24 de febrero de 2018

El Greco se adelantaría al Arte Moderno, al Contemporáneo y cualesquiera otro evolucionado del mundo.



Hay una forma de ver las cosas: simplemente se mira y se percibe ahora si atraen, si gustan, si nos dicen algo... Pero, no nos podemos quedar solo en eso. Sin tener en cuenta el contexto de algo, su tiempo y sus circunstancias, no podremos saber, es decir, comprender en su totalidad, lo que el objeto o la cosa que veamos -en este caso una imagen artística- nos comunique ahora especialmente para clasificarlo o valorarlo. La obra de Arte titulada La Anunciación compuesta por El Greco alrededor del año 1600 y ubicada en El Museo de Bellas Artes de Budapest, es una de las muchas obras que este gran pintor manierista hiciera de esa temática sagrada. ¿Sagrada? La estética de este pintor extraordinario es, sin embargo, inclasificable. Vivió en el paso de un Arte sofisticado a un Arte natural. Y llevaría las dos características a una representación genial en los últimos años de su vida. Las dos, la sofisticada y la natural. Porque el Arte es combinación, es amalgama, es universo, es totalidad en lo particular, es contraste, es belleza ubicada y desubicada, es sensibilidad y riesgo. Aquí, en esta obra particularísima -de esa temática, la anunciación de María, hizo decenas de cuadros, todos distintos- alcanzaría El Greco la mayor sublimidad estética del mundo en una temática como esa. ¿Cómo se puede pintar con esa liberalidad colorista y esa simpleza compositiva a finales del siglo XVI? Este es ahora el contexto. Porque en ese momento histórico el Manierismo era lo más avanzado a que se habría llegado en el Arte. Y se aceptó a medias entonces esta obra. Pero, entonces, con esta obra tan expresionista de El Greco, ¿a dónde se dirigía el Arte? Imposible llevar a cabo entonces ese avance. Cuando el pintor muriese en el año 1614 se acabaría aquel alarde expresionista...

Fijémonos bien en esta obra de Arte universal. Porque en ella está todo lo que es el Arte pero, también, está toda una epifanía monumental de antropología en este mundo. Y de la libertad. ¿Existió un creador más libre en ejercicio artístico que El Greco? ¿Quién se hubiese atrevido a pintar de ese modo tan extraño en pleno año 1600? En el siglo XX vale, pero, ¿en el siglo XVI? Imposible. Hay muchas obras así de El Greco, casi todas genialmente extraordinarias. Pero esta pequeña obra -un lienzo de 91 x 67 cm- encierra entre sus bordes una genial obra maestra del Arte más universal. Porque es una representación sagrada y no lo es. Es una obra sofisticada y no lo es. Es una obra natural y no lo es. Lo es todo eso a la vez. Y esta particularidad tan general la hace, además de genial, universal. Parece tan simple la obra, ¿verdad? Pero esa simpleza la hace a ella más genial aún. Más con menos, la máxima más soberbia del Arte. ¿Qué vemos ahora ahí? Traduzcamos un poco la obra; mejor dicho, interpretemos la genialidad de esta obra manierista. Hay dos figuras humanas ahí. ¿Humanas? Sí, humanas, aunque una no lo parezca tanto. Pero, sin embargo, lo parece, aunque sea el ángel Gabriel el que, según la iconografía, está anunciando a María aquí su maternidad divina. Pero ahora es la representación también de una figura muy humana. Por otro lado está la representación de María, una mujer normal, tan normal como sus vestimentas y sus gestos puedan hacerlo. Ambos personajes están ahora comunicando entre sí. Esta es una antropología decisiva: los seres humanos se comunican, se expresan, se transmiten mensajes, se relacionan con un lenguaje. María, además, está leyendo ahí un libro: la representación cultural de cualquier experiencia -interior o exterior- humana transmitida por un escrito. 

Sociedad y cultura, por un lado, pero sin olvidar, tampoco, la trascendencia del mensaje iconográfico. Aquí representada ahora por la volatilidad de lo místico en las alas del ángel y la paloma, símbolos de lo elevado más sublime, de lo que alcanza la altura suficiente para pasar a otra esfera distinta. Pero, nada más. Son, curiosamente, los únicos elementos naturalistas -pintados más conforme a la naturaleza realista- del cuadro. Bueno, no. Hay dos cosas más que lo están: el jarrón y las tijeras del cesto. El resto está todo ahora transformado por la deformación sublime anamórfica manierista de El Greco. Y todo eso además hay que combinarlo en la obra para que la estética que representa alcance a lograr su culminación artística más extraordinaria. Lo que hace el Arte más genial para avanzar sin menoscabo. Por eso el Arte Moderno no consiguió prosperar pero este sí. Porque el Arte de El Greco no moriría nunca bajo las lozas veleidosas de la indecisión estética. Por otro lado, el Arte es también una expresión luminosa del mundo. Y el mundo natural, el que conocemos por nuestros sentidos, es reflejo de un haz poderoso de luz difuminada que producirá los colores y éstos, luego, serán el contraste maravilloso de poder percibirlo. Porque para que distingamos las cosas necesitaremos del color, dará igual el que sea, y no lo dará... El cielo es celeste, de acuerdo, pero no amalgamadamente así como, con esos trazos de ensoñación obnubilosa, veremos ahora en este lienzo manierista. Pero, sin embargo, el atril de lectura de María es ahora marrón, como sí es la materia natural de la que está hecho: la madera. Todo eso es la combinación mezclada de la obra. Ilusión y razón, abstracción y sentido. Porque es ahí el contraste ahora entre las cosas inferiores -las que están pintadas abajo- y las superiores -las que se representan arriba-, es decir, así el naturalismo brillará más en la mitad inferior y la sofisticación manierista-expresionista lo hará más en la superior.

Simpleza y combinación. Color y simbología. Metafísica y terrenalidad. Diálogo y silencio. Misterio y transparencia. Incluso ritmo. Sí, hay música vibrando en esta obra. El ángel parece sostener una melodía que ella responde ahora con su tino.  Si vemos esta obra al pronto ¿qué sentimos? ¿No sentiremos acaso una paz tan sosegada ahora que, apenas nos recuperemos luego de ella, pensaremos que no existe otra cosa del mismo modo en el mundo capaz de sentirla? Pero ahí estará lo inferior para recordarnos que somos además mortales, sufrientes, caducos, oscuros, efímeros. Que solo elevándose uno de sí mismo y de sus miserias -con el Arte por ejemplo- es posible la felicidad o el sentido más placentero de la vida. Da igual a dónde se eleve uno, con tal de hacerlo. En el lienzo de El Greco la mano del ángel sostiene ahora una dádiva comunicativa prodigiosa... Debemos trasladar nuestra capacidad vital hacia un sentido trascendente, el que sea, con tal de que la vida ahora nos justifique cualquier sentido inteligente para vivirla. Todo eso transmitirá la obra de Arte de El Greco. Nos lo recuerda el pintor especialmente con los colores sorprendentes y expresivos. Mucho antes de que Rembrandt nos asombrase luego incluso con los suyos. Pero aquí, a diferencia del bello detallismo barroco del holandés genial, hay ahora un sentido de dualidad mística-terrenal demasiado exacerbada en forma de colores y formas expresionistas. Como los colores y los gestos encontrados o como la deformidad y la naturalidad de sus trazos atrevidos, o como la simpleza iconográfica y estética más elaborada y universal de todas las habidas nunca.

(Óleo sobre lienzo La Anunciación, 1600, del pintor El Greco, Museo de Bellas Artes de Budapest, Hungría.)

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