11 de marzo de 2014

Alegoría de la muerte de un estilo, el clásico o académico, y del nacimiento del Arte moderno.



Fernand-Anne Piestre, conocido también como Fernand Cormon (1845-1924), fue un gran pintor francés nacido y educado en la más clásica de las enseñanzas pictóricas de su tiempo. Miembro de la Academia francesa de las Artes, crearía obras muy apetecibles de ver por un público todavía deseoso de lienzos clásicos, llenos de belleza, exotismo y una muy sutil crueldad insinuada. Obras de Arte que combinarían líneas clásicas con unas fervientes sensaciones rodeadas de dramatismo, vigor, sensualidad o grandeza. Pero, acabaría comprobando el creador francés que los años finales del siglo XIX llevarían a inspirar otras nuevas semblanzas en el Arte. Unas semblanzas provocadas por los nuevos pintores postimpresionistas, unos artistas muy modernos que no acabarían de sentir, ni siquiera con su tendencia parcialmente impresionista, la pasión tan clásica que ya no desearían nunca más mostrar en sus obras.

En la transitoria década artística de los años setenta del siglo XIX, Cormon había creado, sin embargo, dos obras todavía muy significativas de la fortaleza que cierto Arte clásico, orientalista además, tendría entre un público abatido por la crisis que acababa -o comenzaba- de asolar a Francia con la guerra Franco-Prusiana y el advenimiento de la III República. Y entonces compone Fernad Cormon en el año 1870 su impresionante, académica, clásica, exótica y muy bella, obra de Arte La favorita depuesta. En ella vemos parte de un harén oriental donde ahora la -hasta entonces- favorita del sultán dejará de serlo frente a la radiante, encantada, sustituta y nueva flamante favorita. La cedente se sitúa a los pies de la nueva elegida, pero ahora se muestra ella sollozante, totalmente abatida, derruida sin consuelo, abrazando así, con sus cabellos y sus manos, el pie desnudo, blanco y reluciente de la que, ilusionada, tomará el relevo de su majestuoso, neófito, ultrajante y efímero protagonismo. 

Pocos años después, el pintor vuelve a su exotismo oriental para crear otra impactante obra, con una inspiración parecida aunque, sin embargo, mucho más sensacionalista por su mayor crueldad y dramatismo. Esta nueva obra no está tan llena de dolor, o de altiva suficiencia, como sí lo estuviera la otra, sino que ahora es aun de muerte, de sangre, de terminación definitiva y hasta de una muy desorbitada y voluptuosa satisfacción. Todo eso es lo que, muy expresivamente, vemos aquí en una de las atractivas y envidiosas odaliscas -mujeres del harén-, provocado por la desaparición mortal de la anterior elegida, la que hasta entonces fuera hermosa y bella favorita. Tal fuerza consiguió el autor academicista en su obra de Arte, Muerte en el serrallo, que le sería otorgada una medalla por su talento artístico en la Exposición Universal del año 1878. Sin embargo, Cormon, insatisfecho ahora con su estilo clásico, avanzaría en su búsqueda de los cambios que los nuevos tiempos traerían en el Arte. A finales de la década de los años ochenta, marcharía a Bretaña con otros pintores vanguardistas y pinta otras cosas, otros paisajes, otros atardeceres y otros instantes diferentes..., como el que terminará haciendo, inspirado, en el nada ahora exótico ni clásico puerto francés de Concarneau.

Pero, su mayor acierto fue crear por entonces su propia academia, taller o escuela de Arte en París. Hasta ella acudieron muchos alumnos y pintores en ciernes, buscando su magisterio y sabiduría. Unos pasaron y aprendieron, y sólo rozaron luego la historia meramente... Otros pasaron, aprendieron, y gozaron del mayor de los encumbramientos que un nuevo acontecer artístico -el Arte Moderno- les hiciera brillar en las más grandes muestras de la historia... Archibald Standish Hartrick (1864-1950) fue uno de esos mediocres pintores modernos que habían conocido a los grandes creadores postimpresionistas en la famosa escuela de Cormon. En el año 1886, Hartrick se reune con el pintor Gauguin en Pont-Aven, aquel idílico y artístico lugar de la costa francesa donde algunos creadores comenzaban a revolucionar el Arte. Poco después, a finales de ese mismo año, Hartrick regresa a París... y conoce al genial Van Gogh. Todos ellos habían acudido anhelosos al taller clásico del maestro Cormon, aquel creador apasionado que retratara aquella muerte requerida. Todos ellos para formarse ahora en un Arte clásico..., un Arte sin embargo que nunca, nunca más, volvería a iluminar el orbe artístico del mundo como hasta entonces lo hiciera.

(Óleo de Fernand Cormon, Muerte en el serrallo, 1874, Museo de Bellas Artes de Besançon, Francia; Obra La favorita depuesta, 1870, del pintor francés Fernand Cormon; Retrato de Vincent van Gogh, del pintor británico Archibald S. Hartrick; Autorretrato de Archibald S. Hartrick, 1913, National Portraid Gallery, Londres; Ilustración de Archibald S. Hartrick, El taller de Cormon, 1886; Fotografía del Taller de Cormon, 1886, se aprecia sentado a la izquierda con sombrero a Toulouse-Lautrec, y al maestro Cormon sentado con barba dando su clase pictórica frente al lienzo; Retratos realizados por Archibald S. Hartrick de Toulouse-Lautrec y de Gauguin, siglo XIX.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

El clasicismo cediendo el paso a la innovación. Aunque en sus comienzos será rechazado e incluso fuertemente criticado, como viene sucediendo a lo largo de la historia, ante cualquier novedad.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Esta es la gran controversia. El Arte moderno es muy amplio. Aquí, en este lado, en el del Arte moderno, existirán también controversias, éstas serán las más sentidas. Aquí es donde el gusto se multiplicará y difuminará mucho más, haciendo del Arte moderno un excesivo universo lleno de todo. Cuando, sin embargo, habría que distinguir y separar mucho grano en tan vasto pajar.

Un abrazo agradecido, como siempre.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...