1 de diciembre de 2011

La vida no sólo imita al Arte, luego de inspirarlo y adorarlo, hasta lo consigue destruir.



En la vega desértica de Níjar, durante el cálido y sofocante verano almeriense del año 1928, todavía los refulgentes rayos del poderoso sol andaluz no habrían aparecido cuando el cuerpo sin vida de Francisco Montes, un joven aparcero de la comarca, yacía ensangrentado sobre la tierra dura, pedregosa y macilenta. Habría cabalgado, muy poco antes, a lomos de una mula aquella noche lastimosa, una cabalgadura con la que junto a una mujer desesperada y decidida se alejaban de allí. Porque en el soleado amanecer de esa misma mañana, ella y otro hombre deberían haber contraído matrimonio; debían, en esa mañana desolada, Francisca Cañada y otro hombre, un ser al que ella no quería, haberse unido para siempre. Así que entonces, antes de eso, ella no lo pensaría más... Con la urgencia de lo definitivo se armaría de valor y, desinhibida por fin -no enamorada-, se lo pediría a su sorprendido y confiado primo Francisco. Su primo entonces no lo dudaría. Nunca pensaría él, sin embargo, lo que le esperaría aquella misma madrugada. A unos ocho kilómetros del Cortijo del Fraile -lugar de la insufrible celebración matrimonial no querida y no comenzada-, en el camino de la Serrata, un embozado criminal descerrajaría dos tiros que acabarían con la vida de Francisco, el confiado primo de Francisca. Ésta, horrorizada, caería a tierra de golpe medio ensangrentada y aturdida, pero vencida ahora del todo por completo y para siempre. Alguien -su propia hermana Carmen- se abalanzaría muy rabiosa hacia ella e intentaría ahogarla con ira... Francisca, entonces, quiso vivir, como antes lo hubiese intentado con su huida. Pero, ahora, para vivir, se hizo la muerta, así se salvaría ella, así para contarlo.

Esta historia real, ocurrida en Almería (España) en el año 1928, fue la inspiración creativa tanto de una novelista como de un dramaturgo. Ella, Carmen de Burgos (1867-1932); él, Federico García Lorca (1899-1936). Cuando el pequeño hijo varón de Carmen de Burgos falleciera de pronto, ella comprendería que nada podría hacerla ya sufrir más. Así que, con su otra hija, más pequeña aún, decidió ahora abandonar para siempre su tierra y a su marido. En Madrid conseguiría dedicarse, por fin, a lo que ella siempre habría sentido con más deseo: escribir. De ese modo, alcanzaría a ser una de las primeras periodistas de España en aquellos primeros años del siglo XX. Había nacido en las llanuras almerienses cercanas a Níjar, y, con un hacendado padre y un próspero marido, pensaría siempre que toda su vida acabaría siendo perfecta y completa en ese idílico lugar. Pero, no se conformaría ella por entonces tan sólo con eso. Decidiría antes volcar toda su inquietud en la educación, en la suya y en la de los demás. Y se marcharía luego. Y en su liberada vida madrileña conocería a muchos hombres, y se relacionaría íntimamente con muchos de ellos también. Una vez escribiría con descarnada franqueza lo que ella era... o hubiese querido ser:

En la lucha se moldeó mi espíritu..., y hoy envuelvo en triste piedad creencias viejas y sentimientos que no comprendo cómo pudieron vivir en mi alma. El olvido tiene la melancolía de las cosas que mueren. Nuestros corazones son grandes cementerios sin epitafios. No soy siquiera una amargada ni una vencida. Alcancé más de lo que podía esperar, y si mi ánimo fuera darme un bombo, aprovecharía la ocasión que ahora me ofrecen para citar los elogios que he merecido a hombres ilustres..., a las amistades valiosas que me honran..., a los triunfos que alcancé en conferencias en España y en el extranjero..., a las polémicas en que salí vencedora, a las iniciativas en que peleé en primera fila por el bien y la justicia..., a las sociedades de que formo parte, y como mis libros pasaron triunfantes la frontera... ¿Pero qué vale todo éso para quién ha sentido como yo el dardo de la ingratitud y conoce la pequeñez de las cosas? Humo que ni satisfizo mi corazón, ni desvaneció mi cabeza.

