8 de enero de 2015

La nueva mitología del siglo XXI: donde los nuevos héroes caídos ahora deben ser modelos de virtud.



Los héroes de la antigüedad griega siempre fueron grandes héroes... Todos ellos. La fuerza de su coraje, su insobornable talante ante la adversidad, su furia ante la muerte, pero, también, su agnegación, su valentía, su firme decisión ante las cosas veleidosas dirigidas por los dioses. Unos héroes eran elegidos por los dioses y su divina descendencia; otros mostraron ser solo hombres, seres que lucharon virtuosos por defender aquello en lo que creían. Y, así, los grandes poemas homéricos glosaron la vida de casi todos ellos, la de los míticos héroes o la de los menos míticos hombres. En uno de esos famosos poemas legendarios, en la Ilíada, se contará la gesta enfrentada de dos de aquellos héroes. La historia legendaria y su eterna fama vanagloriada dejarían, sin embargo, solo a uno de ellos como al héroe más excelso, valeroso o mejor modelo guerrero de la historia. Así pasaría a la historia Aquiles, el más querido por los dioses, el más adorado por la leyenda, o el más recordado y renombrado de los más grandes personajes heroicos y míticos de Grecia.

Y entonces Héctor, el otro héroe, el más humano, el que se enfrentaría con Aquiles en aquella gesta mitológica de Troya, pasaría a la leyenda y la historia sólo como un valeroso troyano más, tan solo como un hombre que defendió con honor a su patria y su familia. Y, ¿por qué fue así? Porque moriría ante Aquiles y soportaría el agravio desolado de lo vencido, el oprobio histórico ante el gran vencedor mítico griego. Es decir, por ser un peldaño inferior Héctor ante el brillo famoso de su invicto adversario mitológico. En el Arte se ha representado gloriosamente aquella gesta mítica y a sus héroes. Aquiles fue esculpido siempre por los griegos helenísticos, pintado luego por los creadores renacentistas o por el barroco Rubens, y, algo más tarde, por los artistas románticos decimonónicos. En todas las obras rememorando al gran héroe mítico, al poderoso Aquiles. O en su formación adolescente ante el centauro Quirón; o ante el cadáver de Patroclo en Troya; o disfrazado de mujer cuando su madre, la diosa Tetis, tramara ese ardid para evitarle ir a la guerra -esta es una versión muy posterior a Homero-. A Héctor tan sólo el Romanticismo se decidiría a homenajearlo con el Arte.

De todas las posibles obras maestras de la historia, solo una de ellas dedicará a Héctor la mejor de sus obras realizadas sobre Troya. Cuando el extraordinario pintor francés Jacques-Louis David quiso glosar una escena legendaria de la guerra de Troya, compuso en el año 1783 su lienzo Lamento de Andrómaca ante el cuerpo de Héctor. El genial pintor francés, aunque neoclásico de formación, no pudo evitar elogiarlo con el sesgo romántico que pronto abrazaría el orbe del mundo del Arte. Así que el creador francés mostraría el cadáver de Héctor postrado, heroicamente, ante su esposa Andrómaca y su hijo Escamandro. Es decir, glosaría David la figura de Héctor como mejor creería  el pintor que podría y debía hacerlo con un gran héroe mitológico. Como se glosarán a los mejores seres caídos ante el valor de su más virtuosa elección. Porque eso es lo que diferenciará a Héctor de Aquiles. Los motivos. Es decir, en el caso de Héctor fue la elección honesta de un ser libre ante la cruel fatalidad del destino. Porque hay que pensar que Aquiles fue el ser más invencible entonces, a diferencia de Héctor, era un semidiós. Su madre, la divina Tetis, era una pequeña deidad del mar con poderes añadidos. Ella cubriría el cuerpo del pequeño Aquiles bajo las aguas mágicas de su potestad. Menos el talón. De ese modo nunca fue vencido en las luchas que librara en Grecia. Siempre arrojado, siempre belicoso, siempre valeroso ante el enemigo. Por eso fue buscado cuando los griegos se empeñaron en ir a Troya. Sin él, no hubieran conseguido vencer. La historia legendaria encierra misterios curiosos, ¿por qué hubo de caer Troya?, ¿por qué se glosaría tanto su caída?, y ¿por qué algunos héroes fueron llevados a la gloria más insigne, especialmente Aquiles, frente al más humano y menos recordado Héctor? Sin embargo, la grandeza del troyano, la mayor virtud de Héctor fue su decisión de morir antes que perder su libertad.

