13 de febrero de 2014

La interpretación más subjetiva, o la diferencia entre lo que lo inspiró y lo que inspira.



La génesis de las emociones más revolucionarias que la humanidad haya sentido jamás no fueron ocasionadas por una necesidad íntima o personal de crear obras maestras inmortales, ni tampoco por la necesidad de la introspección poética más inspiradora...; no, fueron ocasionadas en gran parte por la prosaica falta de entidad nacional de algunos pueblos, es decir, por un sentido por entonces -finales del siglo XVIII- más político que personal..., o más demagógico que intimista. El Romanticismo como impulso cultural fue la forma que algunos europeos de hace doscientos años encontraron como un modo de desarrollar y expresar su evidente necesidad de país, de entidad cultural o de identidad nacional. A principios del siglo XVII, Alemania no existía más que como un conglomerado de pequeños reinos bajo el amparo del Sacro imperio romano germánico. Porque la guerra político-religiosa de los treinta años (1618-1648) acabaría con la promesa de una identidad nacional y cultural germana. El imperio sacro se debilitaría y se fortalecerían a cambio los principados, lo cual no hizo más que dejar una posible entidad política nacional alemana como una frágil amalgama de fragmentos separados. 

En aquellos importantes años, sin embargo, de gran desarrollo cultural europeo, entre los años 1650 a 1690, Francia ganaría la batalla de la cultura, de la sociedad y del refinamiento. Los alemanes dejaron entonces de mirar hacia afuera y se refugiaron en sí mismos. La retórica, el teatro, la literatura, las grandes obras de la pintura, toda la cultura alemana, fue obturada o frenada de alguna forma frente a la gran cultura francesa imperante. Y, entonces, ¿qué hacer para sobrevivir culturalmente? Los alemanes se refugiaron entonces en la sensibilidad de la música más que en cualquier otra actividad cultural. Por eso mismo fue en este arte -la música- donde los germanos dieron grandes maestros años después. Aquella guerra, la de Los Treinta años, fue tan desoladora para las regiones del Rin que los alemanes se hicieron más pesimistas y se volvieron, aún, más introspectivos. Así que el Romanticismo alemán sería el inicio de una reforma emocional-cultural que hizo del hombre un ser reivindicativo... mucho más social que individualmente. Porque hasta llegar el Romanticismo, aproximadamente durante el año 1770, los alemanes no alcanzarían a tener una cultura verdaderamente sublime, por ejemplo, como la tuvieron en la Literatura. Pero, como la gran literatura clásica había sido antes francesa, los jóvenes creadores alemanes buscaron ahora justo lo contrario: lo fantasioso frente a lo clásico, lo irracional frente a la racionalidad francesa, la originalidad más sublime frente a la duplicación clásica de lo mismo. Es decir, que los artistas alemanes se enfrentaron de un modo particular a ese clasicismo que había hecho de Francia el primer país en generar obras culturales excelsas. Y todo ese despegue cultural germánico apasionado sería lo que, años después, llevaría a la creación del estado alemán en 1870.

Y en esa tesitura social surgirían creadores alemanes anteriores a la creación de Alemania. Pintores como Caspar David Friedrich (1774-1840), que fueron impulsores de un nacionalismo alemán muy necesitado y anhelado por entonces. Por eso buscaron en el Romanticismo el sentido más inspirador para poder plasmar sus inquietudes personales y sociales con el Arte. Y el pintor romántico viviría además años inquietantes de guerra en Europa -del año 1805 al año1814-... como una posible salvación napoleónica para su mundo tan deseado, algo luego de Napoleón frustrado por completo. A la caída de Bonaparte en el año 1815, las naciones europeas vencedoras decidieron que lo que había sido aquel imperio de opereta germánico -suprimido por Napoleón en el año 1806- continuara ahora bajo el amparo imperial austríaco. Así que entonces artistas como Friedrich y otros escritores y filósofos alemanes, se dedicaron a componer obras que perfilaran el sentido más genuino de lo estéticamente romántico: esa mística sensación desasosegada e insatisfecha que marcarán especialmente los rasgos propios de esta extraordinaria tendencia cultural.

