23 de diciembre de 2010

Tres pioneros de hace casi cien años: el cine, la aventura y una Navidad.



El día después de la tragedia del Titanic -el 16 de abril de 1912- una mujer norteamericana, Harriet Quimby (1875-1912), conseguía sobrevolar el canal de la Mancha entre Francia e Inglaterra a bordo de un aeroplano. Era la primera mujer que lo lograba, después de que el primer hombre, Louis Bleriot, lo hiciese tres años antes con un avión que él mismo había diseñado. Ese hundimiento tan importante del Titanic desluciría la hazaña de esa aviadora, escritora y periodista. Harriet Quimby se habría empeñado desde el año 1910 en volar en avión, cuando por entonces aprendiera a hacerlo después de presenciar un festival aéreo en Nueva York. Fue la primera mujer norteamericana en obtener una licencia para pilotar. Dedicada al periodismo durante toda su vida, tuvo además la oportunidad de escribir algunos guiones para el nuevo arte cinematográfico, arte que por entonces comenzara su andadura. En la ciudad de San Francisco conocería al director de cine D.W.Griffith (1875-1948), que le ofrecería la posibilidad de escribir guiones para la productora American Mutuscope and Biograph.

D.W.Griffith fue uno de los grandes pioneros del cine que desarrollarían unas técnicas que, posteriormente, muchos otros creadores cinematográficos imitarían. Las primeras superproducciones de la historia del cine las llevaría a cabo Griffith, aunque también realizaría cortometrajes y otras filmaciones menores, donde emplearía por primera vez en la historia planos muy difíciles en plena naturaleza. Como lo hiciera en la película Las dos tormentas, del año 1920, donde consiguió rodar escenas con un dramatismo y una duración extraordinarias para entonces. En este rodaje la interpretación de la genial actriz Lillian Gish contribuyó a hacer de la película una  magistral obra de arte. Tres meses después de su éxito aeronáutico, Harriet Quimby participaría en una celebración aérea en Boston donde, a los mandos del mismo monoplano Bleriot, demostraría sus habilidades aeronáuticas. En esta ocasión le acompañaría el propio organizador del festival. Cuando estaban a punto de aterrizar, en un movimiento brusco de bajada, el pasajero, que iba en el asiento trasero del avión, se avalanzaría hacia afuera cayendo por encima de Harriet con tal fuerza que la arrastraría también a ella. Salieron despedidos los dos, ya que no estaban sujetos por ningún cinturón que llevaran puestos. Fallecieron ambos. Es curioso que el avión planeara solo, durante un largo recorrido, consiguiendo aterrizar con leves daños en una pista de barro cercana al mismo aeródromo.

El entomólogo, pintor, fotógrafo y caricaturista ruso -aunque de origen polaco- Wladislaw Starewics (1882-1965), siempre sentiría una gran pasión por filmar insectos. Fue mucho su afán por obtener planos científicos y divulgativos impactantes para entonces, comienzos del siglo XX. Como no consiguió que los insectos fuesen unos actores dóciles, no se le ocurrió otra cosa que hacer marionetas con las patas, abdómenes y cabezas de esos insectos muertos. Filmó fotograma a fotograma de esos muñecos animados, obteniendo por primera vez lo que se denominó después como stop-motion. Así desarrollaría innumerables filmaciones de animación con insectos, algo que lo llevaría a ser un pionero en este tipo de cine de animación. En la navidad del año 1913 sorprendió Starewics con su película La Navidad de los insectos, una maravillosa producción donde su creatividad técnica estuvo a la par de una excelente y emotiva historia. A la vez realizaría una genial dirección, algo que, para su época tan temprana, muestra ya la tendencia que, años más tarde, llevarían todas las películas de ese mismo tipo. Más abajo muestro este corto de animación de Starewics, donde aprovecho ahora también para comunicar a todos el recuerdo entrañable de esta nostálgica celebración navideña. Tres historias de los inicios hace cien años casi de actividades que marcaron una época extraordinaria. Tres historias que nos demuestran cómo el ser humano innovará siempre como si un hilo invisible e irresistible le tirase -al ser humano innovador- de no se sabe muy bien dónde. La aventura y la creatividad. Dos cosas muy acompasadas en la vida, aunque ambas tendrán un final que, casi siempre, se desconocerá... Pero que siempre se perseguirá de una u otra forma. Se perseguirá siempre como si en ello mismo se llevara la vida de los que lo crean, lo realizan o lo producen...

(Fotografía de Harriet Quimby, 1911; Harriet con su monoplano Bleriot, 1912; Fotografía de Harriet en su monoplano, 1912; Fotografía de Louis Bleriot en su monoplano en julio de 1909, cuando cruzó por primera vez el Canal de la Mancha; Retrato de Harriet Quimby, 1912; Fotografía del aviador francés Louis Bleriot, 1909; Fotografía de Harriet con su monoplano, 1912; Fotografía de D.W. Griffith, 1921; Fotografía del rodaje de la película de Griffith, América, 1924; Autorretrato de Wladislaw Starewics, 1939)

Vídeos de: Recreación infográfica del accidente de Harriet Quimby; Película de D.W.Griffith, Las dos tormentas, 1920; Corto de Wladislaw Starewics, La Navidad de los insectos, 1913:

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