6 de noviembre de 2010

Un mecenazgo oportuno, un deseo prohibido y una música y un amor inmortal.



Los grandes creadores siempre tuvieron necesidad de mecenazgo, de ayuda económica por parte de los admiradores de su maravillosa creación artística... Richard Wagner (1813-1883) llegaría a padecer una convulsa vida conyugal con su primera mujer, la actriz alemana Wilhelmina Planer (1809-1866). Así que sus primeros años de creación fueron muy difíciles, y Wagner fracasaría además a causa de la quiebra del teatro donde trabajaba como director de orquesta. Desde ese momento viajaría por toda Europa, llegando finalmente a Suiza en el año 1852. Allí conocerá a un gran admirador de su obra, y posterior mecenas suyo, el banquero Otto Wesendonck, cuya joven esposa Mathilde (1828-1902) enamorará, irremediablemente, al gran compositor alemán. Y es ahora cuando Richard Wagner, inspirado gracias a su propia emoción desgarradora, abandonaría toda obra anterior, en la cual él estuviese trabajando, para dedicarse ahora sólo a componer un famoso drama medieval, un melodrama de un gran amor secreto y trágico, Tristán e Isolda.

Años después, regresaría Wagner a Alemania y conocerá por entonces al director de orquesta Hans von Bülow, otro gran admirador de su música que habría luchado mucho por imponer su obra en Alemania. Wagner se lo pagaría enamorándose ahora de su joven esposa Cósima Liszt (1837-1930), hija del gran compositor Frank Liszt. Aun así, el director von Bülow continuaría apoyando siempre la música de Wagner. La desesperada situación económica de éste se solucionaría, finalmente, gracias a la ayuda del monarca Luis II de Baviera, príncipe entonces de este pequeño reino histórico del sur de Alemania. Luis II de Baviera fue un entusiasta admirador de toda la obra musical de Wagner, especialmente de su obra Tristán e Isolda, de la que acabaría el rey patrocinando su magnífico estreno en Munich en el año 1864. Ese drama literario, basado en un poema celta muy antiguo -poema que no habría llegado completo en ninguna de sus versiones posteriores, tanto francesas como alemanas-, relataba el inevitable lazo amoroso de Tristán, un caballero sajón de la inglesa región de Cornualles, e Isolda, una hermosa y rubia heredera del trono irlandés. Con destinos muy diferentes y enfrentados, ambos no podrían siquiera sospechar por entonces, cuando ahora coinciden sus vidas en circunstancias muy prosaicas, el poderoso influjo que un filtro de amor, o pócima accidental de amor ineludible, acabará así por hacerlos unir, fatalmente, para siempre.

Tristán debe acompañar a  Isolda a Cornualles para celebrar el matrimonio de ella con su señor, el rey sajón. Pero, en el viaje por mar, la doncella de Isolda prepararía una pócima que su señora debe tomar ahora para poder afrontar así un matrimonio no deseado por ella, un enlace político descompasado en años como en sentimientos... Pero, equivocadamente, Tristán también lo tomará, accidentalmente. Y a partir de ahí ambos personajes estarán unidos ya, sin quererlo incluso él, ahora para siempre... Están ellos de ese modo inevitablemente entrelazados en un drama que, tan sólo, terminará ya con la muerte, con la eterna noche que les permita a ambos mantener así toda esa pasión exagerada. Una pasión desaforada además inspirada ya por ella, ahora sin límite ni final. En la obra de Wagner, cuando Tristán muere a manos del enviado del rey por su traición, Isolda comprenderá que ella también debe ahora morir, para, así, poder proseguir el destino amoroso infinito ya de ambos...  Acabarán los dos amantes juntos y yacentes y entrelazados. Y, luego de eso, hay un momento ahora justo en el que Isolda vuelve, por un pequeño instante, a la vida... En ese preciso momento mágico, llamado en alemán el liebestod, o la muerte de amor, el compositor Wagner expresaría así entonces toda la emoción musical de la gran obra operística en un final extraordinario. Porque es este aquí ya, por lo tanto, el final del drama..., pero, ahora, justo ahora, sin embargo, el comienzo, verdaderamente, del amor...

(Cuadro del pintor prerrafaelita Dante Rossetti, Tristán e Isolda; Fotografía del compositor Richard Wagner; Óleo de la pintora vienesa Marianne Stokes (1855-1927), Muerte de Tristán; Cuadro del pintor norteamericano actual Miles Williams Mathis, Tristán e Isolda; Muerte de Tristan e Isolda del pintor español Rogelio de Egusquiza (1845-1915); Castillo bávaro del rey Luis II de Baviera; Cuadro del rey Luis II de Baviera; Retrato de Mathilde Wesendonck; Retrato de Cósima Liszt; Imagen de la actriz Wilhelmina Planer.)

Vídeo del final de la obra Tristán e Isolda, el Liebestod:

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