6 de junio de 2017

Fueron las estrellas, el cielo estrellado, la diferencia magistral que hizo prevalecer un pintor sobre otro.



Cuando Vincent van Gogh (1853-1890) se inspirase en septiembre del año 1888 en Arlés (Francia), para componer uno de los primeros nocturnos que crease en un lienzo, recordaría el cuadro que, un año antes, su amigo el pintor Louis Anquetin (1861-1932) había compuesto de un café de París en un atardecer nocturno e invernal. Había coincidido el pintor con van Gogh en la academia del maestro Cormon en París, donde ambos aprenderían los secretos clásicos de la pintura. Pero Anquetin había comprendido antes que van Gogh incluso la evolución que el Impresionismo había de seguir para expresar las cosas ahora de otro modo. Era una tendencia rupturista propiciada además por la Escuela de Pont Aven (donde Gauguin se influiría sobremanera) y que hacía más plano el enfoque artístico en un lienzo, la manera en cómo los colores se expresaban mejor en el plano artístico de un cuadro. El arte japonés tuvo mucho que ver inicialmente en el desarrollo de esta tendencia llamada entonces cloisonismo. Se perfilaban muy claramente los contornos de los objetos representados, formando un efecto de superficie plana donde la decoración era además una característica destacable. 

Van Gogh lo comprendería pronto y utilizaría esa forma de pintar de contornos destacados. Sin embargo, el genio holandés no acabaría de ver su estilo propio de esa forma. Entonces se marcha al sur de Francia, a Arlés, en la brillante y azul costa mediterránea. Pero las noches ahí no son planas..., son estrelladas. Cuando ahora van Gogh compone su terraza de un café de Arlés lo hice con los rasgos característicos de la pintura de su amigo Anquetin: los perfiles de las cosas contorneados, las luces brillantes y en lugares iluminados, y el negro nocturno muy oscuro en los momentos de la noche. Pero también compuso entonces las estrellas del cielo azul mediterráneo de Arlés. Con ellas, sin idearlo probablemente así el pintor, alcanzaría a descubrir el sentido profundo de su pintura: la emotividad exagerada de la vida entre escenas humanas descorazonadoras. Fue el primer nocturno estrellado que pintaría van Gogh, pero suficiente para descubrir el efecto fundamental que las cosas ambientales o naturales podrían representar ahora en su obra. Con ello rompía aquel sentido plano, el decorado equilibrado de la pintura de Anquetin. Con ello su pasión ganaría la partida de los contornos postimpresionistas y la de la historia.

Louis Anquetin pasaría a ser un pintor más de aquellos años deslumbradores. Su intuición, aquella forma de componer diferenciándose del Impresionismo exitoso, influiría en las obras de los famosos postimpresionistas más conocidos. Años después de su obra nocturna, Anquetin abandonaría la modernidad tan vertiginosa tratando de recuperar los grandes maestros del barroco como un referente nuevo en las tendencias. Pero la historia iba claramente por un lado diferente. El expresionismo ganaría la batalla artística de la historia. Sin embargo van Gogh moriría antes de todo eso. Él buscó toda su vida artística el momento, el lugar y la pasión necesarias para componer el mejor lienzo que su deseo le provocase. Lo consiguió probablemente sin él llegar a saberlo. Porque es la pasión que mostraremos ante algunas de las cosas de la vida lo que definirá, finalmente, la diferencia entre una decoración bellamente compuesta o todo lo contrario, ees decir, la emoción más destacada entre la belleza apenas perfilada o contorneada de una obra.

(Óleo de Vincent van Gogh, Terraza de café por la noche, 1888, Museo Kröller-Müller, Países Bajos; Cuadro del pintor Louis Anquetin, Avenida de Clichy a las cinco de la tarde, 1887, Museo Wadsworth Atheneum, Connecticut, EEUU.)

2 comentarios:

Delfin dijo...

Hermosa entrada, adoro Vicent van Gogh ,trasmite pasión en cada uno de sus cuadros una entrada fabulosa muchas gracias por contagiarnos con tu pasión arolladora por el arte .

Alejandro Labat dijo...

Es precisamente esa pasión de van Gogh la que se descubriría mucho después de su muerte, cuando se observase, solapadamente, entre las fascinantes innovaciones de su talento.

Gracias a ti por apreciarlo.

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