6 de junio de 2016

Cuando no es belleza todavía, cuando es justo lo que hay antes, cuando no se ha desvelado aún...



El misterio, lo enigmático, es justo lo que se da mucho antes que la Belleza... No es, por lo tanto, lo que sigue a la Belleza. Porque la Belleza es lo que antes meramente era aún visible, lo inacabado todavía antes de ser por fin delimitado por sus alardes; lo que será percibido luego de transformarse o de elaborarse lo que antes se haya dado, es decir, el misterio iconográfico. Entonces, después de eso, será descubierta la belleza, aquello que admiraremos luego sin pensar. Antes de elaborarse por completo la Belleza, cuando los ojos no la vean ya sino velada apenas por cosas que confunden, divagan, se intuyen o solo nos obligan más bien a completarla con el pensamiento, o con la idea más que con el deseo, o con la sensación intelectual más que con la emocional, o con el abierto horizonte brumoso de lo posible por no ser definitivo, de lo incierto por no ser comprendido, o de lo especial por no ser general, o de lo vagamente hermoso por no ser bello, o de lo sublime por no ser reconocido, entonces solo será antes un símbolo de la Belleza..., un pequeño esbozo de lo por acontecer aún para llegar a ella luego grandiosamente descubierta.

Cuando el gran pintor neoclásico francés Ingres descubriese en su academia al dominicano -nacido en la República Dominicana cuando fue francesa durante pocos años- Théodore Chassériau (1819-1856), diría de él que sería el Napoleón de la Pintura... Tal habilidad para el dibujo y para plasmar Belleza tendría el prodigioso alumno de su academia. Pero años después, cuando Chassériau descubriese a su vez la pintura del fascinante pintor romántico Delacroix, entendería entonces el joven pintor dominicano que el Arte podría ser otra cosa diferente. Y entonces su maestro Ingres se indignaría y defraudaría con el rebelde Chassériau. Luego, cuando los admirados futuros simbolistas viesen la obra de Chassériau, se empezaría a comprender qué era lo que éstos sentirían por entonces de lo bello: justo lo que existiría antes de llegar a esa belleza chassériauana...

Lucien Levy-Dhurmer (1865-1953) fue uno de esos pintores simbolistas que mejor entendieron cómo llegar a conseguir ese momento... Un momento estético que no desvelaría la Belleza todavía, pero en donde existe ésta aunque no sola... Es decir, existe ahora la Belleza pero con otras cosas además que la condicionarán, que la harán transgredir fronteras estéticas, unos límites artísticos que alcazarán incluso luego a rozarla..., más nunca a poseerla. A preguntarse uno en definitiva -el ser que ahora la ve-, ¿para qué existe la Belleza?, ¿por qué está la Belleza tan sola ahora, tan desvalida, tan desposeída de todo lo que, después de continuar desvelándose el misterio -algo que no sucederá sin embargo-, llegará por fin a convertirse luego en Belleza expresiva? El Simbolismo fue una tendencia artística muy consistente en el Arte en general, es decir, reflejada y contenida tanto en el Arte -el pictórico- como en la Literatura o en la decoración o en el diseño, etc. Tuvo hasta su filosofía esotérica... Por aquellos años simbolistas, la segunda mitad del siglo XIX, el escritor francés Péladan (1858-1918) se alzaría entonces por encima de los convencionalismos y de la sociedad materialista y se erigiría así en defensor de lo bello más zaherido...

Con su atrabiliaria personalidad tan extravagante, buscaría Péladan en el Arte la justificación de su pensamiento esotérico. Adoraría el escritor francés a Wagner, a Leonardo Da Vinci, al pintor Levy-Dhurmer... De la obra pictórica El Silencio del pintor Levy-Dhurmer, el escritor esotérico trataría de describir por entonces el enigmático semblante oculto ahora por dos dedos misteriosos y un velo renacentista representados así en el lienzo simbolista. ¿Qué nos está transmitiendo ese semblante semioculto en la obra de Levy-Dhurmer? ¿Por qué la mirada de la modelo no la desvía ahora aquí el creador, siendo de las pocas obras simbolistas que no lo hacen, que no desvían la mirada? Porque la mirada no puede nunca mirar fijamente al espectador si se están ahora ocultando cosas, como hace el Simbolismo casi siempre con sus obras misteriosas. Aun así, el pintor simbolista la mantiene fija aquí la mirada hacia nosotros. Pero, sin embargo, dirige además dos dedos del personaje hacia sus ojos para así contrarrestrar ese efecto confuso o para ocultar otros... En la obra simbolista Desnudo reclinado -que no he podido certificar su autoría ni fecha- vemos cómo la Belleza aquí -que está claramente expresada- no está ahora ahí, sin embargo, del todo desvelada. La luz poderosa y radiante del fondo del cuadro trata ahora de iluminarla ampliamente. Pero aquí la Belleza ahora se inclinará tan solo ante la luz... Sin embargo, nos deslumbrará ahora ésta -la luz poderosa- a nosotros algo aquí como para poder vislumbrar bien ahora la Belleza, como para satisfacer así también, con esa poderosa luz iridiscente, apenas un esbozo aquí ahora oculto de Belleza...  

(Obra al pastel del pintor simbolista Lucien Levy-Dhurmer, El Silencio, 1895, Museo de Orsay, París; Cuadro al pastel del mismo pintor Levy-Dhurmer, Eva, 1896, Colección Michel Perinet, París; Obra del pintor Lucien Levy-Dhurmer, Desnudo reclinado, 1897 -dudosa autoría y/o fecha-; Obra de Levy-Dhurmer, Nocturno en Bósforo, 1897; Óleo del pintor Theodore Chassériau, Susana la casta, 1839, Museo del Louvre, París.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...