welles- proclamará en su homenaje al Renacimiento como una época difícil, conflictiva y corrupta, pero, a la vez genial, creadora, sublime y única en el mundo y en el Arte. En cualquier caso, sea o no sea todo eso el motor de la excelencia artística, lo cierto es que casi siempre que el Arte produce lo más excelso de sus obras es bajo la sombra oscura de la dolorosa realidad vivida por sus creadores, aunque, también el corazón del creador no haga más entonces que latir pensando que la vida, sin embargo, es lo más maravilloso que existe...

(Cuadro Fedra -paradigma del amor no correspondido-, del pintor academicista francés Alexandre Cabanel, (1823-1889); Imagen de un fotograma de la película El tercer hombre, 1949, con Joseph Cotten y la actriz italiana Alida Valli, (1921-2006); Óleo del pintor del renacimiento italiano Altobello Melone,(1490-1543), Pareja de enamorados, 1516; Óleo de Leonardo da Vinci, paradigma del Renacimiento más insigne, Madonna dei Fusi, 1501.)

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