25 de agosto de 2013

Los inicios del erotismo artístico renacentista o una maravillosa excusa del Arte.



Uno de los primeros creadores que esbozaron, plasmaron y crearon erotismo -en su acepción más misteriosa y subyugante- fue el pintor del Renacimiento alemán Hans Baldung (1485-1545). Inicialmente fue el grabado -xilografías, dibujos sobre papel preparado, etc.- una de las técnicas que utilizaron los creadores del siglo XV para expresar -sin colores- aquello que más podría, acaso, chirriar el ánimo más opresor de la moralidad eclesial o reaccionaria. Fue el pintor Alberto Durero -maestro de Baldung- quien más temprano comenzaría a manejar esas nuevas técnicas gráficas de crear ahora imágenes -entre otras cosas gracias a las máquinas recién inventadas de impresión- ideadas para acercar así el Arte a un público más extenso. Pero, ¿cómo se pudo comenzar a describir artísticamente así por entonces -inicios del siglo XVI- ese erotismo, aunque fuese de forma tan subliminal? Porque se acabaría asociando el erotismo a la brujería y a su representación en el cuerpo femenino, único género humano maldecido por esa superstición. Es decir, que lo que se pintaba por entonces para esas imágenes transgresoras eran brujas no mujeres..., no escenas eróticas humanas y naturales sino encuadres aberrantes.

Por que antes del siglo XV no se permitía creer, ni se creyó para nada, en las brujas ni en la brujería, incluso bajo pena de excomunión sagrada. Desde el siglo VIII, tanto el poder civil como el eclesial prohibieron la creencia en las brujas y en la brujería. Es curioso que la oscura edad media no osara calificar con ese nombre ninguna de las posibles desviaciones o manifestaciones contrarias a la moral, cosa que, sin embargo, al inicio de tan humanístico siglo renacentista comenzara a producirse o a cambiar en el mundo occidental. ¿Por qué? Todo comenzaría con un clérigo inquisidor alemán, Heinrich Kramer (1430-1505). Fue tanta su obsesión contra las mujeres que no pudo más que ver en sus deseos y pasiones femeninas una maléfica forma de posesión diabólica. Tal actitud le llevaría incluso a tratar de convencer al papa Inocencio VIII de que había que hacer algo contra ello. Nadie antes que él había llegado tan lejos en eso. La sociedad estaba evolucionando, caminaba hacia las luces de un Renacimiento más permisivo, un amanecer que dejaría atrás, sin embargo, el oscuro medievo. Pero, aun así, Kramer entendería que -tal vez a causa de su autorrepresiva y conspicua actitud moral- cuando la mujer se entregaba a su pasión marital lo hacía de un modo que sólo una posesión maléfica podría justificar tal desahogo...

Así que en el año 1484 el papa Inocencio VIII crea una bula inspirada en los argumentos del inquisidor alemán. Se reconocían ahora, después de casi ocho siglos sin creer en ello, la existencia de brujas y de brujería. Como consecuencia de eso los inquisidores fueron obligados desde entonces a perseguir tales prácticas esotéricas. Kramer compuso además un libro, Martillo de Brujas, en el año 1485, una verdadera biblia y tratado de brujería. A partir de entonces  las mujeres se podrían -así lo creyeron algunos inspirados creadores artísticos- representar en las obras de Arte con un aspecto más diabólico o erótico, es decir, desnudas aún más sugerentemente todavía, con esos gestos voluptuosos y lujuriosos tan propios de la brujería. Con la magnífica imaginación artística de Baldung se comenzaría a erotizar, aún más, el incipiente desnudo artístico en el Arte. Otros artistas, como el italiano Raimondi, habían realizado ya algunos grabados con bellos desnudos, algo que el Renacimiento llevaría a su esplendor más clásico y elogioso. Pero fue el creador alemán Baldung quien comenzara a expresarlo con el sutil y salvaje motivo que el erotismo iniciara ya, tímidamente, por aquellos primeros años del siglo XVI. Casi toda su obra estuvo marcada así por un desnudo diferente, sugerente, desgarrador y misterioso.

(Todas obras de Hans Baldung: Dos brujas, 1525, Alemania; El caballero, la joven y la muerte, 1505; Mozo de caballería embrujado, 1544; La muerte y la doncella, 1520, Basilea; Adán y Eva, 1531, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid; Aristóteles y Phyllis, 1510; Tres brujas, 1514.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Curiosa e interesante entrada, me alegra encontrar nuevamente tus publicaciones, en las cuales combinas disfrute y aprendizaje.
Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Gracias. Esa es la forma en la que el Arte y la Historia las concibo.

Otro abrazo.

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