17 de febrero de 2012

La interpretación de otra realidad y el eco de su reflejo: la subjetividad y el Arte.



La parábola del Buen Samaritano se describe en el capítulo diez del libro de Lucas el evangelista. En ella se dice que un hombre fue atacado y herido por unos ladrones camino a Jericó. Por allí mismo pasarían luego un fariseo y un levita, ambos personajes relevantes social y religiosamente en el Israel de entonces. Sin embargo, ambos no hicieron nada por ayudar al herido, dejándolo de lado y sin reparar en él. Más tarde un samaritano -miembro de una secta herética hebrea de entonces, por lo tanto menos relevante y menos respetado socialmente- sería ahora el único que se detendría, le atendería, le tomaría entre sus brazos y le subiría a su propia cabalgadura para poder salvarlo.

El mensaje aquí es profético: no hay mayor sorpresa -por lo tanto algo ajeno a la realidad cotidiana conocida- que aquella que se deriva de lo que se supone que algo va a responder según sus características o su naturaleza, pero que no lo hace así. Aquellos hombres prominentes, aquellos seres que representaban el modelo social a seguir, no fueron o no hicieron, sin embargo, lo que se esperaba de ellos. No reaccionaron como debían haberlo hecho; ésto sólo fue llevado a cabo por el que menos se esperaba que lo hiciera, el marginado social y religioso, el falsario, el que su realidad cotidiana no correspondía con lo que, finalmente, sí hizo.

Cuando el pintor Vincent Van Gogh tuvo una de sus crisis psicóticas en 1890, que acabaría durándole algunos meses -pocos, pero que no le impedirían seguir expresando su creatividad-, no pudo recorrer por entonces los maravillosos campos luminosos y multicolores del mediodía francés para inspirarse. Fue así como tuvo ahora que elegir imágenes compuestas por otros creadores, láminas reproducidas de otros artistas para poder seguir plasmando así, en un lienzo, toda esa necesidad interior que tanto él sufriría. Eligió entonces una reproducción de un cuadro de Eugene Delacroix, El Buen Samaritano, pintado por este pintor romántico francés en el año 1850.

Van Gogh debía ahora crear lo mismo..., pero, sin embargo, lo que hizo lo hizo ahora con toda su propia creatividad. Admiraba a Delacroix, quería homenajearlo, pero no podía pintar ahora como él. Fue de ese modo como Van Gogh ideó confeccionar entonces una imagen reflejada -especular- y casi exacta del colorista autor romántico francés. Fue, por tanto, un reflejo especular buscado de aquel otro cuadro de Delacroix lo que Van Gogh compuso con su El Buen Samaritano, después de Delacroix, del año 1890.

El semiótico italiano Umberto Eco escribió una vez: El espejo es un instrumento fiable que no traduce la realidad sino que la duplica a través de la reflexión de la luz. Pero la luz puede a su vez también ser reflejada ahora con un ángulo más inclinado, con un ángulo que cambie sus ondas perpendiculares y las distorsione así para transformar ahora el brillo, la textura, el trasfondo, el perfil y hasta el sentido opuesto de una imagen. También su color... Y es todo eso lo que consiguen los grandes creadores cuando alcanzan a duplicar con su Arte sus homenajes a otros artistas. No se obtiene otra realidad de la misma realidad, lo que se espera de ésta, es decir, lo mismo, no, lo que ahora se obtiene es otra realidad de la misma realidad transmutada... Lo que los artistas consiguen es otra cosa diferente de lo mismo, por lo que, con ella, no nos explicarán nada de la realidad de antes..., ni nos harán sentir exactamente lo mismo: ¡sólo nos sorprenderán!

De igual forma el pintor Paul Cézanne quiso, seis años después de haberlo realizado su autor, sorprendernos ahora con una representación de la obra Olimpia que Manet realizara en 1863. Este último y genial pintor preimpresionista consiguió entonces escandalizar al público parisino con su obra Olimpia, donde ahora una prostituta sofisticada está recostada grandiosamente en su salón, como si de una diosa griega se tratara. Sin embargo Cézanne después, en un alarde revolucionario -como su propio Arte reflejaría más tarde en uno de los cambios más decisivos de la historia artística-, plasma su Olimpia Moderna también ahora reflejada especularmente. Pero no se conforma él tan sólo con éso. Cézanne lo revuelve aquí todo, lo cambia todo, lo transforma todo radicalmente. Incluso, para dar ahora un mayor motivo de sorpresa, aparece él mismo sentado frente a su Olimpia moderna, mirando así el propio espectáculo que recrea.

¿Qué hace que la realidad sea o no sea un reflejo de lo que vemos? ¿Es una interpretación real de lo que vemos, aunque sea a veces una duplicación deformada de lo existente? ¿Conseguiremos entonces traducirla verazmente? Los creadores nos demuestran que lo que vemos y lo que entendemos con ello luego, son dos cosas diferentes. Unas veces, las más, no percibiremos realmente lo que ahora vemos. Nuestros prejuicios, como aquel juicio evangélico de lo que se espera de algo, nos alterará ahora la realidad según nuestro particular sentido de lo que vemos.

El lago franco-suizo Leman, famoso por ser el más grande lago de Europa Occidental, ha sido reflejado en lienzos artísticos a lo largo de la Historia del Arte. Desde su lado suizo, desde la población de Chexbres, el pintor simbolista Ferdinand Hodler realizó una vez su obra expresionista Lago Leman en el año 1905. Con su propia interpretación plasmaría entonces la imagen del magnífico paisaje lacustre alpino. Pero, para ese momento, el creador suizo hizo su propia imagen de aquello que él veía... ¿Qué pintó, realmente? ¿Era el lago Leman en verdad lo que él pintara, o el lago, su reflejo artístico, fue tan sólo entonces una mera excusa...?

(Óleo del pintor Vincent Van Gogh, El Buen Samaritano, después de Delacroix, 1890, Holanda; Cuadro del pintor romántico francés Eugene Delacroix, El Buen Samaritano, 1850; Óleo de Manet, Olimpia, 1863, Museo de Orsay, París; Obra del pintor neoimpresionista Paul Cézanne, Olimpia moderna, 1869, Particular; Fotografía del Lago Leman desde Chexbres, Suiza; Óleo del pintor Oskar Kokoschka, Lago Leman con barco de vapor, 1957; Cuadro El lago Leman visto desde Chexbres, 1905, del pintor Ferdinand Hodler.)

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