1 de abril de 2011

Una precoz y dilatada vida en el Arte y una modelo ocasional, liberada hasta en su muerte.







Cuando falleció en 1885 el joven rey español Alfonso XII en el Palacio del Pardo en Madrid, víctima al parecer de la tuberculosis, no encontraron artista más a mano para pintar su escena fúnebre que al niño pintor Fernando Álvarez de Sotomayor y Zaragoza. Había nacido éste en el Ferrol, La Coruña, diez años antes, pero sus padres lo enviaron pronto a Madrid a estudiar Arte. Tanto destacaría en su precoz habilidad artística que asombraría a maestros y entendidos de entonces. En el año 1899 consigue una pensión para viajar a Roma, donde pudo ampliar sus conocimientos artísticos en la famosa Academia española de la capital italiana. Más tarde en Holanda descubrirá la obra del pintor del barroco flamenco Frans Hals (1585-1666), cuyo fuerte colorido y técnica empastada marcaría el resto de sus creaciones artísticas. En el año 1906 conseguirá en Madrid su primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Viaja a Santiago de Chile en 1908 para impartir clases en la Escuela de Bellas Artes chilena, obteniendo tres años después la dirección de la misma. En Chile su influencia artística fue tal que crearía una tendencia incluso, la llamada Generación de 1913, también conocida como Generación Sotomayor. En 1918 regresa a España para conseguir la subdirección del Museo del Prado. El año 1922 obtiene, por fin, el cargo de director de esta gran pinacoteca española. En esta importante responsabilidad artística española se mantuvo hasta el comienzo de la guerra civil, en 1936. Luego de finalizada la guerra en 1939, volvería a ser director del Museo del Prado hasta su muerte ocurrida en Madrid en 1960. Toda una vida casi dedicada al museo madrileño. Ha sido el director del Prado que más años ha estado a su frente.

En los años que Álvarez de Sotomayor estuvo en Chile consiguió retratar en 1908 a una jovencísima muchacha de la alta sociedad chilena, Teresa Wilms Montt (1893-1921). Pero, no pasaría ella a la historia por esto sino por haber sido una curiosa escritora y una mujer rebelde, liberal y soñadora. Comprometida dos años después de aquel retrato en un matrimonio no deseado por su familia, el enlace buscado por ella, sin embargo, la llevará a integrarse en un ambiente cultural y liberal que la atrajo apasionadamente. Pero, nada resulta gratis cuando el deseo es atropellado por la precipitación. Su marido, Gustavo Balmaceda, terminaría convirtiéndose en un hombre celoso, alcohólico y obsesivo.

Una relación infiel de ella con un pariente de su marido acabaría siendo descubierta por éste. En una sociedad tan ultraconservadora como aquella, sería demandada judicialmente por su esposo y terminaría siendo condenada por adulterio. Por ello es recluida en un convento en 1915. Un año después el poeta chileno Vicente Huidobro la ayuda a escapar. Marchan juntos a Buenos Aires y conseguirá ella publicar, por fin, dos de sus primeros libros. También aquí empieza a disfrutar de una vida no antes conocida por ella. De algunos nuevos amantes que ahora tiene, hasta uno acabará quitándose la vida por ella... Luego viaja a Nueva York en plena Primera Guerra Mundial, y, a causa de sus apellidos alemanes, es detenida por la vigilancia aduanera norteamericana. Tuvo entonces que marchar a España, país neutral, donde conocerá a los escritores españoles más famosos de aquellos años. Al acabar la Gran Guerra en el año 1918, consigue ahora visitar París. Y aquí, al terminar el año 1921, decide terminar misteriosamente con su vida dentro de la catedral de Notre Dame. Pero, sin embargo, aquel pintor que la retratase a ella como ella fuera por entonces, una adolescente ilusionada, inocente y feliz, la sobreviviría aún por muchos, muchos años más...

(Cuadro del pintor español Fernando Álvarez de Sotomayor, Desnudo; Retrato de Fernando Álvarez de Sotomayor, 1910, del pintor chileno Ezequiel Plaza, 1882-1947; Óleo de Fernando Álvarez de Sotomayor, Orfeo atacado por las Bacantes; Cuadro de Fernando Álvarez, Cena de Boda Gallega, 1915; Óleo de Fernando Álvarez, Retrato de la duquesa de Medinaceli, 1917; Óleo de Fernando Álvarez, Retrato de joven escondiendo sus ojos; Grabado de una ilustración del fallecimiento del rey Alfonso XII, 1885; Fotografía del pintor Fernando Álvarez de Sotomayor; Cuadro del pintor Fernando Álvarez, Estudio para boda en Galicia, 1917; Cuadro de Fernando Álvarez, Retrato de Teresa Wilms Montt, 1908, derechos de la Galeria ArtValue; Fotografía de Teresa Wilms Montt.)

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