25 de noviembre de 2012

Perdidos, abandonados, olvidados, rechazados..., algún Arte, como los recuerdos, acabarán así.



En una primaveral noche del año 2010 fueron sustraídas del Museo de Arte Moderno de París varias obras allí expuestas. Entre ellas La Pastoral, del pintor fauvista Henri Matisse (1869-1954), pintada en el año 1905 y una creación representativa del impulso más revolucionario del Arte promovido por este atrevido artista francés a comienzos del siglo XX. La realidad es que, cuando algunas obras de Arte son robadas, si no aparecen pronto lo más probable es que tarden muchos años, décadas quizás, en ser recuperadas, si es que alguna vez lo son. En otros casos, las creaciones de Arte desaparecidas, o perdidas, defenestradas también, no fueron robadas o apropiadas malamente para saborear así su belleza o cotizar su valor, no, fueron destruidas impunemente y olvidadas luego tras una pérdida por entonces muy buscada, calculada y nada menesterosa. Así, algunas obras de la pintura moderna padecieron un destino cruel y desidioso, marginal, desconsiderado y fugaz. La pérdida en esos casos fue consecuencia de decisiones humanas, ocasionadas por el rechazo de lo que esas mismas obras suponían para algunas mentes. Es como con el recuerdo perdido..., defenestrado a menudo por las insidias de lo pasado, de lo omitido o de lo indeseado. 

Cuando el artista mexicano Diego Rivera fuera contratado por el Rockefeller Center de Nueva York para pintar un gran mural a la entrada de ese simbólico edificio, el pintor decidió componer entonces una inmensa creación a la que acabaría llamando El Hombre en la encrucijada. Finalizado en mayo del año 1933, fue inmediatamente cubierto con una inmensa lona que nunca se terminaría por descubrir. Sin embargo, meses después de acabarse el mural, a principios de 1934, el muro que soportaba ese Arte irreverente sería destrozado completamente por quien lo hubo antes encargado. Al parecer, el pintor había dibujado figuras en él de destacados comunistas, un hecho que llevaría al ignominioso acto vandálico posterior. Fotografías tomadas durante el proceso de creación le permitieron a Rivera recrearlo -recordarlo- luego, mucho más tarde, ...en otro lugar.

La pintora mexicana -amante de Rivera- Frida Kahlo terminaría en el año 1940 su obra La mesa herida. En esta obra la autora plasmaría todas las obsesiones de su tumultuosa y apasionada vida. Incluyó en ella a su mascota -un pequeño venado-, a los hijos pequeños de su hermana -tenidos con su amante, el propio Rivera- y a un esqueleto como símbolo del horror de su accidente, años atrás, que la dejara desde entonces dolida y angustiada hasta su muerte. La creación fue exhibida en una exposición surrealista en México tiempo después. Luego la colgaría en su propia residencia hasta 1946, momento en el cual se la regalaría al embajador ruso en México. Un año después de su muerte, en 1956, sería expuesta esta obra por última vez en Polonia. Desde entonces, La mesa herida no ha vuelto a verse jamás. Continúa desaparecida desde entonces.

Con los años perderemos la memoria, los recuerdos cosidos a ella, también. Así, los seres humanos a veces sufren del mismo modo el destino de esas obras olvidadas. O son ignorados, o son perdidos, o son rechazados, o están desaparecidos en la vida o el recuerdo de los otros. ¿Qué razón oculta estará detrás de esas desapariciones? En el Arte o son razones espurias o son razones odiosas o son motivos de ofensa -¿ofender el Arte?- por un rechazo ideológico o moral. ¿Son esos motivos realmente justificados para defenestrar obras de Arte? Evidentemente, no. Y, con los seres humanos, ¿lo serán también...?, ¿también tendrán las mismas causas ignominiosas sus recalcitrantes olvidos...?

Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino del este al oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre; ábrete, oh cielo.
Una isla, otra se me perdió en el mar.
Ni siquera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel,
quién habita mi caparazón.
......
Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
chasqueado mis aletas, encogido mis ramas.
Está perdido, se ha ido, está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de cuán poco queda de mí:
un ser individual, por el momento del genero humano,
que ayer, simplemente, perdió un paraguas en un tren.

Discurso en la oficina de objetos perdidos, de la poetisa polaca (premio Nobel 1996) Wislawa Szymborska.

(Cuadro La mesa herida, 1940, Frida Kahlo, obra desaparecida, ignorado su paraderoThe Gallery of Lost Art; Fotografía de Frida Kahlo; Autorretrato de Diego Rivera, 1941, EEUU; Imagen del Mural El Hombre en su encrucijada, 1933, Diego Rivera, destruído en 1934 de la entrada del edificio Rockefeller Center, Nueva York; Obra Retrato de Sir Wiston Churchill, 1963, del pintor Graham Sutherland, desaparecida o destruída por los herederos del retratado un año antes de fallecer, 1964, al parecer tal era el desprecio que les producía la obra; Óleo Jarrón con Viscaria, 1886, del pintor Vincent Van Gogh, titulada errónemente Escobas y amapolas rojas, robada del museo Mohamed Khalil de El Cairo, Egipto, en 2010, todavía continúa perdida; Lienzo de Matisse, La Pastoral, 1905, robado en 2010 del museo de Arte Moderno, París, aún desaparecido.)

1 comentario:

**kadannek** dijo...

Siempre es injusto tomar algo que no sea nuestro; El mensaje de la obra podemos tomarlo, pero no la obra en sí. Aún así, la obra no se ha perdido si unos cuantos ojos la contemplaron algunavez y más si supieron valorarla e interpretarla.

En lo personal, detesto a Diego Rivera, fue un hombre desagarable y q hiso sufrir mucho a Frida. Ella tampoco fue una dama, y si sufrió tanto es porque la vida se lo preparó. Sé que es un rostro representativo en el arte Mexicano y que hay cuadros abrumadores, pero a veces me cansa un pocoe arte tan "yoyoísta", aunque quizás la base del arte sea ese.

Esperemos que se recuperen las obras robadas y las olvidadas.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...