Porque Héctor pudo huir al comprender que debería enfrentarse ahora solo ante el más invicto y temible Aquiles. O pudo abandonar con su familia Troya, o pudo aconsejar a los troyanos que no se enfrentaran a los griegos. Negociar incluso, tratar de conseguir al menos la vida, aunque perdiera con ello su propia libertad. O también perderla al no elegir ser un hombre libre ante la amenaza cruel, fulminante y despiadada de Aquiles. Héctor fue el verdadero héroe de la Iliada. Sin embargo, la historia lo relegaría a una figura secundaria. Porque entonces, en los años siguientes a aquella mitología utilitaria, lo más importante o relevante de la vida no era elegir los valores ante una muerte inevitable; no, lo más importante entonces era vencer, despiadadamente y temerario, incluso con las mayores crueldades inhumanas, al contrario... Aunque estas fueran tan viles pero que, con ellas, se pudiera obtener el triunfo ante la guerra, ante la osadía de los otros, o ante una posible contienda personal. Esto era todo lo que representaba Aquiles, y así se glosaría en las formas estéticas en que su memoria fuera recordada. Pero, a cambio, Héctor solo pasaría a ser un defensor valiente, un personaje honesto y resignado ante la supremacía del invicto héroe más elogiado. Luego, el Romanticismo recuperaría la figura del héroe troyano Héctor, y, últimamente, es quizás más elogiado por sus valores mucho más éticos ante la vida. Pasaría ahora a ser un gran héroe, un gran defensor de los ideales o de la libertad humanas. Porque él luchó y murió por esos valores y esa libertad en las que creía. Aquiles, tan sólo por su gloria... 

Ayer cayeron en Francia unos hombres por lo mismo. Uno de ellos, Stéphane Charbonnier, defendió siempre morir antes que no poder vivir en libertad. Lo mismo que aquel héroe legendario troyano. Representan lo mismo. Hoy, en este nuevo siglo lleno de promesas, la vida ha trastocado totalmente la leyenda. La mitología en este siglo debería estar glosada por los nombres de los hombres que han caído por lo mismo... Ellos son ahora los nuevos héroes. Ellos deberían ser reconocidos como héroes del nuevo siglo. Porque recuperan con su gesto entregado un principio por el que ya moriría antes un hombre legendario. Por la libertad. Con ello elogiaremos la figura inequívoca de los héroes de ahora, los que se enfrentan siempre a lo despiadado, a lo sangriento, a lo fanático..., aun a pesar de sacrificar con ello su propia vida humana. Según contaba el antiguo escritor griego Pausanias (siglo II d.C.), la ciudad griega de Tebas mandaría una vez una delegación a Troya para recuperar los restos de Héctor y depositarlos, luego, en una tumba erigida muy cerca a la fuente Edipodia -donde Edipo se purificó de sus erráticos crímenes-. Al parecer, los tebanos habrían recibido una profecía de un oráculo que les decía algo así: Tebanos que vivís en la ciudad de Cadmo, si queréis vivir en vuestra patria con gran felicidad traed a ella los restos de Héctor priámida desde Asia, y honrad así al mayor de los héroes que haya pisado nunca sus pies sobre la tierra.

(Óleo del pintor neoclásico francés Jacques-Louis David, Lamento de Andrómaca ante el cuerpo de Héctor, 1783, Museo del Louvre, París; Obra barroca de Rubens, siglo XVII, Aquiles derribando a Héctor; Cuadro del pintor norteamericano Benjamin West, Tetis consuela a Aquiles llevándole su armadura, 1806, New Britain Museum of American Art, Connecticut, EE.UU.)

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