18 de junio de 2013

Plegaria de una vida desatenta, inconexa, irónica y melancólica..., o el fulgor del Arte.



¿Qué más decir sobre la extraordinaria forma de describir las cosas más importantes de la vida que tiene el Arte? Los creadores han tenido ocasión de hacerlo en todas las tendencias, estilos, formas y gustos particulares. Pero en la azarosa manera que, a veces, se tiene de encontrar una obra justificadora es ahora Edward Hopper (1882-1967) el autor que consigo traer, con estas dos creaciones suyas, para acercarme así lo más posible al sentido del título de la entrada.

Titulada Soir Bleu, la primera obra de Hopper utilizará un simbolismo expresado y manejado por el poeta francés Rimbaud: En las tardes azules (soir bleu) de verano, iré por los senderos... Con ese nombre quiso entonces el pintor norteamericano componer materialmente tanto el fondo de su obra -toda más o menos en color azul- como aquella sensación poética tan decadentista... Pero, sobre todo, es ahora la representación más acertada de la comedia humana, esa comedia que todos ejecutaremos en algunos de nuestros diferentes, solitarios, ridículos o desentonados momentos que tendremos oportunidad vital para hacerlo. 

¡Qué extraño grupo de personas!, unos seres que nada tienen que ver entre ellos y que se sitúan ahora juntos en un mismo escenario. Siendo éste, sin embargo, un escenario propicio a la uniformidad, a la alegre distensión o al divertimento general. Pero la figura enigmática y solitaria del payaso, del pierrot disfrazado, nos dejará pasmados sin remedio, incluso alarmados por el gesto indefinible y a la vez tan duro y tan desgarrador. Simboliza, acaso, la risa y la agonía, la triste alegría pasajera pero compartida aquí con los demás, con los que nada tienen que ver con él... Porque algunos personajes marginados se retratan, además, en un sentido ahora opuesto pero inevitable. Prostitutas, galones atrabiliarios, artistas, obreros y caballeros se emplazan todos aquí mezclados, en un collage ahora ya muy sorprendente.

Es como la vida, del todo inconexa. Es como la vida, irónica y melancólica. Y el pintor norteamericano Edward Hopper alcanza a conseguir aquí, en esta impactante obra, algo magistral y original, algo que, ¿cómo se podrá expresar mejor que con esta sincera imagen? Y en tan poco tiempo de visión, además -no necesitamos mucho tiempo para comprenderlo-, de dedicación ahora a entender lo que el autor quiso expresar en su obra: la absurdidad de la vida y de sus cosas. Y el propio creador, al final de la suya, de su observadora vida, volvería a utilizar los mismos personajes cómicos para representar ahora otra obra aún más enigmática todavía: Dos cómicos, del año 1966. Qué otra cosa mejor ahora para tratar de decir, ¡a gritos! -como hace el Arte-, que la vida no merece siquiera casi nunca la pena de tomarse en serio.

(Óleo Soir Bleu, 1914, Edward Hopper, Nueva York; Cuadro Dos cómicos, 1966, Edward Hopper, colección privada.)

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...