La maravillosa producción artística pictórica creada en la ciudad de Sevilla hubiese dado para albergar el museo de pintura más grande de todo el planeta. Y no fue sólo la Contrarreforma la que motivaría esa producción, ya que, antes incluso, la cantidad de monasterios e iglesias de la ciudad fueron clientes afortunados de grandes pintores del Renacimiento o del Manierismo. Pedro de Campaña, pintor de origen flamenco, trabajaría en Sevilla desde, al menos, el año 1537. Pintaría dos descendimientos de Cristo en Sevilla, uno para el convento dominico de Santa María de Gracia en el año 1537 (aprox.) y otro para la iglesia de Santa Cruz en el año 1547. Las obras entonces eran sufragadas por mecenas que las abonaban al pintor para instalarlas en los retablos de algunas capillas. El primer Descendimiento de Cristo de Pedro de Campaña, el del año 1537 para el convento dominico sevillano, fue una obra maestra muy extraordinaria del Manierismo. Aunque el Renacimiento llegaría a la ciudad de Sevilla desde finales del siglo XV sobre todo en arquitectura, no sería sino el Manierismo el que triunfara en el Arte pictórico. Esa forma tan delicada y dramática del Manierismo fue muy atrayente para la iconografía demandada en la ciudad hispalense. Así que ese descendimiento de ese retablo dominico causaría una gran sensación en Sevilla, tanta sensación que, unos diez años después, en el año 1547, otro cliente de Campaña, don Fernando de Jaén, le pediría al pintor flamenco que le hiciera otro descendimiento, esta vez para la iglesia de Santa Cruz, "tan bueno o mejor que el que había hecho para Santa María de Gracia". Cuentan que cuando Murillo, cien años después, pasara por Santa Cruz muchas veces para ver esa obra manierista, al preguntarle el sacristán qué hacía tantas veces sentado mirándola, el célebre pintor barroco le diría: "que estaba esperando a ver cuando acababan de bajar de la cruz a aquel Divino Señor". Sin embargo, Campaña no había hecho en 1547 una obra mejor que la del convento dominico. Este Descendimiento de Cristo del año 1537 de Pedro de Campaña era, y es, una obra maestra del Manierismo no igualada jamás en el Arte. La obra estuvo en ese retablo de Santa María de Gracia hasta que los franceses la sacaron del templo sevillano en el año 1812. Pero no acabó en manos francesas, sin embargo. Un personaje ambiguo nacido en Sevilla, Alejandro María Aguado, militar y adinerado hijo de la ciudad, se acabaría pasando a las filas francesas de aquella Sevilla acomodaticia. Afrancesado y militando en las tropas de José Bonaparte, Aguado terminaría abandonando Sevilla y España al acabar perdiendo Napoleón su poder en la Península y se llevaría la obra de Santa María de Gracia a Francia para adornar su palacio parisino. De su enorme fortuna acumulada por negocios muy beneficiosos, parte la dedicaría a salvar sus remordimientos patrios al favorecer préstamos a España cuando ningún banquero europeo lo hiciese en aquellos años posteriores a la guerra de la independencia. Pero nunca devolvió aquel descendimiento de Campaña; hoy en día cuelga de la pared de un museo francés en Montpellier.
