5 de enero de 2018

La evolución emotiva del Arte, o cuando el pintor avanza en su determinación emotiva de Belleza.



El siglo barroco ha sido el mayor culminador o productor de creadores habidos en la historia. ¿Qué sucedería para ello? Pues un mayor acercamiento a las clases populares, tanto de observadores como de creadores de Arte. La Iglesia favorecería extraordinariamente la Pintura como una actividad profesional de comunicación sagrada y poderosa. Y muchos de sus acólitos, clérigos o frailes, abundarían con sus talentos en el deseo de satisfacer un prurito -acercarse a algún tipo de éxtasis sensual- que en la rigurosidad de sus votos religiosos le estaría vedado en lo carnal. Así que se acercaron a la Pintura, y disfrutaron de su alarde -saber pintar- con la satisfacción más poderosa que de una belleza sagrada pudiera una mente desatada llegar a conseguir. Fue el caso de Bernardo Strozzi (1581-1644), un franciscano de Génova que a los diecisiete años terminaría profesando en un convento capuchino de Italia. Pero diez años después, al fallecer su padre, el convento le permite ahora salir para cuidar a su madre. Y decide pintar, ganarse la vida pintando cuadros, donde ahora su emotiva sensibilidad le permitiera mostrar la sagrada belleza aprendida de antes. 

Y entonces pintará gracias a su fervor de ganarse la vida a la vez que de ganarse su alma, ésta ahora más necesitada de belleza que de liturgias sosegadoras. Sería acusado en Génova de pintar sin estar asociado al gremio de pintores. En la república de Génova no se permitía pintar sin disponer de una formación y estar asociado a un gremio. Para cuando su madre fallece, el convento le requiere de nuevo entre sus miembros. Pero él ya no desea volver a los rezos para tratar de calmar su espíritu... Desea pintar, desea encontrar, con la extraordinaria fuerza emotiva y espiritual que ofrece la pintura a sus elegidos, al mismo Dios ahora entre las suaves sombras de su estilo sensible. Escapa de Génova a Venecia -otra república entonces más tolerante-, donde ahora pueda seguir plasmando sus anhelos sensuales. Pero no solo ya pintando como lo hacía antes, no; ahora, en Venecia, aprende además a utilizar los colores para hacer con ellos lo mismo... y otra cosa diferente. La tenebrosidad del norte de Italia la suaviza Strozzi de tal modo que su pintura es una grata sorpresa para los ojos enamorados de los lienzos coloridos de Caravaggio. Es el estilo tenebrista del maestro, pero, ahora, con los suaves, emotivos o detallistas matices venecianos de sus sombras coloridas, y sentidas, de antes.

En el año 1632 se atreve a pintar una leyenda bíblica donde su estilo particular acompaña ahora a su emoción menos divina: la ternura del alivio curativo de un hijo a su padre. Según el libro bíblico de Tobías un joven encuentra de pronto a un nuevo amigo camino de su casa, pero no es un ser humano sino un ángel. Éste le ayuda a buscar esposa y también a remediar enfermedades. De regreso a su casa cura a su padre, el cual ha sido cegado por los excrementos de un ave maliciosa.  Debe usar la hiel de un pescado para eso, un pez que el ángel le había recomendado utilizar para sanarlo. En la escena iconográfica aparecen los personajes de la leyenda: Tobías, el ángel -arcángel Rafael-, el padre de Tobias y la esposa de éste. Luego también hasta un perro y el pescado curativo. Así compone Strozzi su obra La curación de Tobías. La primera de las tres que compuso -no sé si más- la realiza en el año 1632, actualmente radicada en el museo Hermitage de San Petersburgo. La obra de Arte del Hermitage es la primera de las tres, en ella observamos las sensaciones que el pintor tuviera por entonces para plasmar su obra: el dramatismo realista -caravaggista- tan desgarrador en el semblante rudo y desolado del enfermo; pero también en el de su esposa, ahora displicente o desdeñosa ahí; por último, en el gesto del ángel, éste más dirigido hacia el enfermo que hacia el inexperto curador.

Tres años después, aproximadamente, el pintor genovés lleva a cabo la misma composición pero, ahora, sin embargo, con unas especiales modificaciones emotivas en su trazado final. Es la misma obra, Curación de Tobías, pero en el año 1635 Strozzi pinta otra cosa diferente. La obra barroca (radicada en el Museo Metropolitan de Nueva York) varía ahora el sesgo del gesto, modifica las semblanzas o las emociones -tanto de los personajes retratados como seguramente la del propio pintor- en la representación de esa misma curación, totalmente distinta. Ahora Tobías está más inquieto, menos seguro ante el ojo enfermo, esta vez el izquierdo, donde deposita la hiel salutífera del pescado medicinal. Su padre ya no demuestra aquella realista actitud de antes, ese gesto tan doloroso de un enfermo intranquilo ante el sufrimiento ocular de un posible tratamiento. No, ahora aparece entregado al poder de una curación sentimental con rasgos humanos más espirituales que físicos... Su esposa también es ahora otra mujer, así lo parece en el lienzo, una persona más entregada al sentir doloroso de su esposo que antes. Pero es el ángel ahora el que, decididamente, cambia de posición en la nueva composición evolucionada del artista. Ahora se acerca a Tobías, a su discípulo espiritual, a su alumno físico, a su amigo, para apoyarle, aleccionarle o dirigirle en su operación curativa. 

Sin embargo, Bernardo Strozzi todavía llegaría, nueve años después, a volver a componer aquella obra de antes, la misma que consiguiera entusiasmar de nuevo a algún que otro cliente fascinado por su Arte. Tiene muy clara la composición el pintor genovés, no cambiará nada de aquello que compusiera nueve años antes. Y pinta la misma obra, el mismo resultado que sentiría él debía hacer ahora con la misma idea de componer así una obra parecida de Arte. Todo volvería a hacerlo igual que antes: el ángel, más cerca de Tobías, apoyándole claramente; la esposa, decidida a sentir con su marido el mismo gesto de pasión que él; Tobías, con la misma mano y el mismo ojo de su padre. Pero, entonces, ¿qué es lo que, en su evolución emotiva, el pintor sensible, aquel que decidiera sentir con el Arte lo que se podría sentir con la vida, debería hacer ahora, sin embargo, para completar tal hazaña evolutiva? Y Bernardo Strozzi en su obra La curación de Tobías del año 1644 (actualmente ubicada en el Museo del Prado) idearía una ligera sensación muy diferente en el rostro lastimero del padre de Tobías. Y diseñaría ahora un gesto diferente a los de antes, ni aquel tan realistamente doloroso del año 1632, ni tampoco el duramente sosegado del año 1635. No, ahora, en el año 1644, Strozzi pintaría el semblante enfermo del padre de Tobías con el magnánimo gesto -muy sutilmenteapenas apreciable- de un alma sensitiva entregada a una curación tan imposible... De un alma que, más tranquila ahora, descubrirá, sosegada, indiferente casi, el buen hacer cariñoso y saludable de la mano segura y aún más confiada de su hijo. Toda una evolución muy emotiva y artística en el Arte tan tenebroso de entonces. 

(Óleos del pintor barroco italiano Bernardo Strozzi: Curación de Tobías, 1632, Museo Hermitage, San Petersburgo; Tobías curando la ceguera de su padre, 1635, Museo Metropolitan de Nueva York; La curación de Tobías, 1644, Museo del Prado, Madrid.)

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