En el año 1818 el pintor alemán pintaría su obra El viajero frente a un mar de nubes. Su interpretación iconográfica, siguiendo el sentido histórico anteriormente mencionado, es aquí muy evidente. Era la soledad de los sin patria, el desamparo propio de la orfandad política y cultural más destacada, algo que sentirían especialmente los alemanes frente a los estados que salieron robustecidos del Congreso de Viena del año 1815. Un año después, el mismo pintor romántico alemán Friedrich compuso su otra obra pictórica, En el velero. Aquí, un hombre y una mujer se dirigen juntos en un velero, con su proa orientada y firme, hacia la ciudad idealizada del fondo del encuadre -visible aquí con siluetas góticas y románticas-, un lugar idílico para el objetivo de todo espíritu sin patria... Pero, sin embargo, ese poético mensaje es aquí ahora más personal e íntimo que social, es románticamente más idealizado..., o es más rebeldemente individualista que otra cosa. Así que, entonces, ¿dónde quedaría aquel otro mensaje social inicial del Romanticismo? En el Arte, las interpretaciones subjetivas serán parte fundamental de la genialidad de la propia creación. A veces, la historia viene a racionalizar lo más irracional... Porque aunque su sentido inspirador fuese el que sustentaba aquella tendencia política -la búsqueda de una patria-, la sensación inspirada que nos llegará a nosotros ahora, los espíritus indolentes que miraremos estas obras de Arte, será completamente distinta.

En una de ellas percibiremos la inmensa soledad del ser humano... frente al abismo de la vida y del mundo. Porque en la obra pictórica de Friedrich observamos ahora cómo el personaje solitario de espaldas no mira más que nubes y picos desalentadores. No verá nada más, no hay otra cosa a ver ahora ahí, nada más que desolación y desamparo. La Naturaleza estará ofreciendo su cara más inhóspita. El ser retratado trata ahora de comprender qué puede hacer con todo eso que ve, con todo lo que, a él, se le escapa ahora..., matizado en la obra como la propia evanescencia de las nubes. Tratará el observador retratado, sin embargo, de encontrar un horizonte, uno donde poder fijar ahora una meta. Pero no hallará más que confusión, inmensidad o vacío. En la siguiente obra de Friedrich, titulada En el velero, percibiremos, sin embargo, otra cosa diferente. Aquí hay un horizonte más claro, hay un final buscado y tranquilizador... Además, la soledad de la Naturaleza -aún estaremos absorbidos por sus dominios, en este caso por el grandioso y poderoso mar- estará aquí compensada por la representación sosegadora de una pareja unida... Ya no es un individuo solo el que ahora se enfrenta a la tesitura de la vida. No, ahora un hombre y una mujer navegarán juntos, sin sobresaltos, para llegar a conseguir el ansiado paraíso perdido... Un destino éste que se vislumbrará en el lejano horizonte al que el velero se dirige, una silueta idealizada al fondo del oscuro mar a la que no dejarán de mirar ambos seres con sus serenos y compaginados espíritus. Estos mismos espíritus unidos ahora por un mismo deseo, por un mismo candor, por una misma emoción, y por una misma anhelada patria... 

(Óleos del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, En el velero, 1819, Museo Hermitage, San Petersburgo; El viajero frente a un mar de nubes, 1818, Hamburgo, Alemania.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Conocí a este pintor gracias a una anterior entrada tuya.

Al ser un creador que entre su género se decantaba por la naturaleza, en especial mares y montañas, se convirtió en uno de mis autores preferidos.

Acantilados blancos en Rügen, es una de mis preferidas, tanto por su belleza, como quizás por la similitud encontrada en la pintura, con uno de mis rincones preferidos de montaña.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Es la forma en que el espíritu se acopla con su sentido universal, cuando nos enfrentamos con la Naturaleza. Y esto lo hicieron los románticos, en especial éste, un motivo imprescindible para su Arte. Me alegro de habértelo presentado...

Un abrazo.

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