25 de enero de 2012

Una pasión escondida tras un antifaz, o el genio andaluz y el Arte.



A veces, en los pueblos donde la pasión desbordará Arte ésta relucirá creativa, temprana y contemporánea. Otras, ni siquiera acabará siendo conocida... Es el caso del pintor sevillano Baldomero Romero Ressendi (1922-1977). Pronto descubrió este pintor andaluz su poderosa habilidad para plasmar la pasión en un lienzo. Pero no nacería él en el mejor de los tiempos posibles para un creador. Sin sucumbir a la incultura ni a la envidia castiza, el pintor español Romero Ressendi terminaría su corta vida sin haber dejado nunca de ser fiel a sí mismo. Pero, como en todos los creadores artísticos, dejaría la mejor muestra de sí mismo en sus propias obras de Arte.

Una de las características de los genios pictóricos no es sólo saber pintar es, sobre todo, saber qué pintar. Y en esta pequeña muestra de Romero Ressendi se observa ahora la grandiosidad de un artista que supo siempre qué hacer con los colores, con la perspectiva, con el trazo o con la fuerza de su inspiración. Así, disfrazaría en algunas de sus obras modelos escondidos, ocultados tras un antifaz como una rémora profunda de las raíces penitentes de su tierra. Y todo lo ocultaría entonces, seres o cosas, daría igual, porque ¿qué es lo que se esconderá realmente, detenido sin perfil alguno que dé vida al sujeto o al objeto, detrás de algo totalmente encapuchado? Luego, creará él como pocos la imaginería más popular de los bailes de su pueblo. Se presiente ahora, en estas creaciones aquí expuestas -Escena de baile y Bailando en la calle-, la magia de otros genios del Arte hispano de muchos años antes que él naciera, o, también, de la semblanza de otras escuelas artísticas anteriores de su país. Desde un grandioso Goya, creador que al pintor andaluz apasionaba; hasta un impresionismo modernista hispano que él mismo realizará, además, como si hubiese nacido él años antes.

Quiso hacerlo todo y representarlo todo, para denunciarlo todo... Pero, ahora, sólo desde el propio Arte, y como lo habrían hecho ya sus colegas antecesores de siglos atrás. Sin embargo, no realizó su Arte desde un mero uso pastiche de aquellas otras obras grandiosas... Las fuertes e impactantes imágenes de sus pinturas tratarían entonces, sobre todo, de llegar a las conciencias de aquellos que las vieran, ocultas también ahora como las de sus modelos encapuchados. Pero, entonces, no le comprendieron, ¿cómo comprender a quien retrata así -tan poco colorista y bullanguero, con tan poca gracia- la alegría andaluza, popular y festiva de una danza tan castiza? ¿Cómo comprender a quien expresa así, aunque sea tan creativamente, la dureza ahora de la vida de la gente, esa misma dureza que la sociedad bienpensante ocultará siempre y querrá evitar mostrar a toda costa?

Como en una ocasión, a principios de los años cincuenta, cuando expuso su impactante obra Las tentaciones de San Jerónimo en Sevilla. Por entonces el Arzobispo de la ciudad, un personaje duro e intransigente, no vió la grandiosa, genial, artística y tan conseguida obra de Arte del pintor, no; tan sólo vió ahora el peligroso y relajado semblante del santo retratado... ¿Cómo podría éste tenerlo ahora así, tan humano? No, esto sólo debía ser porque no se resistió a la tentación, ¡acababa de satisfacerla!, esto fue lo que dijo el cardenal de su obra. Al parecer, fue luego casi excomulgado el pintor andaluz por su tan atrevida, ultrajante y tan desconsiderada impudicia...

(Óleos todos del pintor sevillano Baldomero Romero Ressendi: Encapuchado; Encapuchado con montera; Escena de baile; Retrato de Paquita; Las tentaciones de San Jerónimo, 1950; Bailando en la calle; El pelele, 1976; Autorretrato de arlequín, 1959; Encapuchado; Encapuchado, 1974.)

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