10 de octubre de 2013

Cuando lo importante no se ve, no está, no aparece, cuando sólo se vislumbra...



¿Qué mayor cualidad artística que representar, sin trazos ni colores, lo que el creador manifestará ahora de modo subliminal pero que, sin embargo, será el sentido principal de la obra? Porque, ahora, ¿cómo componer lo que sólo existirá en la mente humana?, o, mejor aún, ¿lo que sólo existirá en la ideación mental de alguno de los personajes representados en su obra? Porque esto será para el Arte una de las más grandes cualidades de su realidad como creación humana. Siempre además lo podremos relacionar ahora en sus obras paradigmáticamente, es decir, eligiendo ahora las posibles variables que, de existir visibles, puedan ser imaginadas en esa representación, creando así nuestra propia imagen de lo que, sin embargo, no se verá nunca en el lienzo.

Cuando la dulce y bella Psyque -según nos cuenta la mitología- quiso recuperar el deseo de su amado Eros, no dudó en recorrer todo hasta llegar a los infiernos decidida ahora a conseguirlo. Allí ahora, en el Hades, según le dijeron, existiría un cofre donde Afrodita guardaba un poco de su belleza, algo que Psyque anhelaría entonces tanto como un poderoso talismán. A pesar de que Perséfone -la diosa consorte del dios del Hades- le previniese de que no mirase nunca en su interior, aquélla lo abrirá y lo mirará sin dudarlo. A cambio, Psyque acabará dormida en un sueño eterno..., sueño del que sólo su amante Eros la podría despertar.

¿Qué nos espera entonces a nosotros, afanados observadores de la esencia de lo que pueda o no pueda visionarse en una obra?: ¿El delirio?, ¿la frustración?, ¿la decepción?, ¿el rechazo, la conmiseración o el sueño? Porque cada una de esas posibles cosas nos puede causar el conocer eso que veamos... Conocer, ¿el qué? Mejor ignorarlo. Mejor no saberlo nunca claramente. Mejor dejarlo sólo así, sin desvalarlo, como una cosa imaginada -por tanto oculta- por cada persona que ahora lo vea. El Arte nos regalará entonces ese instante de sumisión a lo que no se ve... Pero, al mismo tiempo, nos ofrecerá también el Arte la certeza de que lo que elijamos creer que sea..., ¡eso será!

(Óleo de John William Waterhouse, Psyque abriendo la caja dorada, 1903, colección privada; Cuadro La Muerte, 1904, del pintor polaco Jacek Malczewski, Polonia; Obra Mar en calma, 1748, del pintor Claude Joseph Vernet, donde el Sol no se ve, pero el pintor muestra magistralmente sus efectos y su posición fuera del lienzo, Museo Thyssen Bornemisza, Madrid; Óleo de Dalí, Afgano invisible con aparición sobre la playa del rostro de García Lorca en forma de frutero con tres higos, 1938, Colección Particular; Cuadro Amanecer con monstruos marinos, 1845, del pintor Turner, Tate Gallery, Londres; Óleo Almiar en un día de lluvia, 1890, donde el genial Van Gogh nos muestra cómo la lluvia tan sólo se puede vislumbrar imaginando sus efectos, Vincent Van Gogh, Holanda; Óleo de Waterhouse, Desaparecido no olvidado, 1873, donde nunca sabremos cómo es la representación de lo pensado por el personaje.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Como en su día dijo un pensante -la belleza está en el ojo del observador-.
Una reseña fascinante.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Y más aún, está en su emoción, es decir, en su predispuesta emoción ante las cosas. Y ésta, generalmente, es secreta, íntima y misteriosa.

Un abrazo y gracias.

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