27 de octubre de 2010

El orientalismo y su fascinación, o el espejo de Occidente en el Arte.






Aunque el mundo oriental siempre fascinaría a la Europa cristiana desde el imperio Bizantino, no fue sino hasta la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto en el año 1799 cuando se descubrió, verdaderamente, el fascinante y atrayente mundo oriental... Turquía y Egipto serían por entonces los dos países que más representarían el conocimiento occidental del exotismo de Oriente. Sirvió aquella experiencia napoleónica no sólo para descubrir ya una cultura diferente y atractiva, sino para materializar así todo aquello que en Europa no era posible aún vivir..., ni sentir, ni escribir, ni pintar. La representación pictórica del harén justificaría, por ejemplo, la posibilidad de liberar ahora la imaginación erótica con escenas imposibles de vivir y representar por entonces en Occidente. 

Escritores y pintores fueron los principales impulsores del descubrimiento de esos dos países. Especialmente lo fue ya -antes de la expedición napoleónica incluso- una escritora británica, Mary Montagu (1689-1762), una culta mujer que, casada entonces con el embajador inglés en la Sublime Puerta -la corte del sultán en Estambul-, contribuiría con sus literarias Cartas de la Embajada Turca (1717) a ofrecer un conocimiento de lo exótico musulmán que, luego, otros muchos viajeros ingleses desarrollarían en sus relatos sobre el fascinante mundo oriental de los harenes.

Muchos pintores del siglo XIX y XX tuvieron entonces también su inspiración en el llamado orientalismo, y crearon así grandes y magníficas obras de Arte que serían plasmadas en todas las tendencias de esos dos siglos, como fueron el Romanticismo, el Realismo, el Neoclasicismo o el Impresionismo. En esta entrada he seleccionado ahora obras menos conocidas y de autores menos famosos, aunque todos ellos con una excelente, valorable y muy representativa  forma de expresar ese oriental mundo misterioso, tan opuesto, lejano, atractivo y exótico.

(Obra de Frank Dicksee, Leila, 1892; Obra de Lèon Cauvy, Abundancia, 1920; Cuadro Lady Mary Montagu y su hijo, del pintor Jean Baptiste Vanmour, 1717; Cuadro de Mario Simon, Odalisca, 1919; Óleo de Val Prinsep, El cuento del Papagayo; Cuadro de Antoine de Favray, Mujeres Turcas, 1751; Pintura de Jean Jules de Antoine Lecomte, Esclava Blanca, 1888; Óleo Bonaparte en el Cairo, del pintor francés Henri Levy; Cuadro Cleopatra, de Mosé Bianchi; Óleo de Paul Louis Bouchard, Después del Baño, 1889.)

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