En el año 1931 publicaría Carmen de Burgos su novela Puñal de Claveles, una obra inspirada en el crimen de Níjar, un hecho asesino llevado a cabo tres años antes en Almería. La narración buscaba por entonces, sin embargo, resaltar otra cosa: la decisión personal, la libertad y la búsqueda de la vida por la propia vida. En su obra novelística evitaría no sólo contar los motivos reales del hecho: la huida de la novia horas antes de un matrimonio no deseado, despiadado y odioso, sino que también evitaría narrar los detalles más sórdidos y escabrosos de la auténtica tragedia. Qué menos podría hacer una creadora como ella que utilizar así una historia real tan poco bella, tan prosaica, tan rural, tan interesada, tan codiciosa o tan cruel..., para glosar ahora, sin embargo, un ideal tan perseguido por ella misma: vivir libre. Porque la verdadera crónica de los hechos fue muy distinta. Tan distinta fue que traduciría Carmen de Burgos por completo la verdadera personalidad de la vida prosaica, antiestética y material de lo humano, de la sociedad real en que vivimos. Y lo transformaría ella en otra cosa, en una decisión personal ahora muy heroica, virtuosa y liberada..., tanto como la misma que ella había decidido tener antes.

Francisca Cañada -la novia huida- era una joven soltera que convivía con su padre en el Cortijo del Fraile, al sureste de Níjar. Este cortijo, antiguo convento dominico construido en el siglo XVIII, habría sido adquirido por particulares privados luego de la desamortización anticlerical de comienzos del siglo XIX, cuando los bienes de la Iglesia fueron expropiados por el gobierno español de entonces. El padre de Francisca era medianero de labranza en ese cortijo, es decir, trabajaba la tierra del propietario compartiendo con él los beneficios. La madre había fallecido en el año 1916, y sólo quedarían en la familia cuatro hermanas y dos hermanos. Francisca fue la única de todos que nacería con una cojera en su pierna izquierda. Fue por ello que, en vez de dedicarse a trabajar duro en el campo, se dedicaría mejor a bordar o a hacer otras cosas; cosas que, por entonces, estarían más reservadas a personas con un nivel social o económico más alto. A la vez, su padre, tan preocupado por su futuro como estaba, decidió que Francisca heredase la única tierra que él poseía, además de dotarla también con una suma de tres mil quinientas pesetas de entonces. Todos comprendieron la decisión paterna, excepto una de las hermanas. Carmen Cañada y su marido, Francisco Pérez, convivían con sus dos hijos en otro cortijo cercano. Con ellos vivía además Casimiro, un pobre hombre allegado a la familia. Era un hombre muy humilde y sencillo, bueno e inocente. La ambición de la hermana no pararía así de imaginar por entonces...  Convenció a Casimiro de que se casara con Francisca, con su hermana la coja. Así que ya se veía Carmen viviendo en el Cortijo del Fraile, lugar adonde se instalarían todos después de esa imaginada... y no deseada boda. La presunta y resignada novia, abrumada ahora, no se entusiasmó para nada con Casimiro, en el fondo no le gustaba la idea de casarse con él, ni con nadie.

