24 de junio de 2011

La autenticidad o la artificiosa perfección: el apego equivocado, la verdadera personalidad y el Arte.







En el año 1924 sería legado al museo londinense de la National Gallery el cuadro La Virgen con el Niño, una obra pintada en el año 1500 por el artista cuatrocentista italiano Francesco di Marco Raibolini -también conocido por Francesco Francia- (1450-1510). En ese museo de Londres estuvo expuesto el lienzo del pintor boloñés hasta que salió a subasta, treinta años después, otra obra igual con el mismo título y firmada por el mismo autor. El museo rápidamente comparó en 1954 las dos obras llegando a la conclusión de que el óleo expuesto desde 1924 en el National Gallery de Londres no era el auténtico. La obra recién descubierta y subastada luego era ahora la original, la auténtica obra. La otra, la que el museo londinense había mostrado durante treinta años, había sido una perfecta copia extraordinariamente realizada, pero no era la auténtica, y fue creada con mucha probabilidad hacia finales del siglo XIX.

Cuando en el año 1851 el pintor norteamericano Emanuel Gottlieb Leutze (1816-1868) quiso inmortalizar la histórica gesta que George Washington llevara a cabo cruzando el río Delaware en diciembre de 1776, realizó entonces una grandiosa, perfecta y magnífica obra de Arte. Pero, sin embargo, nada fiel a la realidad auténtica de cómo sucedió aquel hecho histórico. Ni la embarcación era tan pequeña como se observa aquí en su lienzo -la verdadera llevaba muchos más hombres-, ni la bandera americana tampoco era en ese momento la que aparece ahora dibujada en el cuadro. El autor pintó entonces el definitivo emblema americano, pero éste no se utilizaría hasta septiembre de 1777, bandera norteamericana que no existía aún en el invierno del año 1776. No fue la auténtica bandera entonces, cuando se llevó a cabo tal heroica gesta por la independencia de los Estados Unidos.

El afamado psiquiatra y pediatra inglés Donald Woods Winnicott (1896-1971) elaboró unas teorías orginales sobre la génesis de la personalidad en la infancia. Nos dice el psiquiatra:  El bebé desde el mismo momento del nacimiento no constituye aún una unidad psíquica independiente (auténtica). Según Winnicott: El bebé durante el primer año de vida constituye una unidad conjunta con su madre. Es la madre ahora el entorno, el verdadero medio ambiente del niño. Coincide con el período de lactancia. Pero ahora la actitud de la madre hacia su bebé será decisiva. Un exceso de apego de la madre puede resultar fatal para el recién nacido. La normal y natural preocupación maternal es algo espontáneo y propio de la Naturaleza. Sin embargo, en este momento inicial lo importante es que se dé un equilibrio entre -afirma Winnicott- una madre lo suficientemente buena y, a la vez, una madre banalmente -desprendidamente- dedicada al niño.

El psiquiatra Winnicott introduce también el concepto de Yo mismo. Puede que un individuo alcance el Yo mismo verdadero o, por el contrario, el Yo mismo falso. Cuando el bebé, continúa Winnicott, expresa su propio gesto espontáneo es indicativo de un potencial Yo mismo verdadero. Sin embargo el Falso Yo es una estructura de defensa del bebé para asumir prematuramente -al no ofrecérselas la madre- las funciones de cuidado y protección que requiere; de modo que el pequeño se adapta ahora al medio a la vez que protege su Verdadero Yo de supuestas amenazas. Si la madre no es capaz tampoco de sentir y responder suficientemente bien las necesidades del niño sustituirá el gesto espontáneo de éste por una conformidad forzada con su propio gesto materno. Esta repetida conformidad llegará a ser la base del más temprano modo del Falso Yo.

