17 de febrero de 2014

Y el Arte, ¿prometerá ayudar a conocer lo que el mundo mantiene oculto en sus entrañas?



¿Qué buscaremos para satisfacer el deseo inconsistente, es decir, qué haremos para colmar el deseo que ignoramos por qué lo deseamos en verdad...? Porque algo deseamos que no buscamos realmente, o que no sabemos que lo deseamos... ¿Qué nos lo puede aclarar? En lo básico, en lo biológico -el ADN de nuestra genética-, tendremos una subordinación inevitable, estaremos determinados por los genes más de lo que creemos. Pero y cuando vayamos avanzando en los deseos, en la sofisticación de los deseos, ¿cuál será entonces la causa de que algo nos subyugue verdaderamente? El conocimiento siempre ha sido venerado como un ejemplo de lo más deseado por el hombre... Es con el conocimiento con lo que podremos llegar a saber qué es lo que hay más allá de lo que vemos ahora ante nosotros... Y así por ejemplo, en su inmortal obra literaria Fausto, escribirá el gran poeta Goethe: Me he dedicado entonces a la magia, a ver si por palabra y poderío del espíritu entiendo algún misterio; a ver si ya no tengo que decir, con amargo sudor, lo que no sé; a ver si a saber llego lo que el mundo contiene reunido en sus entrañas...

Pero no, no podrá ahora Fausto más que empeñar su alma en este trance. Si quiere conseguir lo anhelado, lo deseado, lo más deseado, deberá a cambio su palabra... Sin embargo, él deseará también antes poder comprobarlo, algo imposible para los demás humanos. Para ello, sólo responderá afirmativamente a la petición de Mefistófeles -el acreedor endiablado- cuando no pueda más ya su pasión con su deseo... Cuando ahora, a lo largo de las cosas maravillosas -de los instantes prodigiosos- que le presente aquél ante sus ojos, una sola llegue verdaderamente a doblegar todo su deseo... Y sólo entonces le dirá Fausto a Mefistófeles: Si llegase a decirle a ese solo instante..: ¡detente, eres tan bello!, podrás entonces ya cargarme ahora de cadenas.

¿Qué cosa -o cosas- podría llegar a reunir todas esas características en un momento tan excelso...? La belleza de las cosas es muy cierto que... no sólo el Arte las puede contener. Muchos seres, a lo largo de la historia, han podido comprobarlo y comprenderlo. Pero, por ejemplo, el conocimiento obligará a seguir avanzando, cada vez más en él, hasta llegar al infinito camino de lo último por saber... Y esto es, en sí mismo, una gran paradoja. No lo contendrá todo nunca ese conocimiento, no podrá hacerlo o dilucidarlo todo en un sólo momento... Siempre existirán instantes subsiguientes, momentos luego que, concatenados, justifiquen sólo una parte más de esa belleza descubierta. No será entonces un único instante de Belleza, de una única belleza justificada por sí sola, sin otra cosa, ni otra explicación anterior o posterior, que ahora la sostenga. Sin embargo, esto último, sólo el Arte es capaz de conseguirlo. Sólo el Arte podrá compendiarlo todo en un único momento de belleza. No hay otra cosa parecida. Con la representación artística y simbólica que ofrece el Arte, la Belleza está concentrada ahora entre las cuatro aristas de una creación, algo que representa así todas las consecuencias y todas las causas de un único sentido comprendido...

Y es entonces cuando el Arte, por tanto, se transformará ahora en un Mefistófeles... Es decir, en lo único que pueda así ahora ofrecernos esa cosa poderosa... Y es así como todos esos espíritus anhelantes, desprevenidos ahora ante la tirana belleza de los artistas que la crearon antes, sentirán ese instante faústico..., algo que, por fin, ya es percibido y comprendido. Pero, sólo se verá ese instante cuando algo especial y necesitado nos acucie mucho ahora, cuando esa belleza del momento exceda ahora los sentidos humanos atrofiados, antes tan solo pseudo-satisfechos... Es decir, cuando el ser se detenga ahora involuntario ante la luz poderosa de ese impacto de belleza. Y así, clarividente, admirado y lúcido por ello, consiga ya salvar la distancia que medie entre un deseo... y su oculta causa poderosa.

El compositor francés Charles Gounod (1818-1893) creó su ópera Fausto en el año 1859. De esa obra musical, el pianista español Juan Bautista Pujol (1835-1898) consiguió interpretar su propia inspirada pieza modernista, Fantasía sobre Fausto. Y, una vez, el pianista tocaría su música inspirada en el salón de un pintor catalán -Sans Cabot-, ante otros artistas -poetas y pintores- ahora embelesados. Llegaría así a inspirar entonces ese momento de belleza... al gran pintor que fuera Mariano Fortuny y Marsal (1838-1874). Este creador español pintaría su obra Fantasía sobre Fausto en el año 1866. Crearía en su obra pictórica esa atmósfera mágica y ensoñadora que abraza así realidad con deseo... Un gran espacio de la obra es ahora ese universo indeterminado donde Mefistófeles y Fausto caminan juntos acompañados de los objetos amorosos de su deseo: Marta y Margarita. En otra obra pictórica de Arte modernista, el pintor español Luis Ricardo Falero (1851-1896) compuso su propia alegoría de la visión que Fausto tuviera de su deseo... Todo un gran atrevimiento para la época, donde ahora la fantasía más deseosa es representada, en este óleo, por unas desnudas y voluptuosas imágenes femeninas idealizadas totalmente de belleza

(Óleo Fantasía sobre Fausto, 1866, del pintor Mariano Fortuny y Marsal, Museo del Prado; Cuadro del pintor Luis Ricardo Falero, Visión de Fausto, 1880; Lienzo del pintor James Tissot, Fausto y Margarita en el jardín, 1861, Museo de Orsay, París.)

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