6 de noviembre de 2016

La transmisión de mensajes en la imagen armoniosa, eternizada y sutil que produce el Arte.



La leyenda bíblica de Goliat es conocida. El joven y frágil David, decidido, acabará con la vida del fiero, enorme y devastador -enemigo de su pueblo- Goliat. Metiendo David la mano en su bolsa, cogió de allí una piedra y la tiró con su honda; al instante el filisteo Goliat fue herido en su frente y cayó sobre su rostro en la tierra ensangrentada. Así venció David al filisteo con su honda y una piedra, lo hirió y lo mató sin tener David espada alguna en su mano. De esta forma el libro de Samuel contará la leyenda heroica del judío David sobre el gigante Goliat. Es la mitología hebrea, una de las que la civilización europea se alimentó para forjar su cultura. Y el Arte es cultura representada. Los pintores y sus tendencias plasmaron el rostro de David en muchas de sus obras. Pero fue el Barroco el estilo que mejor supo llevar esa mitología -la bíblica en general y la heroica de David en particular- a la más bella y mejor forma de representar una imagen trascendente junto a una muy grata sensación. 

Guido Cagnacci (1601-1682) pasaría a la historia del Arte con pocas recomendaciones. Sus contemporáneos no le alabaron ni le admiraron. Claro, que llegar a la gloria artística o brillar fuerte en el Barroco era lo más difícil del mundo: estaba lleno de genios. Y Cagnacci además no innovaría desde una perspectiva solo moderna para la época, sino que llevaría su Arte a combinar sensualidad con belleza natural, a utilizar fondos poco elaborados o monocromáticos, y a destacar al personaje sobre cualquier otra cosa o escenificación relacionada. Se adelantaría así el pintor barroco al Arte neoclasicista en dos siglos... Pero, de todos los posibles cuadros de su producción, es este óleo de David con la cabeza de Goliat una muestra extraordinaria no solo para valorarle como creador sino, también, para comprender el Arte barroco, el más genial, el más auténtico o el más seductor. Porque no basta con hacer llegar una bella luz a nuestros ojos que delimite ahora formas armoniosas, hay que transmitir además cosas, mensajes, enseñanzas, alardes vitales, o un sentido muy profundo e inspirador de lo que el Arte produzca en nuestro ánimo.

En su obra de Arte, Cagnacci consigue gracias a la profundidad de la perspectiva, dividida entre el gris y el negro oscurecido del fondo, aumentar ahora la grandeza de la figura de un David vencedor y satisfecho. El gris del fondo lo realza a él bellamente; el negro del fondo oscurece ahora -aún más- la cabeza degollada y detestable de Goliat. Detalle este último de importancia para la belleza de un barroco naturalista, pero no grotesco ni cruento ni ensangrentado sin embargo. La imagen de David es la imagen de la seguridad en sí mismo desde antes de haberse decidido a llevar a cabo la hazaña heroica. Aquí no mira David a su enemigo abatido, ni a nosotros; no mira siquiera arriba, ni abajo, mira ahora fijo a su derecha. ¿Pero, hacia qué cosa mira él? Hacia la abandonada miseria del temor que hace a los hombres desaparecer entre las sombras... Porque él, a cambio, no ha desaparecido. David ha triunfado porque él lo había decidido así desde mucho antes. Y solo mira ahora convencido, es decir, vencedor consigo mismo, de lo que, por ser humano ahora -no bestia ni inhumano ni cobarde-, ha sido capaz de llevar a cabo frente a las fútiles sensaciones angustiadas de la vida.

Porque el Barroco es florecimiento bello, es adorno destacado... Y por eso aquí el pintor italiano nos muestra no ya al real y exacto joven hebreo rústico de la leyenda, no, sino al elegante efebo del siglo XVII que lleva ahora su elegante vestido, su capa y su sombrero coronado con una perfecta pluma enjoyada de perlas. ¿No hay mayor contraste aquí, por ejemplo, entre toda esa sofisticación de vestuario y la cuerda anudada y rudimentaria de la honda asesina que porta David en su mano derecha? ¿O, también, con la cabeza de Goliat que ofrece aquí el feroz y aterrador perfil más siniestro que de un ser tan malvado se pudiera? El Arte genial de Cagnacci y su barroco poderoso utilizan el equilibrio y la composición más demoledora para abatir la sordidez cruenta de tan heroico crimen. Pero, además, destaca con ello la promesa sosegada de un futuro esplendoroso. Porque aquí la inteligencia, la decisión y la honradez humanas de una parte -David- vencerá a la pérfida, brutal e insensible maldad de la otra mitad humana -Goliat-. Y el mensaje artístico se transmite ahora con su maravillosa eternidad fijada en esta bella imagen. Porque los que pasen por su lado ahora, o los que vean la imagen representada en el cuadro, entenderán así la sutil y bella escena de un David mirando, victorioso de sí mismo, hacia su derecha aquí invisible... Y esta es otra de las grandes y geniales características del Arte: que el creador deja ahora fuera del escenario visible las múltiples cosas que puedan ser miradas por el personaje retratado..., y por nosotros. Porque cada cual de nosotros que lo mire ahora podrá añadir así lo que desee según su propia emoción. Esas serán, al fin, las cosas por las que merecerá vencerse y vencer las temeridades o dificultades más decepcionantes de la vida.

(Óleo del pintor barroco Guido Cagnacci, David con la cabeza de Goliat, 1650, Museo Paul Getty, Los Ángeles, EEUU.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...