21 de agosto de 2009

La luz más alejada del antiguo Occidente: La Torre de Hércules.





En los primeros años del siglo II d.C., gobernando entonces el inmenso imperio romano el augusto Marco Ulpio Trajano (52-117), nacido en la ciudad de Itálica (Hispania) -por lo tanto el primer emperador no italiano de la Historia-, se construyó ya un gran Faro en su patria hispana de origen. Situado en un enclave portuario gallego cercano a la ciudad de La Coruña -denominado por entonces Brigantium-, y de muy grandes dimensiones para la época, se acabaría así llamando La Torre de Hércules.

Funcionaría como faro durante casi trescientos cincuenta años ininterrumpidamente, ofreciendo su luz y su guía a multitud de barcos que hacían la ruta del norte desde el estrecho de Gibraltar. Al declive del imperio romano de occidente (siglo VI), dejaría de usarse como tal y no se utilizaría de nuevo sino hasta el siglo XVII, es decir, que hasta más de mil doscientos años después no se volvería a reutilizar otra vez con su antigua función. Por entonces sólo se instalarían unas torrecillas en su cúspide y se colgarían unos faroles apropiados para que permitieran orientar y mejorar la navegación por esas difíciles y duras costas a los marinos.

Pero no fue hasta finales del siglo XVIII, el siglo ilustrado, cuando se realizaron las reformas necesarias para mejorar y acondicionar el faro completamente. Obras que configurarían ya su aspecto actual (porque nada tiene que ver con su antigua construcción romana, salvo los cimientos). Hoy sigue utilizándose La Torre de Hércules desde su antiguo emplazamiento para auxiliar a los barcos a su paso por las difíciles y fieras costas de Galicia.

(Imágenes de la Torre de Hércules, de la costa coruñesa, y de la ciudad de La Coruña, España, 2009.)

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