16 de agosto de 2009

Una plaza en París y una batalla perdida: El Trocadero.




La guerra de la Independencia en España (1808-1814), consecuencia de la invasión napoleónica en la península, promovió el movimiento liberal y una tendencia, iniciada ya por la revolución norteamericana en 1776 y la francesa en 1789, de apertura sociopolítica en la España de comienzos del siglo XIX. La Constitución de Cádiz de 1812, primera en la historia de España, marcaría un impulso reformador y parlamentarista único tanto fuera como dentro del país.

La guerra contra el invasor Napoleón sería ganada, y el rey de España Fernando VII (1784-1833) regresaría del exilio francés, anularía luego la Constitución y se apoderaría de sus antiguos privilegios sin mucha resistencia popular. Pero, desde antes, en plena guerra aún, cuando los criollos de los virreinatos de América se levantaron contra una España ahora desvalida, ésta se encontraría luchando de nuevo, sólo que ahora contra los sublevados de sus provincias de Ultramar. El rey ordenaría en 1819 enviar por entonces varios batallones para contener, desesperadamente, aquella rebelión americana...

En Andalucía se preparó un batallón al mando del coronel Rafael del Riego que debía embarcar en Cádiz con destino a Méjico. En el camino a esa ciudad andaluza, cerca de la población sevillana de las Cabezas de San Juan, el coronel del Riego acabaría, sin embargo, pronunciándose el 1 de enero de 1820 contra el rey Fernando VII y su antiguo régimen. Las tropas no se embarcarían a América, ni entonces ni durante los próximos tres años. Así fracasarían, por tanto, los últimos auxilios a los regimientos realistas que aún luchaban, olvidados y alejados, contra unos rebeldes americanos cada vez más apoyados ya por otros estados europeos.

El período liberal promovido por del Riego duraría tan sólo tres años escasos, desde 1820 a 1823, ya que los estados europeos de entonces no toleraron un régimen tan liberal y parlamentario en España, algo que ponía en peligro la estabilidad de sus poderes reaccionarios en Europa. Así, la misma Francia lideraría por entonces, en el Congreso de Verona (1822), la posibilidad de invadir ahora -de nuevo- con un ejército muy numeroso al país que, tan sólo diez años antes, el propio Napoleón no habría conseguido doblegar. Fue muy rápida la marcha de aquel ejército invasor por la península, ya que debía llegar incluso hasta la alejada ciudad de Cádiz, situada muy al sur, y adonde ahora se había refugiado el gobierno liberal y el retenido rey Fernando.

Esta luminosa, bella y atlántica ciudad española sería entonces bombardeada extraordinariamente, pero tan sólo los fuertes que protegían la entrada a la bahía serían abatidos, sobre todo la fortaleza de San Luis del Trocadero. Como resultado, el gobierno liberal no tuvo ya más remedio que negociar con las tropas invasoras. Fue derogado en el acto el gobierno y el rey Fernando VII recuperaría todo su poder absoluto, llevando por entonces a España a las más oscuras páginas de su Historia. 

En homenaje a aquella batalla, la del Trocadero, donde entonces el Fuerte de San Luis fue tomado por las fuerzas invasoras francesas -Los cien mil hijos de San Luis-, se daría nombre en París a una famosa plaza y a sus jardines del Trocadero, situados muy cerca del río Sena y frente a la famosa Torre Eiffel. Todas estas unas historias muy curiosas de liberalidad, progresismo europeo, traición e ironía política.

(Imágenes fotográficas de París, Torre Eiffel, Jardines y plaza del Trocadero; Fotografía más abajo de la plaza de España en Cádiz, con el monumento a la Constitución de 1812, y vista de la ciudad atlántica gaditana, España).

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