23 de julio de 2014

El Romanticismo desvirtuará la realidad solo para hacerla más acorde a la mirada.



El mejor pintor español de paisaje romántico del romántico siglo diecinueve lo fue el gallego Genaro Pérez de Villaamil (1807-1854). El Romanticismo paisajista había tenido grandes creadores en otros países europeos, como Turner o Roberts en Inglaterra, pero, en España, el más genuino de los románticos, el más romántico de todos, el más inspirado y el menos conocido lo fue Pérez de Villaamil. Pero es que, además, tuvo él una vida romántica, se impregnaría de ese signo propio de su tiempo romántico. Y qué mejor paisaje romántico que el más romántico de los paisajes europeos para nacer... El pintor escocés David Roberts (1797-1864) lo supo desde sus viajes a África y Oriente medio. Pasaría antes por España y comprendería entonces el verdadero sentido del color en los momentos del día donde ahora el sol está más alejado del cenit. Y comprendería también el verdadero sentido del paisaje más romántico, ese paisaje donde lo agreste y lo apacible, lo diferente y lo cercano, lo luminoso y lo misterioso..., o lo único y lo variado se dan sólo en el sur de España.

Y en el año 1834 pasaría Roberts por Málaga camino de Gibraltar. Pasaría el pintor británico por la sierra de Ronda y por los aledaños suroccidentales de su serranía. Y allí, en lo alto de un cerro muy elevado, se encontraría de pronto con la silueta del antiguo castillo del águila, una fortaleza derruida pero iniciada ya por los romanos y desarrollada luego por los musulmanes. Pero entonces la idealizaría el pintor británico aún más con sus recuerdos orientales vistos en Sevilla y en Córdoba o en tantos otros lugares hispanos recorridos. Porque el Castillo de Gaucín -el castillo del águila- había sido en gran parte destruido durante la guerra de la independencia frente a los franceses en el año 1810. No tenía entonces ese aspecto tan soberbio que David Roberts crease en 1834. Tampoco su peña era tan elevada ni tan majestuosamente romántica, ni con esos riscos puntiagudos que, como una bella catedral rocosa, imprimiese ahora un espíritu de superación en los muros desolados de su antigua fortaleza.

Pero, como británico, querría pintar entonces una vista de Gibraltar y la bahía de Algeciras dibujando incluso el perfil de África al fondo. Roberts, a diferencia de Villaamil, tendría por entonces influencias o intereses geopolíticos para hacer de guía de turismo para los viajeros de su país al sur de España. Él conocería bien el lugar que dibujaba ahora desde lejos y que aparece aquí límpido entre las brumas luminosas de la Serranía. Porque, sin embargo, es imposible ver las cosas de Gibraltar desde los alrededores del castillo de Gaucín con la claridad que él las pinta en su obra Vista de Gibraltar desde Gaucín. Entonces, ¿cómo lo hizo?, o ¿por qué lo hizo así? Porque no era el realismo ni el detalle real, ni el sentido exacto de las cosas, lo que primaba o importaba en el Romanticismo. Para los deseos románticos bastaba que el paisaje mostrase atrevimiento, gallardía, belleza, pintoresquismo o misterio. Y es por eso que cualquiera que vaya hoy a Gaucín y se sitúe cerca de las ruinas del castillo comprobará además que nada de lo que se ve en la obra de Roberts es, dimensionadamente, acorde a las distancias reales de las cosas. Sencillamente, no existe un lugar desde donde se pueda ver la imagen que el pintor utilizó entonces para crear su obra.

Genaro Pérez de Villaamil conoció a David Roberts en Sevilla durante el año 1833. Luego marcharía a Madrid para realizar allí toda su creación artística. Los pintores como Villaamil, a diferencia de Roberts, no tendrían que visitar necesariamente los lugares para imprimir el sentido romántico de lo que querían pintar. En el año 1847 el pintor romántico español compone su obra Vista del Castillo de Gaucín gracias a un grabado de la obra de Roberts. Tan sólo no, el resto, la inspiración, la semblanza, el genio, la sutileza o la imaginación romántica lo puso el pintor. En su obra, Villaamil recrea desde la perspectiva de Roberts la vista de Gibraltar al fondo con el aparecido y fantasmagórico Castillo de Gaucín. ¡Qué más daba entonces si era así o no!, si nadie iría a comprobar ya la verosimilitud de la realidad de ese paisaje. Y tampoco importaba... Porque lo importante en el Romanticismo es la emoción que provoca la visión subjetiva de algo objetivo, la semblanza del momento sugerido por una realidad ahora maleable, transformable, adaptable o sensible. 

Roberts y su inspirado colega Villaamil fijarían el paisaje con los rasgos geográficos parecidos a la realidad, aunque totalmente adimensionados en las distancias. El peñón de Gibraltar no se aprecia así de bien en la realidad... desde el mismo lugar en que se ve en estas obras románticas. Y, sin embargo, todo es pintado aquí -en ambos casos- conforme a lo que es en verdad la imagen local que veremos retratada. ¿Por qué, entonces?, ¿cómo fue posible conocerla tanto? Porque el pintor británico conocería muy bien el lugar y lo pintó con sus detalles conocidos. Pero no así el propio Castillo, algo que idealizaron ambos pintores como un maravilloso cuento hispano-árabe surgido de la pluma de algún escritor de su tendencia. Una tendencia artística -el Romanticismo- inconsiderada..., pero inconsiderada con la realidad no con el sentimiento. Ni los arcos de herradura, ni las puertas asombradas, ni las murallas empinadas, ni la torre del almuecín existirían en esos ruinosos despojos de castillo cuando fuera visitado por Roberts. Todo fue recreado, todo fue inventado... y vestido de gloria romántica. Porque, aún más, Villaamil llegará incluso a recrear un mundo onírico que no existiría en el Castillo de Gaucín ni siquiera en su época musulmana. El resultado, no obstante, fue grandioso y extraordinario, del todo inspirado y mágico ahora por el sueño exótico del pintor como por el genio tan creativo de su paleta romántica...

(Óleo Vista del Castillo de Gaucín, 1847, del pintor romántico español Genaro Pérez de Villaamil, Museo del Prado; Detalle del mismo cuadro, Vista del Castillo y del peñón de Gibraltar al fondo, Genaro Pérez de Villaamil, 1847, Museo del Prado; Grabado en plancha de acero de un dibujo del pintor David Roberts, Vista de Gibraltar desde Gaucín, 1834; Fotografía actual de las ruinas del Castillo del Águila, Gaucín, Málaga, España; Reproducción de la obra original de David Roberts, Vista de Gibraltar desde Gaucín, 1834, Museo de Edimburgo, Escocia.)

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