28 de diciembre de 2016

La evolución de un genio, El Greco, o el arcano de encontrar lo sublime en el Arte.



La historia de uno de los genios pictóricos más extraordinarios, El Greco, es uno de los arcanos más interesantes habidos nunca en todo el Arte. ¿Cómo se atrevió a pintar así, de ese modo tan avanzado, tan moderno, con una forma tan innovadora para entonces? El recorrido vital y artístico de El Greco va de oriente a occidente, desde el este hacia el oeste. Desde Grecia a Venecia primero, después a Roma y, por último, a España, donde culmiraría extraordinariamente su Arte. Y este camino existencial, este recorrido personal en sentido único, le llevaría también a desarrollar un itinerario creativo que acabaría alcanzando las cimas más elevadas de la sublimidad y el genio artísticos. Aunque por entonces -finales del siglo XVI y siguientes tres siglos- pocos entendieron su maravillosa forma de pintar y componer -tan heterodoxa y excelentemente- una obra maestra de Arte.

Es en Venecia donde El Greco aprendería a manejar los colores y la perspectiva. ¿Hay mejor sitio para eso? Ya se habían manejado ambas cosas muy bien en el Arte renacentista veneciano, pero El Greco ahora quiere hacer algo más con esas cosas. Los genios lo son en parte porque caminan por un sendero no usado nunca antes. La obra de El Greco es extensa y elogiosa, pero hay un periodo de su vida, ese del recorrido transversal de oriente a occidente que va desde 1567 a 1577, donde se puede observar la evolución estética más acusada de toda la historia artística del Arte europeo. Y para verlo apreciaremos tres obras de El Greco de la misma temática y nombre: La curación del ciego. Pero, apreciaremos mejor la primera expuesta en la entrada no solo por ser la mejor de las tres, o la que mejor define su estilo más auténtico, sino por ser la de mayor resolución virtual su imagen. La primera compuesta con ese título por El Greco -la tercera presentada en esta entrada- fue realizada por el gran pintor en Venecia aproximadamente durante el año 1567, y actualmente expuesta en la Galería de maestros antiguos de Dresde (Alemania). Luego están las otras dos, la segunda y la primera de la entrada, ambas creadas en Roma y con la fecha de su autoría poco clara artísticamente. La segunda está actualmente en la Galería Nacional de Parma (Italia), y en su web indica una fecha alrededor de 1573. La primera de la entrada, sin embargo iconográficamente de un estilo más elaborado -más avanzado-, está en el Metropolitan de Nueva York y su web especifica alrededor de 1570.  

No es la primera vez que existen incongruencias en la cronología de obras de un mismo autor. Si la evolución de un pintor es tan acusada como la de El Greco, sus creaciones deben disponer esa misma evolución, en este caso temporal... Porque es el tiempo el parámetro que define mejor la secuencia de la evolución artística en este mundo. Aquí se observa ahora un contraste estético muy acusado, una gran evolución o amplitud en la evolución artística de El Greco en la obra de 1567 -Galería de Dresde- comparada con las otras dos, algo lógico por ser anterior. Observemos bien esta obra del año 1567 pintada en Venecia. Los rasgos más característicos de El Greco no están ahí aún. ¿En qué se diferencia esta obra de sus maestros venecianos? En muy poco. El Greco acaba de llegar a Venecia, viene de un mundo bizantino -griego y antiguo- que no tenía ni idea de la perspectiva ni de las formas de las figuras, ni del color ni del naturalismo renacentistas. Y El Greco ahora aquí, en su obra La curación del ciego del año 1567 -Museo de Dresde-, manifiesta lo aprendido entonces en Venecia: perspectiva correcta, figuras anatómico-correctas, y un cielo aquí mucho mayor que las construcciones clásicas como fondo de la obra. Pero, la obra sostiene sorpresas, a pesar de no ser la estética propia que, luego, identificaría la personal visión de El Greco y su Arte. Las figuras principales, Jesús y el ciego, están aquí ahora descentrados, a la izquierda del lienzo. Más a la derecha un grupo humano discute la escena anterior. Pero, detrás, en otro nivel y plano, la perspectiva sitúa dos seres sentados, distraídos ellos del motivo principal, y ahora situados en el mismo centro de la obra. Esto confundirá la escena sagrada con un rasgo misterioso...; rasgo que, independientemente de su evolución estética, mantendrá El Greco casi siempre en sus obras. 

