24 de julio de 2012

El artificio artístico más natural y desapegado, indiferente, romántico y genial.




El Romanticismo se prodigaría mucho más que otras tendencias en destacar -duplicar a veces- el contraste de una misma o parecida representación visual. Y esto fue así porque para los románticos cualquier escenario que cumpliera con la esencia del requisito emocional podía ser transformado, reutilizado o cambiado levemente. Daba igual lo que se hiciera, pero, eso sí, siempre que su sentido principal nunca se obviara... El núcleo de su motivación, su impronta ideal, su mensaje espiritual y trascendente eran sólo uno, algo que el autor romántico sabría definitivo, inmortal o permanente. El resto, poco importaba. Y es por eso que algunos pintores de esta tendencia duplicaron, sin pudor a veces, su deseada e inspirada obra original.

Uno de los creadores más curiosos del Romanticismo inglés del siglo XVIII lo fue Joseph Wrigth de Derby (1734-1797). Su adscripción romántica estaría entonces situada entre un bello Neoclasicismo y un suave y sutil Realismo, ésta una forma artística de crítica social. Pero ahora distanciándose siempre del resultado de esa crítica, sólo mostrándola sin comprometerse, sin emociones parciales ya que aún no era el momento de criticar abierta, desgarrada y claramente. Esos románticos dieciochescos recurrirían a lo elaborado de la luz y del color, pero también al sesgo o al gesto heroico, ideal, pomposo o emotivo de la creación para llegar a los espíritus sensibles más que a otra cosa. Sin embargo, Wrigth de Derby conseguiría adelantarse a su época y mostrar ahora con belleza cosas reales, cosas más duras, hirientes o humanamente sobrecogedoras.

Como en su obra Experimento con un pájaro en una bomba de aire. En el siglo de la ciencia experimental y del todo vale para descubrir la verdad, el creador nos presenta una imagen estremecedora. Un investigador de la incipiente ciencia reúne a varias personas, entre ellas niños, para enseñarles ahora el vacío, entonces algo innovador y sugerente. Pero no se le ocurre otra cosa que expresarlo crudamente: dentro de una bomba al vacío de cristal utilizar un pájaro ahora como segura prueba de su efecto. La obsesiva búsqueda científica en aquellos años, reflejada en este experimento, no se frenaría ante nada. Y el pintor retrata incluso el gesto abrumado de una niña asustada y rodeada aquí de un entorno oscuro y misterioso. No desvelará el autor el final del experimento, si el animal debe morir o no sin aire. Lo deja sin mostrar, sin saber si perece o no el pájaro, sin sufrir aún del todo la insidiosa realidad de otras tendencias.

Pero lo que sí experimentó el pintor fue repetir el mismo tema con su romántica forma de crear. En sus viajes por Nápoles descubrirá Wrigth de Derby la fuerza salvaje de una vida natural, frenética y violenta, a la vez que maravillosamente bella y poderosa. Y de esa misma forma pintaría el volcán Vesubio -que lo vió erupcionar una vez-; pero pintaría también las agrestes grutas de unos bandidos; y pintaría la dura y hermosa luz de una naturaleza diferente, muy diferente de las verdes campiñas inglesas de Derby. En el año 1774 compone su obra Caverna cerca de Nápoles, una hermosa cueva al lado del mar que enmarca aquí un hermoso paisaje mediterráneo, sugerente, sereno y prometedor. Pero cuatro años después la vuelve a pintar, ¡también la misma!, y desde el mismo lugar. Posee su misma fuerza nuclear -su misma esencia romántica-, pero es ahora completamente distinta.

Porque ahora la presenta llena de bandidos que la habitan, seres inmisericordes con la vida de los otros. Refugiados así en un maravilloso lugar donde esconden las remesas viles de sus actos. Pero es aquí otra cosa lo que cambia verdaderamente ahora: la luz poderosa de la tarde. Porque es el atardecer el que ilumina, amarillento, toda la gruta..., ahora más hiriente en sus contornos. Porque es un refugio de piratas lo que vemos, de violentos seres marginados que se ocultan, sin embargo, en ese lugar extraordinario. Lejos quedarán el paisaje encantador y las tranquilas aguas, los perfiles de una torre romántica o de una montaña señalada, de las alegres nubes inocentes o del resplandor más transparente de una sombra. Ahora, a cambio,  todo es aquí más tenebroso, más recogido y monocolor, pero, también, del todo pasional y poderoso...

Cuando los británicos quisieron implantar su imperio en norteamérica, lucharon denodadamente contra todos, contra franceses, contra indios y hasta contra los suyos propios, los patriotas americanos. Durante casi medio siglo lucharon en lo que se dio en llamar Guerras de América. Ganaron casi todas las batallas pero acabaron perdiendo la guerra. Sus hombres también murieron allí, entregando sus vidas y las de sus familias. Y es así como Wrigth de Derby crea su genial obra La muerte del soldado. Pero pintaría el creador inglés dos versiones diferentes de la misma escena bélica. ¿Por qué lo hizo? ¿Había algún motivo para eso? Porque la idea de la obra, que se basa en un verso de un poeta inglés de entonces, trata de la desolación de los hijos ante la pérdida de un padre herido mortalmente en la guerra. El encuadre genial de la pintura mantiene postrada a una viuda y una madre frente al cadáver del soldado y el esposo. El pequeño acaba de dejar el pecho de su madre y nos mira a nosotros, él es el único que, sin saberlo exactamente, nos transmitirá ahora el desconsuelo más triste de la imagen.

Pero, detrás de ellos está aún la guerra, representada aquí por cañones y algún que otro soldado al fondo de la obra. Ésta debe ser la obra original; este cuadro se encuentra hoy en Inglaterra. Pero hay otra obra, otro cuadro casi igual y exacto en su poético mensaje. Aunque, sin embargo, no con el mismo fondo de la guerra... Fue cambiado ese fondo. ¿Por qué lo fue? No lo sé. Sólo sé que este último cuadro está en América, en un museo norteamericano. Para este destino americano, supongo, sería eliminado su original contexto, su entorno histórico real y su cruel verdad auténtica. Probablemente se expuso con el fondo original al principio en ese museo norteamericano. Pero, luego, se cambió. Porque para entonces la fuerza romántica de lo que aquel poema denunciaba, la fuerza de una familia desgarrada, eran ahora lo importante... y no la guerra. El resto, los símbolos de un conflicto repudiado y doloroso, ya olvidado por entonces, no debían ahora desvirtuar, sin embargo, todo aquel hermoso, poderoso y tan romántico mensaje.

(Óleo Una gruta con bandidos en Nápoles, 1778, Joseph Wrigth de Derby; Cuadro Caverna cerca de Nápoles, 1774, Joseph Wrigth de Derby; Óleo Muerte del soldado, 1789, Joseph Wrigth de Derby, Inglaterra; Cuadro La muerte de un soldado, 1789, Joseph Wrigth de Derby, EEUU; Experimento con un pájaro en una bomba de aire, 1768, Joseph Wrigth de Derby, Tate Gallery, Londres.)

2 comentarios:

lur dijo...

Vaya, un artista que mostraba el mismo cuadro con diferentes matices.
Quizás estaba condicionado por su situación emocional en circunstancias puntuales, pero claro eso nunca lo sabremos.
Un saludo.

Arteparnasomanía dijo...

El Arte, por entonces, era mucho más de lo que hoy entendemos por él. Era la televisión, la fotografía, la internet de entonces. Había que comunicar, y cualquier matiz servía para añadir mucho a un mensaje...con Arte.
Un abrazo.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...