9 de marzo de 2013

Un abismo cultural de siglos: el patrimonio español desconocido.



Don Juan de Mendoza y Luna fue enviado a Méjico en el año 1603 para convertirse en el nuevo virrey de Nueva España. Fue uno de los mejores gobernantes y administradores hispanos que hayan existido jamás en la historia. México, su capital, le debe mucho, y ha pasado a la historia tan sólo como uno más de los cientos de virreyes que gobernaron en nombre del rey aquel inmenso territorio. Se llevó con él en su viaje a Nueva España a artistas y poetas para que le hicieran más llevadera su estancia tan lejos. Uno de ellos fue el pintor manierista andaluz Alonso Vázquez (1565-1608). Prolífico creador de extraordinarias obras pictóricas para iglesias y retablos en Sevilla, acabaría su vida en México sin pasar a la historia y sin llegar a ser conocidas las obras que hiciera en sus últimos años. 

La proliferación cultural -pictórica y arquitectónica- que la Iglesia patrocinó en Europa desde el siglo VI hasta el XVIII no ha llegado a superarse por ninguna otra institución. Hay países, como Italia, donde esto es una realidad cultural maravillosa. Hoy existen aún todas las obras culturales y artísticas -la mayoría- que se crearon en Italia en esos siglos de gloria cultural. Pero, España es diferente. Siendo un país donde los artistas patrocinados por la Iglesia hubieron creado también muchas obras arquitectónicas, pictóricas y escultóricas, hoy en día, más de la mitad -aproximadamente- de lo creado en España en esos casi doce siglos ha desaparecido por completo. ¿Por qué? La historia de España está repleta de conflictos, vaivenes, cambios sociales y poder interesado, cuyas consecuencias fueron muy funestas para el país, su población y su cultura.

En la luminosa Santa Cruz de Tenerife existe un Museo de Bellas Artes que contiene pocas pero excelentes obras de Arte. Las islas canarias dieron grandes creadores que no llegaron a ser muy conocidos, como el pintor tinerfeño Cristóbal Afonso (1742-1797), del cual existe un maravilloso retrato de mujer -Antonia de León- en ese Museo que consigue impresionar al que lo mire. Con un estilo dieciochesco parecido a la Escuela Cuzqueña sudamericana, el cuadro combina estilo, virtuosismo, elaboración y belleza. Pero, como algunos otros museos suspicaces, impiden fotografiar las obras expuestas y éstas, además, no están suficientemente catalogadas ni impresas en documentos que permitan su óptima divulgación y disfrute. 

En uno de los frontales del vestíbulo de la primera planta del edificio -donde se ubica el Museo de Bellas Artes propiamente- aparece un inmenso lienzo que promete: La venganza de Fulvia. Esta obra decimonónica del pintor español Francisco Maura y Montaner (1857-1931) retrata una escena romana que nada tendría que envidiar a las maravillosas escenas latinas del gran pintor inglés Alma-Tadema. Pero, sorpresa, tampoco se puede fotografiar. En la investigación internauta posterior al menos consigo encontrar una imagen -en blanco y negro- de tan grandiosa obra de Arte. Pero sin su color es imposible apreciar toda su genialidad y belleza.

En estos tiempos de noticias desmoralizadoras y nefastas aparece una, sin embargo, que casi pasó desapercibida en los medios: España ha subido al cuarto puesto como país más competitivo del mundo en materia de turismo. Además, continúa la noticia, España destaca por la herencia cultural, un capítulo en el que ocupa la primera posición. ¿La primera posición? ¿Qué posición no ocuparía si además se hubiese conservado, divulgado y conocido toda su inmensa creación artística y cultural de siglos?

Ahora -como casi siempre antes-, que el complejo de inferioridad en lo hispano ha subyacido imbuido en gran parte por países envidiosos y retadores, deberíamos recuperar la memoria, deberíamos divulgar lo que hicimos en Arte, deberíamos catalogar lo que nos arrebataron o se perdió por las orillas de lo ignominioso; deberíamos enorgullecernos de haber contribuido a mejorar, culturalmente, el mundo mucho más de lo que, quizá, ninguna otra nación haya soñado jamás en toda la historia.

(Cuadro San Pedro Nolasco redimiendo cautivos, 1601, Alonso Vázquez, Museo de Bellas Artes de Sevilla; Lienzo del pintor español Pablo de Céspedes, Descenso de Cristo al limbo, 1600, Museo de Indianápolis, EEUU; Óleo José vendido por sus hermanos, 1655, del pintor cordobés Antonio del Castillo, Museo del Prado; Fachada del Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, 2013; Reproducción de la imagen del enorme lienzo del pintor español Francisco Maura y Montaner, La venganza de Fulvia, siglo XIX, Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife; Óleo El Calvario, 1660, del pintor Antonio del Castillo, Museo de Bellas Artes de Córdoba, España; Retrato del virrey Juan de Mendoza y Luna, 1571-1628.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo en referencia al último párrafo.

La venganza de Fluvia, aún estando en blanco y negro, es fascinante así que con su color y tamaño natural supongo sería de gran admiración.

Un abrazo.

Pepe Becerra dijo...

Hola, Alejandro.
Lo de impedir las fotografías en museos, exposiciones y lugares turísticos es auténticamente lastimoso. Nadie me ha explicado aún la razón de esta prohibición, porque alguna causa debe tener. ¿O no?
Saludos.

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