7 de enero de 2011

Un instante de Arte reflejado en un lienzo, o el primer fotógrafo del Arte.








La historia de la aristocracia inglesa cuenta entre sus altos honores con la conocida Orden de la Jarretera, implantada en el año 1348 en Inglaterra por el rey Eduardo III. Una leyenda cuenta que una vez en palacio, mientras el rey bailaba con su suegra, la condesa de Salisbury, tuvo ésta la mala suerte de perder una liga azul, una prenda femenina que caería al suelo ante la posible mirada intrigante y curiosa de todos. El rey, muy decidido, la recogió entonces del suelo y se la colocó a sí mismo, diciendo así: Deshonrado sea quién piense mal... Afirmó después que haría de la jarretera -llamada así por ser la parte del cuerpo que lleva esa liga sujetada por una hebilla a la media- algo tan famoso... que todos quisieran poseerla.

Siglos más tarde, un desconocido caballero inglés tuvo la fortuna de unirse en matrimonio con una importante, rica y poseedora de tan deseosa orden inglesa, la única heredera del ducado de Somerset. Hugh Smithson (1714-1786) acabaría convirtiéndose así, gracias a su ilustre y noble esposa, en el primer duque de Northumberland -en su tercera creación a lo largo de la historia del ducado, antes había habido dos dinastías diferentes-. Y hasta llegaría Smithson a cambiar su propio apellido, más corriente, por el de su famosa esposa duquesa, Percy. Pero el duque consorte tendría un hijo ilegítimo, James Smithson (1765-1829), que volvería a utilizar aquel originario apellido y llegaría, con los años, a ser reconocido como famoso químico y mineralogista. A su muerte decidió donar toda su fortuna a la recién creada nación norteamericana. Desde el año 1835 el gobierno estadounidense pudo disponer de toda aquella fortuna británica. Y con toda esa fortuna se crearía en el año 1845 la Institución Smithsoniana, una de las más importantes corporaciones museísticas y científicas del mundo.

Fue aquel afortunado duque Hugh Percy un mecenas de las Artes y de las obras... Contribuyó en el año 1740 a la construcción en Londres del puente de Westminster. Y patrocinaría además a importantes pintores de la época. Uno de ellos lo fue el veneciano Canaletto (1697-1768). Este pintor italiano fue representante del llamado por entonces estilo Vedutismo, una tendencia pictórica paisajista y urbana con un marcado enfoque panorámico, casi precursora de lo que sería, un siglo después, la panorámica imagen fotográfica... En Venecia Canaletto utilizará la cámara oscura, un artilugio para obtener así la mejor perspectiva conforme a una imagen panorámica proyectada. Sus matices, sus detalles y su original perspectiva, le hicieron precursor de la imagen impresa en un lienzo. También se anticiparía a crear en el exterior la obra de Arte completamente, no en el interior de los estudios, como era lo habitual por entonces.

Canaletto se marcharía a Inglaterra en el año 1746, después de alcanzar una fama en Italia extraordinaria. Porque fue entonces una guerra, la de Sucesión austríaca, lo que obligaría a los nobles ingleses a no poder visitar Italia. Visitarla era una costumbre implantada por los nobles británicos para recorrer toda Europa, especialmente los países de mayor bagaje cultural y artístico, y adquirir así la formación cultural que su rango obligase. Esos viajes se denominaron el Grand Tour -precedente de lo que acabaría siendo el turismo cultural-, y muchos artistas ingleses acabarían disfrutando de sus ventajas itinerantes... en tiempos de paz. Canaletto se dedicó en ese tiempo de guerra en Inglaterra, a cambio, a pintar cuadros de encargo, y acabaría entonces creando algunas excelentes obras de Arte panorámicas, unas creaciones de lo que mejor sabría él hacer, aunque en un estilo ahora menos grandioso que el de su etapa italiana. Pero, sin embargo, cuando regresó a Venecia en el año 1756 ya no pudo siquiera conseguir aquella técnica maravillosa que le habría encumbrado antes.

No volvió a pintar igual, y acabaría sus días repitiendo sus grandiosas obras de antes una y otra vez, como una copia imposible de lo que una vez él fuese. Curiosa metáfora para una personalidad artística tan fotográfica: que no pudiera él más que duplicar -como un vil negativo fotográfico- su trabajo una y otra vez, perdiendo ahora luminosidad, grandeza y fuerza además de todo aquel gran talento artístico para siempre. Sin embargo, sus grandes obras maestras y panorámicas de antes, aquellas maravillosas pinturas dedicadas a su ciudad, aún brillarán hoy en los museos y salones de todo el mundo. Con ello seguirá fascinando los ojos de todos los que ahora se asombren al mirarlas, creyendo estar asomados a una bella ventana intemporal de tan realista, fotográfica, grandiosa o impresionante que su imagen aparezca.

(Cuadro de Canaletto, Londres visto a través de un arco del puente de Westminster, 1746; Retrato del primer duque de Northumberland, del pintor Joshua Reynolds, 1766; Retrato de James Smithson, 1786, autor desconocido, Galería Nacional de Retratos, Institución Smithsoniana; Grabado con la imagen del pintor Canaletto; Fotografía de la Institución Smithsoniana, Washington D.C.; Fotografía del mineral descubierto por James Smithson, Esmitsonita; Óleo de Canaletto, Venecia, la Piazzetta mirando al sur; Óleo El río Támesis y Londres, 1748, Canaletto; Cuadro de Canaletto, La plaza de San Marcos, 1725; Cuadro de Canaletto, La plaza de San Marcos, 1734; El Gran Canal, Canaletto, 1738.)

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