13 de julio de 2014

No es el verde ni el azul sino el ocre el color de nuestro mundo.



El simbolismo de algunos recursos artísticos utilizados en Pintura nunca los llegaremos a saber del todo. ¿Por qué el pintor barroco Jacob van Ruisdael (1628-1682) se dejaría tanto llevar por el sutil color ocre en casi todas sus obras? ¿Y por qué el ocre es amarillo, qué cosa hace a ese material inorgánico tener esa tonalidad tan utilizada en el Arte? Esta última cuestión sí puede contestarse. En un caso, los materiales y la vegetación de la Naturaleza -causa de los pigmentos- están hechos así, de la propia tierra que los crease. Por ejemplo, el óxido de hierro abunda mucho en la corteza terrestre y sus efectos llegan tanto a las obras de los hombres como a las maduraciones de los vegetales. Por otro lado, la combinación de hierro y oxígeno tinta de amarillo sus reflejos en la Naturaleza. Los griegos lo supieron desde muy antiguo y denominaron a ese reflejo cromático con el nombre de ochros: amarillento. Desde la Prehistoria los hombres han utilizado los pigmentos terroso-amarillentos para crear con ellos cosas dibujadas en las rocas de sus cuevas paleolíticas.

Y luego está la ventaja de la utilización de ese pigmento ocre para crear con él obras de Arte. Es el ocre además un pigmento muy estable, resistente a la luz y a la humedad. Nada tóxico para los artistas, algo que sería muy peligroso, sin embargo, con los antiguos pigmentos basados en el plomo, que producirían saturnismo o envenenamiento a causa de las emanaciones tóxicas de este metal. Así acabaría por ejemplo la vida del gran pintor italiano Caravaggio. Si lo pensamos o vemos o analizamos bien, esa tonalidad amarillenta -el ocre- supera con mucho la frecuencia de otros pigmentos que hayan sido utilizados en lienzos creados por el hombre. El pintor simbolista austríaco Klimt lo elogiaría diciendo: Todo lo que está rodeado de oro es noble. Y es que el dorado ocre forma, más que ningún otro visible color, la tonalidad más representativa del mundo natural en que vivimos.

Porque la luz del sol refleja sus destellos dorados en una Tierra que se alimenta de esa misma luz. ¿Qué si no es el proceso de oxidación, aquello que se produce además cuando los rayos solares obran el misterio telúrico? Sería interminable una muestra sobre el ocre y sus usos en el Arte. Todos los pintores lo han utilizado en sus diferentes tendencias y matices a lo largo de la historia. Pero a diferencia del pintor simbolista Klimt, es emocionalmente sobrecogedor observar cómo el ocre se aprecia en gran parte -la más significativa- de algún conjunto creativo compuesto de oscuras tonalidades o de brillantes azules o verdes, colores estos últimos, sin embargo, más propios del mundo figurativo. Pero su utilización en Pintura -la del ocre- es la forma de señalizar ahora, muy subjetivamente, algo especialmente imperativo o representativo en la obra. Es la manera de destacar con el ocre algo principal en una obra lo que motivará el ejercicio de la creación artística, y, a la vez, lo que justificará todo el alarde compositivo. Lo que, finalmente, será en el lienzo artístico algo especialmente creativo y señalable. Algo diferente y destacable, aunque ahora no muy grande, y señalado especialmente en el conjunto, por ejemplo, de un misterioso y rutilante paisaje artístico. Porque el pintor desea ahora hacer ver el ocre así: muy brillante y destacado en toda la obra. Y todo este alarde iconográfico tonal dorado está además representado ahora de un modo casi primitivo... Tan primitivo como aquellos trazos paleolíticos arañados en la pared rocosa fueran ya ocasionados con el útil, abundante y poderoso color amarillento.

(Óleo del pintor del Barroco holandés Jacob van Ruisdael, Paisaje de invierno, 1670, Museo Thyssen, Madrid; Lienzo del mismo autor, Paisaje con las ruinas del castillo de Egmon, 1653, Instituto de Arte de Chicago; Óleo Paisaje con un campo de trigo, 1660, del mismo pintor Ruisdael, Museo Getty, EEUU; Fotografía Sendero de los ocres de Roussillon, Francia; Obra del pintor Gustav Klimt, Retrato de Adele Blouch-Bauer, 1907, Nueva York; Fotografía Reflejos de la luz solar al atardecer, de la web www.proyectacolor.cl; Fotografía de los acantilados arcillosos de la playa de Mazagón, Huelva, España.)

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