6 de abril de 2011

Cuando lo difícil es encontrarse, volver a ser, cuando sólo perderse es la alternativa.







En una secuencia de la famosa película del año 1946, protagonizada por Verónica Lake y Alan Ladd, La Dalia Azul, hay un diálogo entre ambos actores en el que ella le pregunta de pronto: ¿No vas a darme siquiera las buenas noches?, y él contesta: esto es un adiós, y me cuesta decírtelo. Entonces ella le responde: Y, ¿por qué?, no me habías visto nunca antes de esta noche...; por fin él termina diciendo: Todo hombre te ha visto alguna vez, en alguna parte, lo difícil es encontrarte... Para ese preciso momento, cuando Verónica Lake tendría tan sólo veinticuatro años, comenzaría ya el declive de toda su vida, no únicamente el de su carrera como actriz.

Había nacido en 1922 con el nombre de Constance Frances Ockelman en el seno de una familia compleja. Cuando su padre fallece en un accidente en 1932 Verónica Lake, con sólo diez años, sería enviada a un colegio interno en Canadá. Su madre, mujer posesiva e insensible, acabaría sus días declarando incluso el inestable comportamiento desde la infancia de su hija Constance. En Los Ángeles (California), con dieciséis años, Verónica Lake es matriculada por su madre -quizá lo único bueno que le hizo- en la Escuela de Teatro de Bliss y Hayden, un matrimonio de actores que triunfó más enseñando que actuando. Pronto gracias a su belleza, su talento natural y una maravillosa y volcada cabellera rubia es incorporada a pequeños papeles, hasta que la Paramount Pictures fijaría su atención en su espectacular belleza...

Su precocidad, su arrebatadora belleza y su excesiva confianza la precipitaron pronto al estrellato, pero, sin  embargo, luego al vértigo más aterrador... Nada simpática -salvo con la cámara-, terminaría siendo aborrecida por muchos de sus compañeros de trabajo que verían en ella a una arribista sin contemplaciones. Su especial personalidad y su capacidad de interpretación, tanto para la comedia como para el drama, tuvieron pronto el reconocimiento del público y de algunos directores. Sin embargo dos cosas -además de una  posible esquizofrenia- le jugaron la peor de las suertes que esos espíritus indolentes tendrán a veces la desdicha de padecer. En ambas cosas la Guerra Mundial fue, sin embargo, parte de la causa... Un período, curiosamente, que sería el mejor momento de toda su carrera cinematográfica.

Durante el año 1941 las mujeres norteamericanas tomaron a Verónica Lake como un modelo de belleza, imitando ese modo de peinar y esa voluminosa cabellera que le tapaba un ojo. Pero al comenzar la guerra las autoridades militares de los EEUU le pidieron a los estudios de cine que dejaran de fomentar esa imagen, ya que las trabajadoras de las fábricas de armamento no podrían realizar su trabajo con ese estilo de peinado... Después sería protagonizar la película La hora antes del amanecer de 1944. En ese film, Lake interpreta el personaje malvado de una espía nazi, el peor que se pudiera por entonces interpretar. Ayudaba -según un guión tendencioso- a Hitler a invadir Inglaterra, ¡y todavía no se había acabado la guerra!

Cuando las cosas van mal no son precisamente garantía de que no puedan empeorar. Durante el rodaje de esa película -estando embarazada- tuvo un accidente con un cable de iluminación y su hijo nacería prematuro, falleciendo poco después. Terminó divorciándose. Las críticas por su actuación en la película le achacaban, además, el poco acento convincentemente alemán de ella; ¡claro!, si no lo era... Comenzó a beber y su carácter se fue haciendo aún más desagradable de lo que era. A pesar de haber protagonizado buenas películas y de haber creado una imagen vendible, la Paramount no le renovó el contrato en 1948, con sólo ella veintiséis años... Aunque consiguió participar en alguna película entre los años 1949 y 1951, ya no pudo atraer el interés de nadie. Se divorció una segunda vez de un director de cine poco exitoso, con el cual tuvo dos hijos, y acabó arruinada por su incapacidad de poder ser contratada por ningún otro estudio. Sólo le quedaban la televisión y algunos trabajos esporádicos en el teatro.

Volvió a casarse -su belleza era su única posibilidad- con un compositor, pero otro maldito accidente le fracturó un tobillo y le impidió dedicarse a la actuación. Se divorció otra vez y entró en el infierno. Deambulaba por hoteles y bares volviéndose una alcohólica irremediable. Acabó trabajando en los primeros años sesenta de camarera en un hotel de Nueva York, ¡ella, que había sido una gran estrella! A pesar de regresar alguna vez a la televisión, de volver a trabajar en el teatro y de repetir otro fracasado matrimonio con un capitán de barco inglés, no consiguió nada más que publicar sus memorias -recurso salvador para las viejas glorias-. Así pudo financiar una imperdonable película de terror, Flesh Feast en el año 1970, donde ahora protagoniza una mujer que acababa martirizando a un hombre en una mesa de operaciones, y el hombre terminaba siendo el propio Hitler...; un impresionante modo de llevar a cabo toda una catarsis pendiente. En julio del año 1973, a los cincuenta años de edad, ingresa en un hospital de Vermont. Una hepatitis terminaría lo que las sufridas dolencias de una malograda existencia no pudieron conseguir.

Cuando los filisteos bíblicos decidieron acabar con la amenaza que el poderoso, fuerte e imbatible Sansón les supondría, sobornaron a su amante Dalila. Ésta no haría entonces más que preguntarle a Sansón ¿dónde se encontraba el secreto de su fuerza? Él sólo la engañaría..., diciéndole alguna mentira una y otra vez para tratar de satisfacerla. Pero un día, seducido por su belleza y embriagado de pasión, le confesó a Dalila la verdad de su secreto. Éste era su pelo, su cabello, que si dejaba de tenerlo todo su poder se acabaría. Así que ahora, una vez que Sansón se encontrara dormido, Dalila tomaría los largos cabellos de él y los cortaría decidida. Sólo así los filisteos pudieron acabar, de una vez y para siempre, con la osadía y el estruendo más poderoso de su fatal enemigo.

(Fotografías de la actriz Verónica Lake, con su larga cabellera, 1940-1949; Fotografía de Verónica Lake en los años cincuenta; Cartel cinematográfico de la película La hora antes del amanecer, 1944; Cuadro del pintor Gerard van Honthorst, Sansón y Dalila, 1616, EEUU; Fotografía de Verónica Lake en 1970, frente a los estudios Paramount; Imagen con el certificado de defunción de Lake, 1973.)

Vídeos homenaje de Verónica Lake:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...