4 de septiembre de 2012

El tiempo indefinido y la atemporalidad del Arte, o la verdadera inspiración de la intemporalidad.



Desde todo punto de vista, podremos entender el Arte de muchas formas diferentes, gustarnos más unas obras que otras, entender mejor unas creaciones o comprender menos otras... Pero, lo que consigue el verdadero Arte es mantener siempre la soltura, la gracia, la belleza, la emoción o la sorpresa a pesar del momento histórico en que fuese llevado a cabo o en el que estemos nosotros. Porque, ¿qué es la antigüedad?, ¿qué la modernidad? ¿Dónde radicará el elemento vanguardista de la creatividad humana...? Es sabido que la evolución artística -como la científica- dispone de una lógica secuencia cronológica. Es decir, que antes se idearía una cosa, y, luego, ésta evolucionaría poco a poco hacia adelante, avanzando siempre y consiguiendo escalar así el tiempo con los mismos elementos que, anteriormente, habrían servido para sentar sus bases inspiradoras. Por lo tanto, esa misma evolución llevaría a alcanzar el mejor de los resultados cada vez, o, en cualquier caso, a mantener su armonía, lo conseguido antes. En la investigación científico-tecnológica es así siempre, como la propia esencia de su naturaleza describe: mejorar lo anterior, perfeccionar su sentido. Pero, ¿y en el Arte?, en la forma de la creación artística, sea la que sea, ¿se sostendrá esa misma situación?

Desde siempre se ha debatido sobre lo antiguo y lo moderno, en el sentido de que lo excelso, lo perfecto, lo mejor, lo más genial, solo es posible llevarlo a cabo desde planteamientos exclusivamente clásicos. Frente a esto, lo clásico, se sitúa ahora la modernidad, aquello que, queriendo avanzar, alcanzase luego una mejor, diferente y superada creatividad. Un crítico de Arte español, Eugenio Dors, dejaría escrito una vez que: todo lo que no es tradición es plagio. Pero, entonces, ¿cómo se consigue avanzar en el Arte? Este es el error. En el Arte, a diferencia de la tecnología o la ciencia, no es avanzar la cuestión, es otra cosa... Y es otra cosa porque los principios del Arte no son los mismos que los de la ciencia. Los principios del Arte son la emoción, el sentimiento, las formas, el equilibrio, el color, el trazado, la pasión... Valores diferentes, difíciles de utilizar innovando, pero con los que, también, se conseguirá luego inspirar otras nuevas emociones, sentimientos o belleza.

Y esto es lo que veremos aquí, por ejemplo, en la obra pictórica del pintor austríaco Johann Baptist Reiter (1813-1890) titulada Mujer dormida, y creada en el año 1849. Podría esta obra de Arte hasta datarse en la actualidad, ¡y aún admiraríamos asombrados, con ojos modernos, su pintura sin dudarlo! Aquí, el valor de la intemporalidad es uno más de los valores que encerrará esta creación pictórica. La tonalidad es magistral y es conseguida en todos los elementos de la escena subyugante, tanto que todos esos elementos parecerán uno solo... El equilibrio de la composición es original: la gruesa sábana complementa ahí, sin solución de continuidad, el maravilloso cuerpo tendido. Y, aunque la naturalidad está forzada, conseguirá sorprendernos el somnoliento gesto de un rostro algo deslucido. Porque lo más destacado ahora de la obra es, quizás, su indefinición temporal... Nada nos dice ahora en la obra el momento temporal real, la fecha o periodo estético real, en el cual fuese realizada. Veremos luego, para constrastar esto, el detalle magnífico de un desnudo clásico del pintor Lucas Cranach (creado en el año 1518), muy evidente aquí su momento artístico: pleno Renacimiento. Con los detalles propios de este estilo clásico de principios del siglo XVI: sus consignas mitológicas, sus formas anatómicas o sus detalles y formas manieristas...

