28 de octubre de 2013

La genialidad artística tan sólo inspirada frente a la audacia, la imitación o la simpleza.



Cuenta una leyenda que cuando el genial paisajista -y precursor impresionista- inglés Turner estuvo en su querida Roma, pintaría en el año 1828 su obra de Arte Jessica, un lienzo basado en el personaje literario de la hija de un judío usurero de un drama de Shakespeare, El Mercader de Venecia. Años después, cuando el pintor romántico británico era muy mayor, contaría él mismo la anécdota de la causa de haberlo pintado entonces. En aquellos años discutía con algún colega pintor sobre su predilección por el color amarillo, un tono muy habitual en sus creaciones artísticas románticas. Le dijo entonces el crítico pintor a Turner: Un fondo amarillo está muy bien en los paisajes, pero no en un retrato. Turner, a cambio, le contestaría: Los retratos no son mi estilo, pero me comprometo a pintar el retrato de una mujer con un fondo amarillo... si Lord Egremont le ofrece un lugar en su galería.

El gran artista romántico se habría inspirado antes en Rembrandt y su genial obra Muchacha apoyada en la ventana, del año 1645. El extraordinario pintor holandés del Barroco compuso esa sencilla obra con los elementos propios de su claroscuro militante, pero, además, reflejaría más cosas intangibles..., algunas más que en muchas de sus otras escenas barrocas y grandiosas. Aquí, por ejemplo, consigue Rembrandt crear en un lienzo la inconfundible emoción de la timidez más inocente, reflejada ahora en el semblante y gesto de la muchacha apoyada en su ventana. Aun resguardada tras su protegido y alejado lugar, no puede ahora evitar el personaje retratado -la inocente joven- una cierta sensación sobrecogida, una aprensión indeterminada a lo que mira ahora fuera de ella misma... Y el gran pintor holandés alcanzaría aquí la genialidad más grande... al obtener así -eternizado en su obra maestra- ese maravilloso instante retratado de un rostro femenino.

Turner lo sabría, lo admiraría, y lo utilizaría después para inspirarse. Pero, no para copiarlo, ni para representarlo de una forma parecida al sentido que le diera el genial holandés, no, sino para hacer ahora, con esa misma inspiración, otra cosa distinta. Esta es una de las particularidades específicas de la genialidad artística... Es lo que consigue hacer ahora aquí el creador romántico inglés en su creativo retrato de la deseosa Jessica. Consigue Turner hacérnoslo ver con ese mismo gesto preocupado de antes -el del retrato de Rembrandt-, pero, ahora, por otra cosa muy diferente: por la espera ansiosa de un amante... Pero, además, todo está rodeado aquí aún más de un color amarillo, de un color amarillo resplandeciente, luminoso, espectacular, paisajístico casi, tan propio de esos grandes escenarios románticos de Turner, donde él abunda aquí ese sugerente, metafísico y muy difícil color para un retrato.

El personaje retratado de Jessica, al igual que el de Rembrandt, se sitúa también en una ventana. Según relata el drama de Shakespeare, entonces su padre -el judío usurero- se ausentaría una noche de casa, pero ahora le dice a ella antes de marchar: Ve adentro hija mía; no olvides lo que te he mandado. Cierra puertas y ventanas, que nunca estará más segura la joya que cuando bien se guarda. Ella, pensativa, se dirá minutos después, justo en el momento elegido por el pintor para su obra: Mala habrá de ser mi fortuna para que, muy pronto, no nos encontremos yo sin padre y tu sin hija... Y Turner la pintaría así, convencida ahora de su mendaz acto -lo abandonará todo por su taimado e interesado amante-, pero ahora, además, la retrata el pintor con un gesto muy sombrío en su rostro, uno muy deslucido además -impresionistamente deslucido-, algo propio, sin embargo, para expresar así un cruel y terrible autoengaño...

Otros creadores pictóricos, de audacia y factura artística demostrada, no conseguirían, a cambio, llegar a esa genialidad tan deseada de Turner o Rembrandt. Por ejemplo, Hans von Aachen, un pintor alemán manierista (1552-1616) que alcanzaría a brillar alguna vez con su composición -entre manierista y barroca- Baco, Venus y el Amor. Pero, como buen seguidor de su tendencia clásica, compone sus obras del mismo modo, sin salirse nada de lo de antes, es decir, seguidas por la misma forma de crear que sus antecesores. Trata el pintor alemán de ser original y audaz con otra obra suya, Los cinco sentidos, el tacto. Pero, no obtendrá lo que el Arte sólo ofrece a sus genios más inspirados... El pintor Jan van Bylert (1598-1671), representante del Barroco tenebrista holandés, fue capaz una vez de lograr algunos efectos de luces y miradas, pero, sobre todo, sería un magnífico seguidor de la escuela caravaggista de su tiempo. No acabaría por encontrar su propio lugar en lo que hizo, aunque lo que hizo lo hiciera muy bien, correctamente imitado de lo que aprendiera, muy bien también, de su maravillosa tendencia barroca.

(Óleo de Rembrandt, Muchacha en la ventana, 1645; Obra Jessica, 1830, de William Turner, Tate Gallery, Londres; Lienzo Baco, Venus y el Amor, 1600, de Hans von Aachen, Museo de Finas Artes, Viena; Obra El tacto, de su serie Los Cinco Sentidos, ignoro fecha, del pintor alemán Hans von Aachen; Óleo La cortesana, ignoro fecha, del pintor holandés Jan van Bylert.)

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