16 de marzo de 2016

El inicio de una época en el Arte, la audacia de Cézanne o el posibilismo de la inestabilidad.



En los grandes creadores hay una sutil combinación de identidad de momento histórico y audacia creativa. Para esto los autores deberán ser sinceros con su Arte y con su vida. La autenticidad de las emociones debe ser reconocida en ellos de una forma: no vivirán otra cosa más que lo que creen con su Arte, y no crearán otra cosa más que lo que vivan sin él... El Impresionismo trataría inútilmente de seducir al pintor Paul Cézanne (1839-1906). Tuvo grandes motivos para ser impresionista. Uno de ellos lo fue su gran amigo Pissarro, el más esencial y primigenio impresionista de la historia. Sin embargo, aunque aceptaba Cézanne la autonomía e independencia que esa nueva tendencia suponía, no participaba de la superficialidad que -según Cézanne- el Impresionismo mostraba con respecto a dos cosas que para él eran fundamentales: la emocionabilidad y la intelectualidad del Arte. Para Cézanne estas dos cuestiones eran necesarias para desarrollar una obra pictórica de relieve. Esa audacia crítica y el sentido tan personal que tuvo Cézanne, a pesar de las oposiciones a su deriva plástica, llevaron luego a justificar el Arte Moderno como ningún otro creador haya sido capaz de hacerlo. Es a él a quien todo eso que vino después -el Arte moderno- le debe el poder haber sido posible en la historia.

Pero entonces su deriva artística solo fue un gesto personal, un estilo peculiar e individual no una idea compartida ni promovida, solo fue un estilo muy personal y sin trascendencia. Albergar teorías iconológicas o socioculturales es una pretensión suicida a veces, pero, sin embargo, seguiremos haciéndolo con el ancho parecer que el Arte nos permita gracias a su generosidad emotiva y expresiva tan subjetiva. La generosidad emotiva provocada además en el alma humana ante las sombrías fluctuaciones de una sociedad vertiginosamente peligrosa, entonces tan antipersonal o inhumana como fuera la sociedad finisecular del siglo XIX. La vida del pintor Cézanne fue la vida de un hombre insatisfecho. Él representaba el paradigma del ser perdido a causa de una sociedad vertiginosa. Un ser humano que entonces, a pesar de la sociedad burguesa como refugio poderoso, no encontraría un atisbo de paz en nada que le llevase a conciliar momento vital, Arte y sociedad acosadora. Aquí vemos dos obras de Cézanne llevadas a cabo durante el período 1899-1905, obras que expresan el sentido visualmente salvador que el autor esgrimiría ante su vida con una capacidad de expresión tan revolucionaria y atrevida. Las comparamos con dos obras impresionistas de Renoir. Es la misma temática, pero en Cèzanne vemos un modo diferente de encarar el Arte con el apasionante mundo simbólico del artista.

Porque en sus obras hay ruptura, hay geometría diferenciadora y aperturista -la que llevaría al volumétrico cubismo-, hay desgarro de colores y de contornos, algo que llevaría ineludiblemente al Arte Moderno. Todo eso y mucho más hay en Cèzanne, sobre todo cierta desazón existencial, una crítica profunda a la sociedad de entonces a través de las formas nuevas expuestas en el lienzo. En su naturaleza muerta Cézanne modifica el Impresionismo con su sentido radical de expresión de las cosas: éstas son lo que son siempre indiferentemente de la luz que reciban. Las formas no corresponden ya a una sola perspectiva, son formas independientes incluso de su propia naturaleza física. Pero no sólo hace esto el gran postimpresionista, sino que lleva el Arte a un personal simbolismo emotivo para expresar la insensibilidad de una sociedad cada vez más inhumana.  En su obra Manzanas y Naranjas del año 1899, Cézanne nos muestra una estabilidad imposible: ¿cómo se mantienen estables algunas -no todas, como sucederá también con las personas- de esas frutas redondas sin perecer en el abismo, sin caer desde el lugar inestable donde se encuentran? Hay formas, como el plato de la izquierda, que soportarán varias frutas que ahora están en un equilibrio claramente inestable. ¿Qué rara superficie es esa que sostiene todo ese conglomerado de formas que parecen flotar más que sustentarse?

En su otra obra postimpresionista Las grandes bañistas, producida en el año 1905 -un año antes de morir-, Paul Cézanne llevará ese mismo mensaje de esperanza, su posibilismo inestable -es posible sobrevivir a pesar de la inconsciencia-, al mayor efecto de grandiosidad artística tan moderna. La obra es definitoria en ese mensaje salvador, ya que, ¿cómo pueden sostenerse algunas figuras humanas ahora sin caerse?, ¿cómo se mantienen así, tan inclinadas, sin derrumbarse ahora en el abismo existencial de su inestabilidad? Pues por lo mismo que el creador nos transmite en su obra modernista: inestabilidad y posibilidad. ¿Es una contradicción? ¿Cómo aunar ambas cosas?, ¿cómo conseguir transmitir que es posible seguir creyendo en la vida y sus tendencias a pesar de las sensaciones demoledoras o inestables que la sociedad provoque? Esto fue lo que -además de una nueva expresión de formas, geometrías, colores y perfiles- consiguió hacernos percibir Cézanne con su nueva generación artística.

(Obras de Paul Cézanne: Manzanas y Naranjas, 1899, Museo de Orsay, París; y óleo Las grandes bañistas, 1905, National Gallery, Londres; Obras de Renoir: Vida con frutas tropicales, 1881, Instituto de Arte, Chicago; y su obra maravillosa del mejor impresionismo, Almuerzo de Remeros, 1881, National Gallery de Washington.)
  

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