14 de septiembre de 2009

Una expedición de vida: una enfermedad, un pueblo y un gran hombre.



Cuando la corbeta española María Pita abandonara el puerto de La Coruña (España) el 30 de noviembre del año 1803, nunca en toda la historia habría sucedido que una travesía marítima se hubiese originado para tratar de salvar a miles y miles de vidas humanas. Años antes, el científico y médico inglés Edward Jenner (1749-1823) había descubierto que las ordeñadoras de vacas adquirían una variante leve de la viruela. Un procedimiento que luego, usándose posteriormente en un niño previamente infectado de viruela, lograría que éste no muriese por esa enfermedad terrible. La leche vacuna no llegaría a España sino hasta el año 1800, pero, por entonces, los médicos observaron muy pronto las enormes ventajas de la vacunación. El rey de España Carlos IV promovió y financió una expedición para llevar la vacuna a todo el inmenso imperio hispano durante aquel comienzo de siglo XIX. Fue su médico personal, Francisco Javier Balmis (1753-1819), el hombre que convencería al monarca español y acabaría organizando así tan maravillosa y humanitaria gesta.

La expedición se prolongaría hasta el año 1814, once años durante los cuales Balmis recorrería miles y miles de kilómetros por todo el continente americano, el Pacífico y las islas Filipinas, hasta llegar a la China incluso. El problema de la vacunación en aquellos años era transportar la vacuna, pero el doctor Balmis idearía algo insólito: inocularla en varios niños, a los cuales a lo largo de la travesía se les iría traspasando de unos a otros. Jamás se había realizado hazaña semejante. El propio descubridor de la vacuna, Jenner, escribiría luego: No puedo imaginar en los anales de la historia que se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y amplio que este. Al llegar a Caracas fueron recibidos con agradecimiento y cariño. El entonces poeta venezolano Andrés Bello (1781-1865) dejaría escrito un canto poético a la gloria de la expedición y a la de su paladín, Francisco Javier Balmis.

Y a ti, Balmis, a ti que, abandonando
el clima patrio, vienes como genio
tutelar de salud, sobre tus pasos,
una vital semilla difundiendo,
¿qué recompensa más preciosa y dulce
podemos darte? ¿Qué más digno premio
a tus nobles tareas que la tierna
aclamación de agradecidos pueblos
que a ti se precipitan? ¡Oh, cual suena
en sus bocas tu nombre!... ¡Quiera el cielo,
de cuyas gracias eres a los hombres
dispensador, cumplir tan justos ruegos:
tus años igualar a tantas vidas,
como a la Parca roban tus desvelos;
y sobre ti sus bienes derramando
con largueza, colmar nuestros deseos!


(Imagen de Francisco Javier Balmis; Grabado de una Corbeta de la época; Fotografía de Puerto Rico, primera parada de la Corbeta María Pita; Imagen con el mapa de la travesía americana; Fotografía del monumento a María Pita -heroína gallega ante los invasores ingleses de La Coruña en el siglo XVI que dió nombre a la Corbeta-, en una plaza de la ciudad de La Coruña, España, desde donde salió la expedición.)

1 comentario:

Anónimo dijo...

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