Francisca se sentía muy triste y desilusionada. Sin embargo, pasaron los días y la fecha se fijaría para el enlace. Pero los deseos de codicia no acabaron solo con su hermana. Ahora, además una anciana tía de ambas quiso que su hijo Francisco Montes, primo de las dos, fuese el que consiguiese, por fin, la gran fortuna heredada. Sin embargo, éste ya estaba comprometido con otra mujer, motivo por el cual, además de su falta de carácter, el joven no se acabaría decidiendo. La celebración de la boda en el Cortijo del Fraile obligaba a recibir la noche anterior a todos los invitados. Cenaron allí juntos algunos de ellos y pronto se retiraron a dormir. La novia antes que nadie, los demás después. Su hermana Carmen y su marido llegaron muy tarde, pero pronto preguntaron por la novia. Fueron a su habitación y no la encontraron. La buscaron por todas partes, pero ella no estaba. Pasó el tiempo y no aparecía. Tampoco encontraron a su primo Francisco Montes. Entonces, desesperados todos, se terminaría por desatar la confusión en el cortijo. Para ese preciso momento, los asesinos ya se habrían ido a buscarla. Apareció luego el cadáver de Francisco. Su prima pudo, malherida, tiempo después, regresar sola..., ¡estaba viva! Así se desarrolló la realidad de lo sucedido. Así fue entonces la vida real... Luego acabaron condenando a los asesinos, el matrimonio de Carmen y su marido. Francisca viviría el resto de su vida sola, en la misma tierra que un día heredara de su padre.

Federico García Lorca publicaría, poco tiempo después, en el año 1933, su famosa obra teatral Bodas de sangre. Es aquí donde el excelso creador andaluz transformaría por completo la realidad sórdida de la historia..., para hacer de ella ahora una dramática pero muy bella tragedia pasional, desgarradoramente romántica, cargada de celos, honor, orgullo y belleza. Para nada la sencilla y sempiterna explicación material de la tragedia. Para nada la codicia, ni la ambición, ni la miseria. El genio literario del poeta español compuso su obra maestra con lo que ahora él pensaba que debía ser, en esos casos trágicos, algo parecido a la vida, a la auténtica vida que debería vivirse en esos casos, no la que no merecerá siquiera la pena de leerse, ni entenderse, ni vivirse... ni de contarse. En uno de sus geniales y líricos párrafos el gran poeta español del siglo XX exclamaría así, con palabras altamente literarias, pronunciadas ahora por la novia a su suegra, esta declaración pasional tan bella como inevitable:


¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tu también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada. Llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!; yo no quería, ¡óyelo bien! Yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!


(Fotografía actual del Cortijo del Fraile, Níjar, Almería, del autor Juan García-Gálvez, www.jggweb.com, Cortijo en ruinas que continúa siendo propiedad privada y deteriorándose poco a poco, a pesar de haber sido declarado Bien de Interés Cultural; Cuadro del pintor español, nacido en 1934, Ignacio García Ergüin, La Muerte; Obra de la pintora actual norteamericana Emily Tarleton, Lorca 1, de 2006; Lienzo del pintor Julio Romero de Torres, Carmen de Burgos, 1917; Cuadro de Dalí, El jinete de la muerte, 1935, París; Óleo del pintor Émile Lévi, La muerte de Orfeo, 1866, Museo de Orsay, París, héroe mitológico que murió por salvar a su amada; Fotografía de las ruinas del Cortijo del Fraile; Retrato de época de Francisca Cañada, la novia del crimen de Níjar.)

Vídeo homenaje al Cortijo del Fraile, Níjar, Almería:

2 comentarios:

sacd@ dijo...

Hola. El lastre de la vida. Pero el peso por lo menos para mí, el que me hace mantenerme en flotación es el arte. El arte no ama a la vida la tiene de instrumento para su fin. La vida solamente es un refugio, un cortijo deseado por la mayoría de los seres humanos donde se almacenan las cosas materiales (vanidades). El arte es capaz de sobrevivir mientras ese cortijo o esa vida se desvanece, por el beso del tiempo en sus paredes. El tiempo nunca conseguira besar al arte, porque es eterno e imperecedero. El arte elige a sus amantes. Un saludo, sigo subiendo al monte Parnaso me encuentro como en mi casa.

Arteparnasomanía dijo...

Aquellos que han descubierto el Arte no les hará la vida mejor, pero les filtrará las rémoras que ésta tiene en su memoria, en las descarnadas fibras de lo pasado y en la fútil semblanza de lo porvenir. Muchas gracias, como siempre, por tus visitas inspiradoras. Saludos.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...