Para Winnicott, el Yo mismo verdadero es el corazón instintivo de la personalidad, la capacidad de cada bebé para reconocer y representar sus necesidades genuinas con expresión propia. Aparece espontáneamente en cada individuo y se relaciona con el sentido de integridad y de continuidad. Este espontáneo Yo mismo verdadero es el núcleo de la Autenticidad. Para Winnicott en cada persona habría un Falso yo y un Verdadero Yo, y su organización puede ser entendida como una serie complementaria más que va desde el saludable Yo verdadero hasta el patológico Yo falso. 

Mientras -sigue diciendo el psiquiatra inglés- el Verdadero Yo hace sentirse real, el Falso Yo tiñe la existencia de un sentimiento de irrealidad y de futilidad. Los agotadores y repetidos estímulos externos -sobreprotección- por parte de la madre conllevan a una incapacidad de conexión consigo mismo del bebé. A medida que la madre habilita en el niño la capacidad de relacionarse con el exterior, con los objetos, éste desplega su capacidad de habitar el mundo. Así se promueve la realización del niño. Al contrario, las fallas maternas bloquean el desarrollo de la capacidad del bebé para sentirse real. Las consecuencias de todo eso después, en el adulto, supondrán así las deficiencias propias de una personalidad inauténtica.

Estas pueden ser las situaciones que sobrevienen luego, en algunas personas que no consiguen desarrollar una autoestima. De ese modo transformamos a veces nuestra propia y original imagen para, dejando de ser auténticos, obtener ahora una falsa satisfecha personalidad. Ser ahora otro individuo, no el que somos realmente. No es esto una anécdota simplemente, ya que ocultará una realidad frustrada en el inconsciente de cada ser. Esto es observable a lo largo de la Historia del Arte. Por ejemplo, la famosa pintora mexicana Frida Kahlo fue un modelo de personalidad auténtica, jamás dejaría ella que el mundo ni nada condicionase su propia individualidad, tanto artística como personal.

Por otro lado hay creaciones históricas, objetos consagrados, que su autenticidad ha sido cuestionada. Un ejemplo aquí singular sería la Sábana Santa, la Síndone de Turín. Su autenticidad, es decir, haber sido el lienzo verdadero que envolvió el cadáver de Jesucristo, es del todo cuestionable. En los casos de fe, en las manifestaciones no ya tanto artísticas sino de creencias religiosas, podemos o no alinearnos con una u otra afirmación. La autenticidad en esta ocasión será muy relativa. Sin embargo, en la obra artística del pintor Annibale Carracci La Pietá, donde ahora una misma representación divina también se sugiere, la autenticidad ahora representada es aquí, sin embargo, del todo completa. Porque aquí veremos una extraordinaria obra maestra del Arte. La autenticidad ahora adquiere ya aquí, en esta obra, otra dimensión... Es ahora la acepción más artística -no sólo de creación original- la que viene a decirnos, con absoluta fidelidad, que lo que vemos representado ahora aquí, con independencia de nuestra fe, es una maravillosa obra de Arte, una, realmente, auténtica obra de Arte.

(Óleo auténtico -es decir, original- La Virgen y el Niño, 1500, del pintor italiano Francesco Francia, Museo Carnegie, Pittsburgh, EE.UU; Copia de la obra anterior, La Virgen y el Niño, de autor desconocido, siglo XIX, National Gallery, Londres; Cuadro Washington cruzando el Delaware, 1851, del pintor norteamericano Emanuel Leutze, 1816-1868, Metropolitan, Nueva York; Fotografía de la pintora mexicana Frida Kahlo, 1907-1954, años treinta; Cuadro Autorretrato, 1940, de la pintora Frida Kahlo; Imagen de la Sábana Santa de Turín; Óleo La Pietá, 1600, del pintor italiano Annibale Carracci, Nápoles; Cuadro La Falsedad, 1490, del pintor cuatrocentista veneciano Giovanni Bellini, 1433-1516; Óleo La Madre y el Hijo, 1622, del pintor del barroco holandés Pieter de Grebber, 1600-1652.)

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