26 de septiembre de 2012

Deshacer el tiempo más con el deseo, con la ilusión, o con la desazón o el sin sentido.



Pueden existir en la vida diferentes formas de esperar..., por ejemplo tres: la espera definida, la espera indefinida y la espera indiferente. Porque en ciertas ocasiones podremos desmenuzar el tiempo sin complejos, sin angustias, abstracciones o lamentos. Es como será aquí en el primer caso retratado, la espera definida, cuando ahora nos sentemos a esperar, por ejemplo, un transporte en nuestra vida. Aquí sabremos cuál cosa esperar, la hora incluso a la que llegará, y, sobre todo, adónde nos llevará luego. Esperaremos entonces seguros y definidos, convencidos de qué cosa esperar... Como lo vemos ahora aquí en el cuadro del pintor decimonónico y victoriano James Tissot, A la espera del ferry, realizado en el año 1878, y el cual nos representa dos figuras humanas esperando en un embarcadero la llegada del barco.

Ella se muestra ahora tranquila y pensativa, aparentemente firme y a la espera. Preparada incluso para abordar aquello que le espere... Pronto llegará el vapor, y todo cambiará... ¿Qué podemos entrever ahora aquí, ante esta espera femenina?: ¿resignación?, ¿confianza?, ¿ilusión? En cualquier caso algún tipo de sensación de seguridad ante la espera, de algún cierto control emocional ahora que surge así ante las cosas sabidas, o por saber, y que serán aquí parte de lo que se espera. El otro personaje -masculino- retratado en la obra, ladeado y somnoliento, sugiere quizá una mayor certeza ante la espera, o más cotidianeidad, tal vez, por algo aquí expresado ahora de un cierto descuido o ligereza. Él no esperará, posiblemente, nada más allá de lo que espera...

Otras veces esperar es sufrimiento... No espera, desespera más bien el ser, que no sabe ahora nada de lo que ese deshacer el tiempo podrá, o no, traerle a su regazo. Aquí no hay definición alguna. Es la espera indefinida, porque no sabemos ahora con certeza si llegará o no aquello que esperamos. Es el ejemplo paradigmático del personaje mítico y legendario de Penélope. Ella tan sólo sabe que ahora sólo debe esperar, porque, además, sabe muy bien qué esperar... Pero lo que no sabe, ni sabrá nunca, será si eso que ella misma espera llegará o no. Si los días o los años serán incluso, luego -después del sufrimiento-, un favor consumido gratamente -o no- ante la escena de un posible final desagraviado. Como en el mito griego, Penélope vuelve y volverá a deshilar su ovillo para, así, retomar cada vez de nuevo su esperanza... Ha pasado a la historia de la Mitología como un ejemplo heroico de virtud sosegada ante la soledad, ante sí misma y ante la presión de un medio desalmado. ¿Qué seguridad se puede tener ante la incertidumbre? Ninguna. Tan sólo, si acaso, la que uno quiera componerse entre los duros momentos de la ausencia.

Pero todavía hay una espera que es más espera, algo imposible de salvar con nada ni con nadie. Esta es la espera indiferente, la que el propio ser recompone ahora de la nada, la que ni siquiera sabe qué esperar, ni si espera verdaderamente algo. Es una sensación entonces sin sentido, una extraña forma interior de desazón. Sin embargo, su espíritu alberga ahora una vaga espera de lo inútil, de lo que no existe ni en su propia mente, de lo que no obedece a nada... de una vida o de sus cosas. Como en la obra pictórica aquí mostrada, titulada Espera -del artista chileno Badilla-, donde ahora se transluce en la imagen una especial quimera sin respuesta. No sabemos más, tal vez, que ahora esperamos algo sin saberlo... No entendemos muy bien qué nos pasa, ni qué maldita sensación oculta nos abrume. ¿Qué esperar ahora, si nada se espera ya, ni en tiempo, cosa, ni persona? O como en la obra del pintor italiano Venanzio Zolla, La espera, del año 1917, donde lo único que ahora sabrá la conciencia de la figura representada es que algo debería acontecer para esperarlo. Porque aquí no existe una cosa ahora que se espere, sólo ya la rara sensación de no esperarlo...

(Óleo A la espera del ferry, 1878, del pintor inglés James Tissot -espera definida-; Pintura Espera, 2010, del autor chileno actual Francisco Badilla Briones, Chile -espera indiferente-; Óleo Penélope deshaciendo su trabajo, 1785, del pintor Joseph Wright de Derby -espera indefinida-; Cuadro La espera, 1917, del pintor italiano Venanzio Zolla -espera indiferente-; Fotografía de Parados en una cola en Oregon, años treinta, EEUU., -espera indefinida-.)

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