23 de diciembre de 2013

Un elogio al más genial de los creadores: la originalidad y audacia de El Greco.



Los pintores de la historia del Arte tratarían a veces de conseguir aunar comunicación estética con belleza original... Por que, si no, ¿qué otra cosa debiera ser el Arte? Pero, no todos llegarían a conseguirlo. Y si, además, transgrede sutilmente -sin rozamientos desabridos- con la estética más inteligente de todas; y si, además, conmemora la fuerza del amor con la tragedia de la vida, aludiendo así tanto al gesto conocido como a la escena confundida, no hubo ya más que uno que llegara... Y ese fue el extraordinario pintor español Doménikos Theotokópoulos, El Greco. ¿Quién si no...? Como casi todos los creadores de la historia, El Greco también repetiría sus obras claramente. Para su óleo Sagrada Familia con la Magdalena pintaría al menos dos obras parecidas. Una en el año 1595, actualmente en el Museo de Cleveland, EEUU, y otra en el año 1613 que se encuentra en el Museo Soumaya de México, D.F. Pero, aunque las dos obras son reflejo idéntico de lo que el autor quiso crear, tienen ambas obras algunas sutiles diferencias. Sin embargo, en las dos creaciones, ¡qué grandeza de mensaje estético y espiritual vemos aquí! Vemos, por ejemplo, la mirada perdida de María, la madre de Jesús.

Aquí, el creador expresará el semblante del ser que sabe ahora que el presagio será cumplido, se quiera o no... Tan distraída en ello está la Virgen que las frutas que le ofrece a su pequeño es solo él ahora el que las tiene que mirar, airoso, para asirlas. Unas frutas que ella, sin embargo, tomará aquí ahora sin mucha atención entre sus dedos. Pero hay aquí -en ambos similares lienzos- otro personaje aún más confuso, Magdalena, cuya imagen está ahora aquí junto a esta Sagrada Familia. ¡Qué mayor alarde compositivo, qué audacia tan innovadora...! ¿A quién, de entre todos los pintores de la historia, se le hubiera ocurrido pintar algo así? Porque este personaje, aquí ligeramente entristecido, no es de la Natividad sino de años posteriores, cuando junto a Cristo caminen ambos por el mundo y sufran sin desvelo la pasión más cruenta y desgarradora. Sin embargo, El Greco la pinta a ella aquí justo al lado de la Familia consagrada y de su pequeño hijo. Y el creador cretense la muestra ahora con una mirada subyugada, con una mirada más acorde a su futuro sometido gesto diferente... Porque ésta -la mirada de la Magdalena- no está aquí perdida o extraviada..., como la de María, no, está ahora del todo desolada mientras mira, desde lejos, el curioso presagio de saber ella ya lo que, luego, se cumplirá con el destino inevitable de sus vidas.  

Qué poder de transmisión de cosas nos ofrece aquí El Greco -¡como siempre!-, qué audacia contenida para ofrecer a cada ojo receptor lo que cada ojo quiera ver... Porque jamás se enfrentaría el pintor claramente ni con la teología, ni con el dogma, ni con la mitra, aunque supo él utilizar su pintura para decir otras cosas, cosas confusas, inconexas, extrañas, diferentes, tanto como lo fuera su compleja y elaborada técnica pictórica. Porque el manierismo greconiano le sirvió al pintor español para esconder las cosas siempre de otra forma. Aquí, como en muchos de sus lienzos, mostrará los dedos entreabiertos de algunas de las manos de sus personajes retratados. Por ejemplo, el dedo índice con el dedo medio están aquí exageradamente separados en la mano de la Magdalena. Son sus cosas -las del pintor-, es su especial técnica manierista, esa manera artística de hacer que nos utilizará a nosotros para mirar ahora la obra sin saber qué es lo que quiso, verdaderamente, representar así el pintor con esas extrañas formas. 

Qué Sagrada Familia más desconcertante es ésta, qué poco convencional o devocional para ser realizada en el temprano año de 1613. Pero es genial, sin embargo, todo ese desenlace artístico... Porque, ¿qué hará al Arte el mejor modelo universal de expresión de las cosas de la vida? Sólo estos creadores especiales, unos pintores que, como El Greco, supieron combinar elementos que muestran serenos -con belleza sosegada- las diversas y variadas semblanzas del mundo espiritual del ser humano. Porque, aquí, la pasión del dolor premeditado se adivinará...; porque, aquí, el gesto de la soledad se ensalzará en la figura de una Magdalena desubicada... Aquí, hasta la figura marginal de un José entregado se acompaña ahora de un fascinante cielo nebuloso, lleno de grises, tan rudo y deslucido como en todas sus geniales obras manieristas. Porque sólo aquí ahora el pequeño niño dios y su inocencia vibrarán -si acaso- más ingenuos y seguros que los otros sagrados personajes. Aunque, eso sí, tan ajeno ahora el pequeño dios a sus designios divinos como a los humanos gestos terrenales de la turbación, de la aprensión o del futuro sobresalto inevitable...

(Óleos todos de El Greco: La Sagrada Familia y la Magdalena, 1613, Museo de Soumaya, México, D.F.; La Sagrada Familia con la Magdalena, 1595, Museo de Cleveland, USA; Sagrada Familia, 1588, Museo del Hospital de Santa Cruz, Toledo, España; Sagrada Familia, 1585, Hispanic Society, Nueva York.)

2 comentarios:

carmensabes dijo...

Preciosa entrada llena del mejor arte.

Te deseo lo mejor oara estas fechas y que sigas deleitándonos con tanta belleza.
¡¡¡Feliz año!!!

lur jo dijo...

Del Greco siempre me llamó la atención su colorido en las pinturas. Con el tiempo he ido descubriendo que ello fue debido a su traslado a Venecia y al descubrimiento de una pintura de gran colorido, que unido a los colores chillones que tanto predominan en el manierismo, le hicieron crear ese estilo propio, que tanto le caracteriza.

Una combinación que a mí, sin saberlo, siempre me cautivo.

Un abrazo.

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