También veremos otros desnudos acostados aquí de otros dos creadores europeos, ambos situados cronológicamente después del pintor Reiter y su obra intemporal. La del pintor francés Courbet con su lienzo Mujer dormida del año 1858, realizada diez años más tarde que la creación de Reiter. Pero aquí, en ese momento del impresionismo-realista de este autor francés, veremos ahora, sin embargo, una modelo totalmente adscrita a su estilo y a su época: mediados del siglo XIX. Todo en esa obra realista es ahora equilibrado, todo es perfecto, excelente, sugestivo. Porque es una obra de su tiempo, del momento estético-temporal en el cual el artista la compuso, y así lo apreciaremos claramente. Casi cien años más tarde, otro creador, el italiano Chirico, pintaría otra modelo recostada y dormida: Diana mitológica. El genio de este autor surrealista -metafísico más bien- lograría aquí, sin embargo, conseguir ese propósito descrito antes: sorprendernos con una obra sin sentido temporal. ¿En qué momento temporal estaría compuesta esta obra de Chirico... si no lo supiéramos? ¿Dónde situar ahora esta intemporal creación surrealista?

Pero lo que del todo nos sorprenderá por su atrevida forma de pintar, clásica, ferviente y exquisita, es la obra actual de Arte, titulada Mañana, del pintor norteamericano (nacido en 1975) Jeremy Lipking. Aquí obtiene este pintor, desde planteamientos clásicos y eternos, válidos y excelentes, toda una creación nueva muy actual y diferente. Pero, sin embargo, también nos engañará su momento temporal ahora con sus formas, con la esencia profunda de sus formas, consiguiendo así obtener aquella atemporalidad del Arte... Porque en otras artes espaciales, como lo es la Arquitectura, donde la construcción de las formas participará de la vida de los seres, es más difícil ahora conseguir la intemporalidad, la indefinición del sentido de sus formas... Pero, a veces, es también posible conseguirlo. Como sucederá en el extraordinario palacio italiano renacentista denominado Palazzo del Te, ideado por el genial artista Giulio Romano en el temprano año de 1525. Aquí podemos ver cómo una creación superará el momento en el que fue creada para llegar ahora a considerarla del todo eterna. ¿Podría pasar este Palazzo por ser una obra neoclásica actual y seguir siendo así, además, toda una maravillosa obra clásica del Arte renacentista?

(Óleo Mujer dormida, 1849, Johann Baptist Reiter, Museo galería Belvedere, Viena, Austria; Cuadro Ninfa de la fuente, 1518, Lucas Cranach el viejo, Leipzig, Alemania; Óleo Mujer dormida, 1858, Gustave Courbet, Tokio, Japón; Pintura Diana dormida en el bosque, 1933, Giorgio de Chirico, Roma; Obra Morning Light, -Mañana- 2011, del pintor Jeremy Lipking, EEUU; Fotografía de la fachada de la Casa Palacio de Colón, siglo XVI, Las Palmas de Gran Canaria, España; Fotografía de la iglesia de Ronchamp, 1955, Francia, del arquitecto Le Corbusier; Fotografía panorámica del complejo construido en Inglaterra en el siglo XVIII para la ciudad balneario de Bath, por John Wood, 1774, Royal Crescent, Bath, Inglaterra; Fotografía de parte de las fachadas de Royal Crescent, Bath, 1774, Inglaterra; Fotografía actual de viviendas adosadas, 2008, España; Fotografía del Palazzo del Te, Giulio Romano, 1525, Mantua, Italia; Fotografía del Palacio de Miramar, construido en 1893, San Sebastián, País Vasco; Fotografía del Palacio moderno Presidencial de Nicaragua, 2003.)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo personalmente me quedo también con la mujer dormida de Baptist sin lugar a dudas.
En cuanto a tu pregunta referente a la arquitectura, efectivamente; gran obra de arte clásica y actual.
Eso sí he de reconocer que el Palacio Miramar es mi preferido.
Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Sí, las elecciones son nuestra forma de identificarnos. Y está bien. Pero, lo que trato de hacer ver es que cosas realizadas en el pasado, muy atrás, pueden tener una vigencia extraordinariamente actual, superando a otras más modernas, no por su concepción, sino por el tiempo en las que fueron hechas. Gracias, como siempre...

Un abrazo.

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