18 de noviembre de 2014

El Clasicismo francés transformó la tragedia clásica en una inspiración romántica y benéfica.



Los griegos definieron ya claramente la tragedia. El desenlace debía ser necesariamente fatal. No podría ser de otro modo. ¿Cómo si no tendría sentido su significado catártico, su enseñanza moral? El héroe, el que fuese, debía perecer siempre bajo la pesada carga que las cosas o los dioses habían conspirado contra él. Así se desarrollaron las tragedias más clásicas, donde los antiguos mostraban las aspiraciones que los personajes épicos más atrevidos se permitirían tener frente al destino. Como consecuencia el trágico final se llevaba a cabo siempre, para mostrar a todos que las cosas y las decisiones nunca se debían llevar tan lejos... Sobre todo tanto como para retar a los dioses. Pero, también, que siempre la vida supusiera lo mismo para todos, héroes o no, postrados lo mismo todos bajo la inevitable losa ciega del poderoso piélago universo.

El clasicismo trágico de Grecia terminó con Eurípides, el último gran poeta trágico griego. Esto sucedió antes de la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.). Tras su muerte se pudieron representar historias y leyendas, pero nunca con el sesgo trágico de antes. El helenismo, periodo que empieza a la muerte del conquistador Alejandro y termina con el nacimiento de Jesús, glosaría ahora más la escultura, la poesía o la pintura, que cualquier otra cosa artística. Así que la tragedia reposaría el sueño más injusto hasta que Shakespeare la retomase, mucho más tarde, con el brío más moderno y más humano de la historia. Y, luego, pronto llegaría el Barroco y el teatro se hizo más cómico que dramático. Tuvo que renacer el clasicismo a mediados del siglo XVIII para recuperar el drama de nuevo, ahora con una Francia muy clasicista, un país que impulsaría lo que debían ser las verdaderas formas clásicas, aquellas heredadas de las maneras griegas que determinaban, correctamente, cómo debían ser siempre comunicadas las cosas a los hombres.

Pero hubo una leyenda del helenismo basada en una historia real, una historia de aquellos generales griegos que sucedieron a Alejandro Magno en su imperio. Una leyenda que contaba la vida de uno de ellos, de uno de los más importantes sucesores de Alejandro. El general Seleuco (ca. 358 a.C.- 281 a.C.) fue un macedonio que luchó siempre en todas las batallas que libró el gran conquistador griego. A la muerte de éste, sus generales se repartieron el extenso imperio. Seleuco obtuvo Babilonia como reino. Aun así, lucharon todos entre todos, y Seleuco conseguiría luego más reinos hacia el este, hacia Persia y la India. Fue, sin embargo, un gobernante moderado, algo sabio y muy prudente. En el año 300 a.C. se volvió a casar, ahora con una joven princesa macedonia, Estratónice, cuyos cuarenta años de diferencia entre ambos no fueron ningún obstáculo por entonces. De su anterior esposa, Apame, una princesa sogdiana del Asia central, tuvo a su único hijo Antíoco. En aquellos años, los reinos se perdían o ganaban en batallas abiertas y en intrigas palaciegas. Así que Seleuco, unos ocho años después de su boda con Estratónice, designaría a su hijo Antíoco corregente de su poderoso reino.

Pero, le ofrecería además entonces, en el año 292 a.C., algo más a su hijo: a su propia esposa Estratónice y la gobernación de uno de sus reinos. Las razones fueron estratégicas. Al parecer, necesitaría Seleuco la ayuda decidida y leal de su hijo para gobernar con tranquilidad su extenso reino. Sin embargo, los escritores helenísticos posteriores, como Plutarco (50-120), difundieron otra historia, un relato de separación provocada, uno que tendría más una causa de amor que de otra cosa. En las antiguas tragedias griegas el amor, los celos, las traiciones o los engaños eran los elementos que asolarían de sangre, dolor y muerte las leyendas clásicas. Así que esa historia helenística tendría siglos después, en el pleno momento neoclásico (siglo XVIII), un motivo extraordinariamente justificado para componer una verdadera tragedia...Y entonces, como una Tristán e Isolda anticipada, llevarla al teatro más moderno y más clásico por entonces: la ópera y sus alardes musicales tan melodramáticos.

Los compositores franceses del momento, como lo fuera Etienne Méhul (1763-1817), asumieron el reto de crear un drama musical basado en la historia de Estratónice. El compositor Méhul lo llevaría a cabo en el año 1792, en el momento más cumbre del Neoclasicismo francés. En un escrito basado en el relato de Plutarco, recrearía la leyenda de Antíoco y Estratónice con los elementos propios de una historia de amor y no como una excusa política. El relato ahora contaba cómo Antíoco se había enamorado secretamente de su madrastra. Pero como no podía defraudar a su padre, enfermaría Antíoco tanto que Seleuco buscaría la ayuda de uno de los mejores médicos griegos de entonces, Erasístrato. Este galeno griego descubriría el sentimiento que se ocultaba detrás de los síntomas de Antíoco. Y todo gracias a sus observaciones cada vez que Estratónice entraba en la alcoba donde el enfermo reposaba. Entonces vería Erasístrato como Antíoco emperoraba más en presencia de ella, se alteraba su pulso y palpitaba su pecho. Así que, decidido, un día, delante de todos, el médico griego señalaría a ella como la causa segura de la terrible enfermedad de Antíoco.

Los pintores habían creado desde mucho antes, por ejemplo el pintor barroco-rococó italiano Antonio Bellucci en el año 1700, obras con el instante del descubrimiento de la enfermedad de Antíoco. Pero fue el Neoclasicismo el estilo que mejor llevaría la historia clásica a su representación más elogiosa. Dos pintores neoclásicos franceses, David y su discípulo Ingres, compusieron sus obras Antíoco y Estratónice en los años 1774 y 1840, respectivamente. Y con esa magistral forma de hacerlo que llevará de relatar una historia clásica a ser representada ahora como la más romántica de todas. Porque, ahora no era realmente una tragedia... Ahora para nada la traición, ni la ofensa, ni el engaño ni la muerte. Al conocer por su médico la causa de la enfermedad de su hijo, Seleuco entregaría su esposa a éste para salvarle su vida. Pero, sin embargo, todo eso fue inventado en esta leyenda... Porque ni su hijo enfermó en el palacio de su padre ni enfermó de amor, ni Erasístrato lo pudo atender entonces (año 292 a.C.), ya que éste tendría sólo trece años (había nacido el médico en 305 a.C.). Así que, más de veinte siglos después, el final imposible de una tragedia griega, esa representación fatídica y mortal, se habría convertido ahora en posible, en real, en benéfica, aunque algo ficticia, gracias al neoclasicismo francés de aquellos años y a su, sin querer, forma ahora tan romántica de hacerlo.

(Óleo Antíoco y Estratónice, 1774, de Jacques Louis David, Museo de Bellas Artes de París, Francia; Lienzo Antíoco y Estratónice, 1840, Jean-Auguste Dominique Ingres, 1840, Museo Condé, Francia; Cuadro barroco Antíoco y Estratónice, 1700, Antonio Bellucci, Kassel, Alemania.)

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