18 de septiembre de 2012

Los días de Alción, o el tiempo en que la gravedad de las cosas se subordina ahora ante la luz.



En la confusa vorágine social, ideológica, económica e industrial del siglo XIX los filósofos buscarían en el Arte nuevos conceptos para renovar al hombre y su cultura decadente. Por entonces la idealización del mundo antiguo  griego comenzaría a ser un posible revulsivo para la atribulada humanidad desorientada. Y así el filósofo Nietzsche encontraría en el Arte y en la Filosofía griegas el argumento necesario para esa renovación. Pero, a diferencia de lo que pudiera parecer, su pasión por la antigüedad helena no fue tan clasicista, es decir, no se basaría en los paradigmas clásicos típicos encumbrados por el academicismo alemán de su tiempo. Alemania estaba muy influenciada por el idealismo germano de sus grandes pensadores, y es ahora cuando Nietzsche surge con otra voz para romper los cimientos decadentes de su propia sociedad. Y no lo hace con un deseo de volver a lo antiguo sino de retomar aquellas ideas primordiales del hombre europeo, esas ideas que lograron salvar una vez a tan abigarrado pueblo griego.

Y entonces surgen los alciónidas... Personas que, según Nietzsche, son seres no idealistas, sin divinizaciones de ninguna clase, seres libres, espíritus libres. Los alciónidas son hombres fuertes, seres que aceptan la vida y su realidad tal cual se presenta, sin disfraces y con toda su abismal plenitud. Son seres trágicos -no en el sentido negativo del término sino en el de asumir la dicotomía de la vida y su destino-, seres que no dañan la vida sino que crean nuevas oportunidades a través de capacidades creativas y artísticas. ¡En un lugar de curación debe transformarse la Tierra. Y ya la envuelve un nuevo aroma que trae salud y nueva esperanza! (Así habló Zaratustra, Nietzsche). Y en su otra obra, La Gaya Ciencia, nos sigue diciendo el filósofo alemán: Un espíritu se libera de toda creencia, de todo deseo de certeza y es arrastrado sobre cuerdas y posibilidades ligeras, incluso a bailar sobre el abismo.

En la mitología griega Alcíone fue hija de Eolo -el dios de los vientos- y se acabaría uniendo ella a Ceix, el hijo del astro de la mañana -lucero del Alba-, así que ella sería ahora tan hermosa y luminosa -en otra versión es una de las Pléyades, estrellas refulgentes de la constelación de Tauro- que una unión de ambos sólo podría ser muy feliz. Pero, es seguro que lo fueron en demasía ya que suscitaron entonces los celos de los dioses. Una vez Ceix, confundido por toda esa ofensa divina, emprendería un viaje por mar para consultar al Oráculo de Delfos. Pero entonces, de pronto, surge una fuerte tormenta en el mar y su barco naufragará acabando con su vida. Fue la cólera de Zeus lo que le llevaría a Ceix al fondo del mar. Alcíone, que se había quedado en casa, tuvo un sueño aquella misma noche. Morfeo -el dios de los ensueños- le hace a ella ver a Ceix en su sueño advirtiéndole de lo sucedido. Acude ella pronto a la orilla del mar donde las aguas habían llevado el cuerpo sin vida de su amado. Enloquecida, en un momento de dolor decide Alcíone tirarse al mar. Pero, justo antes de eso, es salvada por los dioses y transformada en un alción, una pequeña ave de colores que eleva ahora su vuelo por encima de las olas para siempre.

En el año 1508 el pintor del Renacimento Giorgione pinta su enigmática obra La Tempestad. ¿Qué significa esa sorprendente atmósfera de calma, esa tranquila escena campestre, ante la terrible tormenta que ahora un rayo iluminará sobre el fondo nuboso de la imagen? ¿Qué hace esa mujer sola ahí, con su pequeño hijo entre sus brazos, tan frágil y a la vez tan sosegada? ¿Y el hombre, qué representa así, tan pasmosamente ajeno a todo en la otra orilla opuesta? La genialidad de este autor italiano -y en el temprano año de 1508- es manifiesta aquí con todo ese curioso misterio sin desvelar en nada. Las interpretaciones a la escena sorprendente han sido muchas. Algunas hasta tan simples que dicen que sólo es una escena natural, bucólica y sin pretensiones. Otra indica, incluso, que podrían ser Deméter y Yasión. La mitología uniría una vez a estos dos personajes. Curiosamente él -Yasión- no es un dios, como sí lo es ella. Aunque Yasión, sin embargo, sí se dedicaría también a sus misterios -los de Deméter- difundiendo sus celebraciones místicas. Porque Deméter es la diosa madre de la Tierra, de la cosecha, de la germinación y de la vida renacida. Una vez acudiría Deméter a una de sus celebraciones mistéricas y allí se enamoraría de Yasión apasionadamente. Esto era algo muy extraordinario entonces, ya que las diosas sólo de dioses pueden fascinarse. Yasión no pudo más que vanagloriarse luego por ello. Pero entonces caería en la hibris, una cosa para los griegos muy lastimosa. El orgullo y la desmesura de sí mismo eran cosas que los dioses no perdonarían nunca. Así que Zeus acabaría fatalmente con Yasión, a consecuencia de un rayo fulminante.

El alción, o Martín Pescador, es una pequeña ave que habita en los ríos y lagos de casi todo el mundo. De colores maravillosos, sobrevive pescando bajo la superficie de las aguas. Anidará en los momentos en que la fuerza de los vientos, de las tormentas o del frío se calmen. Pero, como en los humanos, también estos pájaros tendrán su mitología... En los días de invierno la hembra alción llevará al macho muerto con grandes lamentos y construirá sola su nido, donde pondrá sus huevos que luego acabará arrojándolos al mar. En medio del duro invierno, en los días de tormentas y tempestades, los vientos dejarían un momento de soplar y se haría la calma. En esa quietud sobrevenida, sobre las olas ahora medio sosegadas, volaría el alción, se afanaría, haría su nido y pondría en él sus huevos para que la vida siguiera a pesar de sus tormentas. Es ahora la calma activa, la ataraxia -ausencia total de perturbación- positiva. Son los días de alción... Siete días antes y siete días después del solsticio de invierno, según el mito. En esos días Eolo -el dios de los vientos- deja ahora que ella -Alcíone- pueda, segura del todo, anidar sin miedos ni desgracias. Por eso el alcionismo nacería como una forma de mantener la serenidad ante los problemas pavorosos de la vida. Porque la serenidad es la esencia del hombre. La calma, entonces, él mismo se la crearía en medio de la congoja y el apuro. Como el alción...

(Detalle del óleo La Puerta del Amanecer -El lucero del Alba-, 1900, del pintor prerrafaelita-simbolista Herbert James Draper; Fotografía del telescopio de la NASA Spitzer, 2004, Pléyades, cúmulo abierto, imagen infrarroja; Óleo de Giorgione, La Tempestad, 1508, Galería de la Academia de Venecia, Italia; Imagen del Martín Pescador, Alcedo Atthis; Cuadro Alcíone, 1915, de Herbert James Draper.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...