16 de agosto de 2011

La Belleza utilizada como influencia bienhechora y los expolios de algunas obras sevillanas.






Desde que Carlomagno llegara a coronarse emperador de Occidente en el año 800, Europa no volvería a estar unida bajo un mismo cetro imperial hasta que el hijo de Matilde de Ringelheim, Otón I (912-973), consiguiera proclamarse en el año 936 heredero de aquel imperio carolingio, pero, ahora, como primer representante de un Sacro Imperio Romano Germánico. Había nacido la hermosa Matilde en la villa de Engern, Westfalia (Alemania), y era hija del conde sajón Teodorico y de Rainilda de Frisia. Sus padres confiaron su educación a su abuela, la abadesa del monasterio de Herford, llamada también Matilde. Allí adquirió la joven heredera los conocimientos propios de una doncella aristocrática de su época, el temor de Dios y una amplia cultura.

El duque de Sajonia de entonces, Enrique de Sajonia (876-936), futuro heredero al trono de la Francia Oriental (Alemania histórica) -una de las divisiones de aquel gran imperio desmembrado de Carlomagno-, llegaría pronto a establecer las bases para un sueño de siglos: un gran imperio germano. Pero necesitaba para tan extraordinaria empresa una extraordinaria mujer. Así que, en una ocasión, fue informado de que esa especial mujer existía, y que se encontraba en un monasterio de Herford, Renania. Tantos maravillosos adjetivos le asignaron a Matilde, que el duque no dudó en viajar al cercano convento renano. Cuando la vió y la escuchó, Enrique de Sajonia quedaría asombrado por la belleza y personalidad de Matilde de Ringelheim.

Consiguió así ella un matrimonio que la llevaría a ser duquesa de Sajonia, reina de Alemania y, por fin, emperatriz de Germania. Los hombres por entonces podrían hacer un mal uso de la belleza, pero, ahora ésta serviría para un épico y grandioso designio. Enrique I de Germania se sintió muy atraído por la belleza de Matilde de Ringelheim, y la virtuosa y hermosa mujer tendría ahora sobre Enrique una influencia bienhechora... Para él llegaría ella a ser toda una perfecta consejera y una dulce compañía. Su virtuosa personalidad tuvo en el pueblo alemán de aquel medievo un sincero y querido reconocimiento.

En el año 936 Enrique de Germania fallecería dejando todas las tribus germánicas unidas bajo un mismo trono. Matilde llegó a tener con él tres hijos. Aunque el mayor -Otón- era el heredero, ella quiso apoyar a su otro hijo, su favorito Enrique. Sin embargo, Oton fue finalmente el coronado en Aquisgrán en 936 como rey de Germania y proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico veintiséis años después, el primero en la historia. Expulsada de Palacio por el nuevo rey Matilde de Ringelheim tuvo que volver al monasterio. Años después la perdonaría su hijo Otón y regresaría a su Palacio, desde donde se dedicó a realizar obras de caridad y fomentar la fundación de muchos monasterios. Moriría en uno de ellos la noche del catorce de marzo del año 968.

Cuando los jesuitas recibieron en el año 1600 unos terrenos en donación en la ciudad de Sevilla -por la señora doña Lucía de Medina-, decidieron proyectar ahí una nueva sede dedicada al santo rey Luis de Francia. Planearon entonces construir un colegio, un noviciado y una iglesia. Ésta última tardaría casi un siglo en realizarse, sin embargo los otros dos edificios fueron acabados pronto. Para la capilla del noviciado de San Luis de los Franceses encargaron los jesuitas al Taller de Zurbarán unas pinturas de santas que ofrecieran el ideal de Belleza y Virtud. El gran pintor barroco español Francisco de Zurbarán (1598-1664), nacido Fuente de Cantos (Badajoz), ingresaría con dieciséis años en el taller sevillano del maestro Pedro Díaz de Villanueva, desarrollando en esta ciudad gran parte de su trabajo artístico.

Cuando los franceses invadieron Sevilla en el año 1810, el mariscal napoleónico Soult decidió apropiarse -robar- las obras de Arte desperdigadas en los cientos de conventos e iglesias de la ciudad. El motivo oficial fue exponerlas en un gran museo, tanto en Madrid como en París. Las pinturas expropiadas pronto se trasladaron todas al Alcázar sevillano. Unas mil pinturas fueron allí depositadas, aunque, al acabar la guerra de la independencia en 1814, llegaron a salir de Sevilla tan sólo cuatrocientas de ellas. Sabían los franceses muy bien qué obras debían requisar. El pintor y crítico de Arte español Agustín Cea Bermúdez había publicado ya en 1808 un catálogo, Diccionario de Artistas españoles, donde se indicaban las mejores obras de Arte españolas y sus ubicaciones. Ha sido uno de los más grandes expolios artísticos del Barroco llevado a cabo en toda la historia de la Humanidad y que terminaría por destinar cientos de obras maestras sevillanas por todo el mundo.


(Cuadros del Taller sevillano de Arte de Zurbarán: Santa Marina, Santa Matilde de Ringelheim y Santa Catalina, siglo XVII, 1640-1650, Museo Bellas Artes de Sevilla; Óleo del pintor Konrad Astfalck, Cortejo del duque Enrique y Matilde, 1896; Cuadro Santa Margarita, 1631, del pintor español Francisco de Zurbarán, National Gallery de Londres; Detalle del óleo de Zurbarán, Santa Águeda, 1633, Museo Fabre, Montpellier, Francia; Óleo de Zurbarán, Santa Marina -otra misma obra de la misma santa-, 1631, Museo Thyssen, Madrid; Imagen con el retrato y el sello homenaje a Francisco de Zurbarán, 1962.)

2 comentarios:

Pepe Becerra dijo...

Gran artículo, Alejandro.
El expolio es la consecuencia de la riqueza artística y la guerra la excusa para realizarlo.
En cualquier caso, lo del mariscal Soult (¡qué jambre le tengo al franchute de las narices!) fue de juzgado de guardia. No sólo se llevó las obras para el museo francés, sino para su propio palacete parisino, donde las exponía con orgullo de carroñero. A su muerte, sus sucesores las fueron vendiendo al mejor postor y así se desperdigaron por el mundo.
Como comento en mi blog, en casos como éste, tan bien documentados, ¿no es posible exigir la restitución de los bienes robados? Sigamos el ejemplo del Museo Nacional del Cairo y no nos quedemos con los brazos cruzados.

Arteparnasomanía dijo...

Muchas Gracias a ti Pepe Becerra por tu comentario. A pesar de que España ha tenido mucho que ver en el devenir histórico de todo el mundo (conquistas, descubrimientos, guerras...), pocas obras artísticas disponen sus museos procedentes del exterior. ¿Honradez o exceso de Arte? Probablemente ambas cosas. Saludos.

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