27 de mayo de 2014

La composición genial frente a la simple técnica, o la mejor inspiración frente al perfecto dibujo.



Las leyendas mitológicas tuvieron un origen realista, histórico casi, aunque imposible de contrastar con hechos fidedignos. Por eso luego, con el tiempo, fueron otra cosa distinta a la realidad. Pero los relatos narrados desde antiguo compartían con los años una pequeña parte de esa oscura realidad. Mujeres luchadoras en la historia han existido desde los inicios de la especie humana. En el Paleolítico, por ejemplo, ambos sexos debían defenderse como fuese de las posibles amenazas exteriores, ya fueran éstas de otros humanos, de depredadores o de terribles fieras belicosas. Y así pasaron los siglos hasta que le llegaron noticias a los griegos de que, más al este y hacia el norte, cerca de las estepas del Caúcaso, existirían mujeres guerreras o mujeres que -junto a los hombres- también lucharían juntos contra otros hombres. Herodoto, el primer historiador griego conocido, lo contaba en su Historias. Pero luego, algo más tarde, fascinados por el curioso motivo de que sólo ellas guerreasen solas, la mitología crearía fácilmente su leyenda de las amazonas.

Fue la mitología griega a la que acudirían los pintores para crear sus obras legendarias. A Rubens, por ejemplo, le encargaron una vez un gran lienzo sobre la leyenda de Teseo luchando contra las amazonas de Hipólita. La batalla mitológica donde lucharon esas amazonas se situaba en Capadocia, cerca del río Termodión. Pero entonces Rubens se inspiraría y crearía en su mente, antes de pintarla, la idea compositiva de la obra. ¿Cómo hacer una grandiosa escena de batalla que no se difumine más allá de los límites creativos acotados? Y descubre el pintor flamenco que un puente sobre el río Termodión es el escenario idóneo para crear una imagen cerrada, elevada y envuelta sobre sí misma para componer genialmente esa leyenda. Para Rubens el movimiento es la verdadera razón de la épica, de la lucha, del enfrentamiento grandioso para plasmar en un cuadro. Además tiene el pintor que hacer ver a sus personajes protagonistas -Teseo y Hipólita (a la izquierda, a caballo, muy juntos y con plumas en sus respectivos cascos guerreros)- entregados ambos a la lucha. Pero, sobre todo, tiene que introducirlos confundidos ambos entre la multitud abigarrada de los otros. Y lo ve entonces muy claro el pintor: utiliza el puente para situar en él a toda la multitud luchando mientras lo cruzan. De ese modo gana en esencia la imagen. Una imagen que no tiene un fondo muy contrastable -salvo una pequeña franja de cielo nuboso-, y que es ahora toda una pasarela de seres delimitada en un escenario donde se situarán, elevadas casi, las propias figuras en el aire.

Pero el puente es ahora muy pequeño, es ridículo ver una gran lucha en tan acotado y pequeño espacio. Para salvar esto el creador gira la composición sobre un iconográfico círculo. Y lo hace antes de que las figuras logren salir del puente, por eso caen caballos y amazonas perseguidos o empujados por los griegos envolventes. Y para envolver aún más la maestría de la obra, el pintor completa la otra parte de ese círculo pictórico con guerreros y guerreras que no atraviesan ahora el río por el puente. La composición de la obra Combate de las Amazonas es original, ideal y perfecta según las formas armoniosas del Arte. Sin ser simétrico del todo -como ninguna obra debe ser nunca-, guardará a cambio un maravilloso equilibrio geométrico. Las curvas -rasgo del Barroco- son aquí lo que más vemos resurgir en cada trazo artístico, están en todo: en las nubes coloridas, en el arco del puente, en los cascos guerreros, en las herraduras de los caballos o en el seno desnudo de la amazona que lucha. Es también la forma curvilínea con la que el pintor guiará la mirada del espectador desde la izquierda hasta la derecha para, luego, bajar la mirada y continuar, otra vez, hacia la izquierda...

Siglos después, en el año 1873, un pintor alemán desconocido y con un gran fervor neoclásico elabora otra de las versiones de esa leyenda de mitología amazónica. En este caso un gran lienzo -por su tamaño- llamado Las Amazonas. En la obra neoclásica luchan los griegos -los aqueos- contra una partida legendaria de amazonas en la guerra de Troya. Pero aquí ahora es Aquiles, no Teseo, quien lucha contra Pentesilea, una de las hermanas de Hipólita. Y es por lo que el pintor alemán compone aquí otra cosa distinta. Fiel a su pasión clásica, Anselm Feuerbach (1829-1880) destaca aquí la técnica académica con alardes medidos tanto en las formas anatómicas como en los gestos meditados, éstos ahora lentos o nobles. Es Arte, por supuesto. Es un cuadro excelente en su dibujo, en sus sombras y en sus luces, en la lucha entre mujeres y hombres, pero, a diferencia de la obra barroca de Rubens, no es una obra maestra. Porque aquí todo es demasiado increíble, no en las formas sino en la narración. ¿Están luchando o bailando?, ¿no parece mejor que están recreando un severo juego con gestos amables o condescendientes? Y, por otro lado, lo más importante, ¿qué composición hay aquí que consiga atraernos? Porque todo está ahí sin orden, dispersado en una escena sin completar... Solo son esos trazos clásicos ahora unos deslavazados elementos que dejarán sin armonía toda la visión de lo narrado.

De la obra neoclásica cuentan que el pintor alemán fue incapaz de venderla. Finalmente, a su muerte, la cedieron al museo de Nuremberg. Del autor existe una referencia enciclopédica que dice así: Fue el primero en darse cuenta del riesgo que suponía despreciar la técnica, que la maestría del artesano era precisa para expresar las ideas más elevadas, y que, por tanto, un cartón coloreado y mal dibujado nunca puede ser el logro supremo del Arte. Por eso no se trata en el Arte solo de saber dibujar, o de saber escribir, o de saber colocar una cosa tras de otra, no, es algo más que eso, es otra cosa diferente lo que hace al Arte una muestra especial y única, no solo previsible ni medible, ni excesivamente teórica, sino algo creativamente estimulante, inspiradamente sublime. Las obras que lo consigan serán obras maestras, las que digan mucho usando el lenguaje más finalista de todos. El que sienten las miradas sensibles o los sutiles receptores de lo estético para comprender que en el Arte nos debe llegar todo, la técnica y la emoción, la medida y lo sorprendente, porque todo eso lo asemejaremos a nosotros, a nuestra especial manera de ser, de ver, de sentir o de vivirlo.

(Óleo Barroco de Peter Paul Rubens, Combate de las Amazonas, 1618, Alte Pinakothek, Munich; Lienzo del pintor neoclásico Anselm Feuerbach, Las Amazonas, 1873, Nuremberg.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Personalmente creo que Rubens consigue trasmitir con su obra una gran carga de intensidad y pasión, además de técnica y perfección. Algo nada fácil de conseguir.

Anselm Feuerbach, siempre desde mi humilde opinión, quizás carezca de esa fuerza de comunicación en la obra, no obstante creo desborda una gran belleza.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Con estos ejemplos aprendemos, realmente, lo que es el Arte. Lo que ya entendieron aquellos creadores del Renacimiento y del Barroco, que no es solo representar la Belleza, sino cómo hacerlo...

Un agradecido abrazo.

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