9 de febrero de 2011

La fantasía humana, nuestro recurso más necesitado para imaginar el deseo.






La fantasía fue inicialmente un género de la Literatura. Se podría definir como una narración que mezcla elementos irreales o sobrenaturales con personajes reales que lo viven. Y lo viven, sin embargo, como si fuera la misma vida real y ellos lo sintieran así verdaderamente. Que creen ellos que lo viven realmente, aunque esos mismos personajes no sean capaces luego de reproducir lo sentido por ellos, de llevarlo a la realidad con los demás, con los otros, con los que no lo padecieron, ni lo vivieron antes de ese modo. Es, por tanto, muy transgresora la fantasía, no cumple las normas de una Naturaleza ordenada y real. La Literatura fue además una excusa maravillosa para dar rienda suelta a esos deseos inalcanzados... El escritor ruso Dostoievski escribiría una vez: Lo fantástico debe estar tan cerca de lo real que uno casi tiene que creerlo... En las celebraciones del carnaval veneciano, por ejemplo -unas vivencias públicas absolutamente privadas-, esas mismas normas rígidas y reales de la Naturaleza y de la sociedad serán, sin embargo, totalmente vulneradas y consentidas por todos.

Es probablemente en el Carnaval donde se vea más el sentido de lo que una fantasía mental y ensoñadora pueda llegar a representar en la vida. Porque es hacer ahora, desde el anónimo encubierto, lo imposible tan sólo una vez al menos, siendo transformado el deseo en una realidad momentánea y virtual. Es por eso que la fantasía es un proceso psíquico donde el espacio y el tiempo se congelan, se detienen en el ser que ahora lo siente. Todo le sucede al ser en un mismo momento, aquí y ahora. En la fantasía sucede todo de inmediato, generalmente cuando el aburrimiento sobreviene a la persona en un estado ahora de especial sensibilidad. Para establecer ¿qué se entiende por fantasía?, sea del tipo que sea, hay que acudir al planteamiento psicológico. Según éste la fantasía es la capacidad de combinar ahora imágenes mentales que corresponden a percepciones tenidas anteriormente por el individuo. Son experiencias pasadas, vividas de alguna forma pero que en la nueva representación adquieren un contenido que no tendrían antes. Porque ahora la imaginación es en la fantasía la fuente principal de lo desconocido en realidad, de lo que sólo es sospechado pero que nos atrae ahora sin explicación y de un modo inevitable.

El deseo aviva la fantasía cuando el aburrimiento o la necesidad nos llevan a satisfacerlo. Pero es importante distinguir dos deseos: el deseo calmado sostenido por la fantasía, y el deseo brusco buscado desde la realidad. Aquél es más placentero, antes incluso de que se produzca porque se desarrolla más lentamente y provoca sensaciones más satisfactorias. Sin embargo el último deseo, el originado desde la realidad, únicamente tiende a sofocarlo como sea, ávido ahora de calmarlo a costa de lo que sea. Para la fantasía no hay límites ni normas, ni presupuestos obligados. La libertad es necesaria desde el momento inicial de la fantasía. Además ésta evocará los recuerdos -a veces muy transformados- donde el objeto fantaseado se muestra ahora igual de deseado que siempre, sin menoscabar ni disminuir su importancia, a pesar del tiempo pasado o de las experiencias que se hayan vivido con el objeto deseado o sin él.

Los grandes creadores del Arte han tratado a lo largo de la Historia de expresar a veces lo inexpresable: la fantasía que hay detrás de una imagen... Cronológicamente se ha ido avanzando en la sofisticación fantasiosa de la imagen: el Simbolismo, el Surrealismo o el Neosurrealismo han conseguido acercarse, más que otras tendencias artísticas, a la fantasía representada en un lienzo. Y esto es así porque la fantasía reina en el imperio de lo irreal, el de los sueños. Cosas éstas, además, que sólo se han podido plasmar en un lienzo desde la más absoluta modernidad; aunque hayan existido artistas, pocos, que lograron hacerlo incluso desde el Renacimiento.

¿Qué posibilidades le queda a la fantasía en un mundo donde la edición virtual ha llegado a niveles de gran recreación? ¿Podremos seguir manteniendo la capacidad individual para desarrollar fantasías? Los primeros generadores de fantasías fueron los relatos de la mitología antigua. Después los romanceros y los novelistas se encargaron de desarrollarla en sus obras. Cuando oímos o leemos algo que nos seduce nos imaginamos todo lo demás; esta capacidad, la imaginación, es esencial para poder fantasear... Ahora, sin embargo, cuando todo nos llega en una realidad virtualmente completa, ¿seguiremos imaginando nuestras fantasías personales? El cerebro es tan maleable y dispensador que no podemos afirmar ni desmentir una respuesta. Posiblemente el deseo seguirá siendo esa necesaria fuente inasequible... Esa fuente que nos permita idealizar luego el anhelo -infantil o adolescente- tan irresistible para la fantasía, ese mismo anhelo que nuestro inconsciente habría motivado en esos pocos momentos personales de alucinación surrealista.

(Cuadro de Dalí, Muchacha del Ampurdán, 1926, San Petersburgo; Óleo del pintor ucraniano actual Michael Garmash, 1969, Fantasías a la hora del té; Cuadro de Dalí, Joven virgen autosodomizada por los cuernos de su propia castidad, 1954; Óleo del pintor alemán actual Michael Triegel, 1968, Ariadna durmiente; Óleo del pintor francés del barroco Guido Reni, El Rapto de Deyanira, 1621, Louvre; Cuadro del pintor simbolista polaco Jacek Malczewski, 1884-1929, Polonia, 1914; Óleo de la pintora actual española Daniela Velázquez, Carnaval de Venecia, 2003.)

Vídeo Nuit Blanche:

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