El Arte tuvo en el descendimiento de Cristo un motivo extraordinario para realizar una iconografía muy impactante de tan narrativa, argumentada y teatral que su magistral composición supusiera en la historia del Arte. Desde que Roger van der Weyden compusiese la suya en el año 1443, o antes, los pintores quisieron imitar esa puesta en escena evangélica con otras tantas y originales obras artísticas. Para esta selección de obras manieristas y barrocas, dos de los estilos más elogiosos para poder evocar una representación de esas características tan grandiosas, he elegido a cinco pintores: dos flamencos, un italiano, un holandés y un español. Antes que el flamenco afincado en Sevilla pintase su extraordinario descendimiento en el año 1537, un pintor italiano pintaría el suyo en el temprano año 1521. Rosso Fiorentino crea en ese año un descendimiento manierista temprano verdaderamente magistral. Aquí vemos la escenografía tan original del Manierismo: sin dramatismos sangrientos, sin dolor, casi fingidos los gestos por su manera tan exagerada de expresar posiciones anatómicas artísticas tan elaboradas. Es Arte puro, es creación de Arte para llevar la iconografía al sentimiento de la forma expresiva más auténtica por serlo realmente, no ya por parecerlo... Porque no parecen ahora seres abatidos ni serán momentos dramáticos los suyos de un padecimiento humano muy desgarrador. Sin embargo, por esto mismo es Arte, un Arte maravilloso como nunca se habría creado antes ni después otro igual. Son estatuas pintadas, son elementos individuales que se relacionan por otra cosa que por los sentimientos o las afinidades: se relacionan por ser partes de un entramado artístico único, desarrollado para ser pintado de una forma que sólo puede ser vista con los ojos del asombro y de la admiración artística, en absoluto ahora por una admiración ética o histórica o espiritual incluso. Por esto no fue un arte contrarreformista verdaderamente; para esto el Barroco ganaría la apuesta iconográfica más espiritual...
El mismo año que Pedro de Campaña pintase el Descendimiento de Santa Cruz, hoy depositado en la Catedral sevillana, el año 1547, otro pintor, en este caso español, Pedro Machuca, pintaría su maravilloso, genial y manierista Descendimiento de Cristo. En el año 2021 el Estado Español compraría otro descendimiento de Cristo, de menor tamaño, de este mismo pintor creado en el año 1520. Y ahora vengo además a cuestionar las valoraciones económicas del Arte. La obra fue adquirida por el Estado, con su favorecida forma de derecho de tanteo, en 147.000 euros. Si el valor real de una obra fuese el económico, sería una broma esa tasación... La otra obra de Machuca, realizada tiempo después, se encuentra en el museo del Prado y es una composición muy excelsa de una puesta en escena manierista que desarrollará toda una liturgia artística de belleza, armonía, gestos, narración y extrañeza artísticas... Para poder contrastar en esta temática evangélica los dos grandiosos estilos del Arte, el Manierismo y el Barroco, he elegido a dos maestros barrocos tan geniales que no han podido nunca superarse en la historia de unos descendimientos de Cristo tan extraordinarios. Rembrandt, al igual que Rubens, pintaría varios descendimientos, pero he elegido estos dos de ellos por parecerme los más geniales, si cabe. En el descendimiento de Rembrandt es ahora la fascinación del uso de la luz y de las sombras para hacer de una narración ahora tan sutil una obra maravillosa de Arte sorprendente. En Rubens es la composición más conseguida de una escena mística narrada desde posiciones humanas tan extraordinarias, que nada podría hacerse así otra vez, ni igualarse, en formas, en colores, en movimientos, en detalles y en sagrada espiritualidad tan grandiosa y luminosa. Hay más belleza en Rubens y, sin embargo, más sutilidad en Rembrandt... La belleza en Rubens es tangible, es táctil, es curvilínea, es material, es fascinante. La sutilidad en Rembrandt es poética, es etérea, es nebulosamente sobrecogida por una especial manera de componer, sin ocultar nada, salvo por las sombras, la realidad sufriente de unas formas humanas tan vulnerables como improvisadas ahora muy artísticamente.
(Óleo El Descendimiento de la Cruz, Pedro Machuca, 1547, Museo del Prado; Cuadro manierista del pintor italiano Rosso Fiorentino, El descendimiento de Cristo, 1521, Pinacoteca de Volterra; Lienzo Descendimiento de Cristo, 1547, del pintor flamenco Pedro de Campaña, Museo Fabre, Montpellier; Óleo El Descendimiento de la Cruz, 1634, Rembrandt, Museo del Hermitage; Obra barroca de Rubens, El Descendimiento de la Cruz, 1617, Museo de Bellas Artes de Lille, Francia; Lienzo Descendimiento de la Cruz, 1520, Pedro Machuca, Museo Nacional de Escultura de Valladolid.)






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