15 de mayo de 2017

El compendio de la vida expresado en una obra de Arte: el realismo impresionista de Uhde.



En la interminable lista de pintores desconocidos está el alemán Fritz von Uhde (1848-1911). ¿Por qué? Pues porque se dedicó a pintar escenas banales, infantiles, sencillas, costumbristas, las llamadas también de género. Lo hizo en un momento fundamental de la gran cultura en Alemania, y esto le malogró frente a una sociedad exigente por entonces para fijar grandiosas imágenes en un lienzo. Pero, aun así, ¿cómo es posible? Van Gogh hizo lo mismo y, sin embargo, ahí está: en la más alta popularidad artística. Pero aclaremos cosas. Primero, van Gogh no fue reconocido mientras vivió, tan solo después de muerto la crítica modernista lo encumbraría gozosa. Segundo, el Modernismo (post-impresionismo, vanguardias, etc...) ganaría la batalla artística al Impresionismo, más aún al Impresionismo-Realista, el estilo al que más se consagraría Fritz von Uhde. Precisamente un estilo artístico que hoy por ejemplo valoraremos más. Porque en él se encuentra el reflejo verosímil de qué somos y el sesgado momento fugaz de lo impreciso. Ambas cosas determinarán, si lo pensamos bien, el sentido compendiado de la vida, de toda vida, la humana y la que no. Y qué mejor obra que una de Uhde para comprender esa sensación visual y emocional que siempre debería una obra de Arte suponer.

En el año 1890 el pintor alemán compone su lienzo Un viaje difícil. El Arte, el gran Arte, tiene siempre la ventaja de que todo lo que refleja es subjetivo, es decir, que lo que el espectador sugiere o percibe es lo que realmente expresará la obra. Da igual lo que el autor haya ideado inicialmente en su mente: el Arte ha transformado ya completamente el sentido del emisor -su contenido concreto primordial- y lo ha llevado al del receptor -su sensible emoción encubierta- haciendo ahora una pirueta expresiva para llegar al profundo sentido personal de cada uno. Pero esto no lo hace cualquier Arte, solo el Arte grandioso. Porque ahora, en esta obra realista-impresionista, ¿qué vemos traslucir desde su mera apariencia formal? En un camino incierto, deslucido, frío y agreste, una pareja avanza difícilmente bajo un cielo sin color. En primer lugar la perspectiva es apasionante, de ella vemos cómo sus líneas se concentrarán en un final también impreciso, algo que no se ve, que no se percibe siquiera parte de ese lugar hacia donde se dirigen los personajes anónimos representados. En la obra está representado todo, sin embargo. Y no sólo todo ya para comprenderlo sino que todo está representado ahora para entender el sentido completo de la vida en un cuadro. 

Porque en el lienzo de Fritz von Uhde hay espacio, tiempo y emoción. Tres cosas imprescindibles para poder compendiar el sentido de la vida en una obra de Arte. Porque vemos un escenario espacial: un camino orillado de árboles deshojados que dirige un sendero atravesado de barro, por donde camina ahora, frágilmente, la pareja representada en el lienzo. Porque vemos también el tiempo: los personajes avanzan desde una posición inicial hacia una final, ésta que apenas apreciaremos. Hay por tanto ahí un principio y un final, y se aprecian ambas posiciones en la perspectiva lineal y en el gesto propio de avance de la pareja. Porque el tiempo es lo único que puede ahora hacernos prever ahí el momento que luego, cuando las líneas coincidentes se acerquen precipitadas, acabará por existir en otro espacio, en otro momento aún no representado ahí pero existente en la sensación fluida de la imagen. Y, por último, la emoción. ¿Qué otra cosa realmente se apreciará más en este lienzo sugestivo? ¿Qué emoción o emociones percibiremos en esta pareja que camina ahora por un sendero itinerante o transeúnte propio de la vida? Todas esas emociones estarán ahí. La desesperación y la ternura, el dolor y la esperanza, la decisión y el cansancio, la persistencia y el sentimiento, la confianza y la amargura, la simpatía y el hallazgo. ¿No es la vida todo eso? Y el pintor alemán lo retratará todo eso ahí, en su lienzo realista-impresionista, genialmente. Porque es así la vida: realista e impresionista, como las cosas que representa. Realista son las emociones; impresionista el tiempo y el espacio. Y debe ser así. Sólo deben durar aquéllas, solo fluirán éstas. Nada que verdaderamente importe puede ser representado sin merecer el reflejo real de su imagen. Todo lo demás, lo contingente y caduco de la vida, será tan fugaz como lo son las pinceladas impresionistas del Arte, abandonadas ahora a su imprecisión y a su evanescencia por el alarde descolorido e irruptivo de sus trazos indistintos.

(Óleo Realista-Impresionista del pintor alemán Fritz von Uhde, El viaje difícil, 1890, Museo Neue Pinakothek, Munich, Alemania.)

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