Pero, no, algo no funcionaría aún en el sentido, en el propósito o en el talante artístico que El Greco deseaba conseguir en una obra de Arte. Y años después, cuatro, cinco o seis años, El Greco pinta el mismo tema sagrado de antes, Curación del ciego -Museo de Parma-, en la ciudad de Roma. Aquí, en la capital del Arte del siglo XVI, el pintor más original de todos se acerca a la pintura de Miguel Ángel, al Manierismo más poderoso de los creadores romanos. Y entonces cambia su perspectiva, abandona incorporar en su obra detalles intrascendentes -el perro y las bolsas de antes-, ahora solo pinta personas, figuras humanas que configuran el único universo de sus obras. Pero es ahora la perspectiva mucho más feroz, el primer plano es aquí, además, más destacado sobre los segundos o terceros planos. Descubre así el pintor algo muy poderoso en esta obra, un alarde artístico muy moderno -para entonces desde luego-: perfilar un plano principal con todos los detalles y esbozar los planos secundarios con los mínimos detalles. El fondo ahora es como un tapiz apenas esbozado, lo relevante debe ser lo primero que veamos en un cuadro, lo demás -como el fondo- no interesa tanto. Hasta el cielo disminuye aquí frente a una arquitectura más poderosa, y más inclinada, acusando así la profundidad y la lejanía necesarias. Pero, la escena en esta obra del Museo de Parma también ha cambiado con respecto a la de antes, a la obra del año 1567 (Museo de Dresde). Ahora el grupo humano de la derecha está aquí más cercano a Jesús; y éste y el ciego están más centrados en el lienzo. Pero, el pintor quiere seguir componiendo ahora más atrás los dos personajes sentados y distraídos de antes, ahora ellos mucho más alejados y empequeñecidos en esta obra... 

Pero esos dos personajes sentados que aparecen en la obra del año 1567 -Museo de Dresde-, centrados y cercanos -por lo tanto relevantes en una pintura, lo sean o no-, tenderán a confundir por el hecho de estar ahí y así, sin ninguna relación dialéctica o ambiental con la escena principal -el milagro de dar visión a un ciego-, el asunto más primario. Esto fue luego una característica de El Greco: ofrecer el sentido de distancia, de desdén manifiesto, de algunos seres hacia la figura más sagrada o hacia el motivo espiritual o más trascendente de la escena. Pero en la siguiente obra, en la de la Galería Nacional de Parma -alrededor del año 1573-, esos mismos personajes están ahora tan alejados que pierden relevancia. Los aleja el creador para no confundir por su centralidad... Pero, a cambio, debe incorporar algo más el pintor para destacar aquí esa desatención tan humana hacia lo espiritual... Y lo hace el genial creador cretense ahora con la figura dorsal inmensa del hombre a la izquierda de la imagen de Jesús. Un personaje de espaldas que ahora señala con su brazo izquierdo algo fuera del cuadro. Representando así el desinterés -aquí aún más al estar más cerca de las figuras principales- tan necesario para mostrar el desdén espiritual preciso que el autor quería subrayar -y criticar- en su obra de Arte.

Pero es en la obra del Metropolitan Art de Nueva York - titulada La Curación de un ciego, ca. del año 1570- donde El Greco consigue llegar a la mejor evolución de su Arte manierista. Pero, ¿cómo es posible que esta obra sea anterior a la de la galería de Parma? No puede ser. Veamos los brazos del ciego, por ejemplo. ¿Son esos brazos de un pintor tan manierista como El Greco en su evolución estética? Porque la evolución debe ir siempre hacia adelante, nunca hacia atrás. En la obra del Metropolitan los brazos son aquí más alargados, los dedos también, las figuras incluso. El mismo hombre que señala algo fuera del cuadro, dispone de un perfil más manierista en la obra del Metropolitan -año 1570- que en la obra del Museo de Parma -año 1573-. Además, el brazo que señala algo fuera del lienzo lo flexiona en la obra de la galería Metropolitan de Nueva York haciendo aquí más acusada la perspectiva y la elegancia del gesto manierista. Los colores los apreciaremos más, mucho más gracias a la extraordinaria conservación y resolución virtual de la obra del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En un detalle de esta obra -la que debería ser más evolucionada cronológicamente, ya que sí lo es artísticamente- observaremos ahora la liviana forma de pintar algunas figuras. Por ejemplo, los personajes sentados, esos dialogando y distraídos, ajenos a la escena principal y aquí ahora muy alejados, tienen una transparencia formal que resaltará aún más aquel misterio de la obra del año 1567: el desdén espiritual de los personajes centrados con respecto al tema principal de la obra. Pero, aquí, el pintor cretense quiere hacer un alarde aún mayor con el personaje de espaldas señalando algo fuera del lienzo, uno del todo ahora misterioso para comunicar en su obra la insensibilidad espiritual de algunos seres... Insensibilidad que apenas se vislubraría antes con alguna relevancia entre los perfiles desdibujados -en planos secundarios- de esos otros lienzos manieristas del mismo autor cretense.

(Óleo La Curación del ciego, ca. 1570, El Greco, Metropolitan Art de Nueva York, EEUU.; Óleo Curación del ciego, alrededor de 1573, El Greco, Galería Nacional de Arte de Parma, Italia; Obra al temple, La Curación del ciego, 1567, El Greco, Galería de Pinturas de Maestros Antiguos, Dresde, Alemania; Detalle del óleo La Curación del ciego, ca. 1570, El Greco, Metropolitan Art, Nueva York.)

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