18 de junio de 2011

Los ocultos senderos de la mente o la necesidad, a veces, de enajenar el juicio...








En los años oscuros del medievo surgieron, sin embargo, algunos hombres lúcidos y muy destacados. Uno de ellos fue el caso del filósofo italiano Tomás de Aquino (1224-1274). Entre sus muchos escritos, señaló en una ocasión con respecto a la estupidez humana lo siguiente: Se trata de una percepción de la realidad. Es como en las cosas del sabor. Para discernir un sabor de otro, preguntamos a quienes tienen un paladar sensible. Lo que de hecho es amargo o dulce, parece amargo o dulce para quienes poseen una buena disposición del gusto, pero no para aquellos que tienen el gusto deformado. A los que en ocasiones padecen de fiebres se les corrompe el gusto, y no encuentran entonces dulces las cosas que en verdad lo son.

Una de las cosas que el filósofo Tomás de Aquino destacaría además fue la especial característica del estulto, es decir, del necio o estúpido: Ésta consiste, afirmaba el santo italiano, en ignorar la conexión existente entre los medios y los fines. Debemos distinguir entre la estupidez especulativa de la práctica; ésta última es peor. Es decir, no debemos confundir inteligencia -propiamente dicha- con resultados: hay personas limitadas en su inteligencia que saben actuar muy bien; sin embargo, las hay muy inteligentes que son verdaderamente estúpidas en actuar. Es por lo que, entonces, debe existir otro componente que añadir al entendimiento, ¿cuál será ese?: La sensibilidad.

Continúa diciéndonos Tomás de Aquino: Otra de las características de la estulticia es la falta de sensibilidad. Para esto el filósofo medieval distinguirá entre estúpido (estulto) y fatuo (sin razón). Continúa el filósofo: La fatuidad es la total carencia de juicio. El estulto, a diferencia, tiene juicio, pero lo tiene embotado (que es muchísimo peor). Es por ello que la estulticia es contraria a la sensibilidad, que proviene de la sabiduría, y esta palabra procede a su vez de saber, de sabor. Así como el gusto discierne, distingue los sabores, la sabiduría distingue las cosas y sus causas. A lo obtuso, por tanto, se opone la sutileza, la perspicacia o la sensibilidad.

El Art Nouveau surgió a finales del siglo XIX como un revulsivo contra todo lo establecido como Arte entonces. Fue también conocido como Modernismo. Ya se había iniciado antes una tendencia general a romper fronteras para ir ahora más allá en los conceptos artísticos, a lo que contribuyeron, por ejemplo, los escritos del crítico de arte inglés John Ruskin (1819-1900). Aunque este crítico se rebeló contra el entumecimiento estético y los efectos perniciosos de la Revolución Industrial formulando una teoría esencialmente espiritual y gótica (medieval), postularía sin embargo la democratización de la belleza... Así que, con el Art Nouveau, se trataría entonces de que hasta los objetos más cotidianos llegaran a tener valor estético y fuesen accesibles a toda la población. Aunque, eso sí, sin llegar a utilizar las nuevas y modernas técnicas de producción masiva. Este movimiento, totalmente revolucionario en el Arte, comprendería todas las manifestaciones artísticas, no sólo las Artes mayores sino también en el mobiliario o en los objetos propios del diseño decorativo.

En Austria, en la Viena de 1897, se fundaría una tendencia artística modernista como sucediera en otros países europeos, pero aquí acabaría denominándose Secesión vienesa. A diferencia de las otras, la secesión vienesa culminaría en la historia a consecuencia de la rigidez política y social que entonces el Imperio Austro-Húngaro obligara a una burguesía ansiosa de poder e influencia. Esa burguesía liberal se centraría en la Literatura, en la Ciencia o en el Arte. De ese modo acabaría apoyando a los jóvenes creadores que propiciaban un movimiento lleno de rebeldía. Cuando en la búsqueda entonces de una elegancia diferente se incluyeron rasgos de una formalidad mucho más severa; cuando además se traspasara incluso esa sobriedad formal que caracterizaba al Modernismo, se llegó a alcanzar también, aunque un poco más tarde, lo que acabaría por denominarse Expresionismo.

Y en esa nueva tendencia expresionista aparece el gran y original creador austríaco Egon Schiele (1890-1918). Con una personalidad absolutamente irreverente y escandalosa, se enfrentaría decidido a la inflexible y lastrante moralidad de su época. Por mantener una relación con su adolescente modelo acabaría brevemente encerrado en una prisión imperial. Las contradicciones de su obra y de su vida llegaron a manifestarse en su irónica forma de morir. Cuando en los inicios de la Primera Guerra mundial (1914-1918) todos los jóvenes austríacos debían ser llamados a filas, el ya entonces afamado artista Egon Schiele fue excluido por pertenecer a tan especial élite intelectual. Pero, a pesar de ser salvado por el Arte, no pudo impedir que los efectos mortíferos de la contienda mundial acabaran con su vida en 1918. La gripe, llamada errónea y mediáticamente española, surgida y extendida gracias al movimiento de las tropas, consiguió malograr una de las carreras artísticas más prometedoras del siglo XX.

Y así es cómo, a veces, tenemos que enfrentarnos con la estupidez humana, esa que se prodiga abundante por todos los lugares de la Tierra. Enfrentarse a ella, a la inteligente estupidez, obliga a veces al uso del sarcasmo, de la ironía y del cinismo... Pocos términos han podido llegar a ser tan confusos como el cinismo llevado por su ambivalencia, por el mal uso, por la costumbre o por la estupidez... Cuando surgió ese término en la Grecia de la antigüedad, el cinismo hacía referencia a una escuela filosófica fundada por Antístenes en el siglo IV a.C. Posteriormente el racionalismo del siglo XVIII lo vistió de una definición antropológica, al parecer algo necesaria. El cinismo moderno se entiende como una disposición a no creer -descaradamente- en la sinceridad o en la bondad humanas. Una actitud crítica y despiadada pero, ha de reconocerse, un buen principio a veces para empezar con algunos seres...

Fue un gran humanista, Erasmo de Rotterdam (1466-1536), el que haría uso del elogio a la locura para enseñarnos, magistralmente, qué sería el mundo sin una mínima gota de locura inteligente. Nos dirá el pensador: La locura es sabiduría mundana, resignación, tolerancia. Prosigue el humanista diciendo: La sabiduría es a la locura como la razón a la pasión. Y en el mundo hay mucha más pasión que razón. Lo que mantiene al mundo en movimiento, la fuente de la vida, es la locura. Hay dos clases de locura. Una fomentada por la furia que se engendra en el infierno. Otra, muy distinta, que es pura, inocente e ingenua. La primera es pasión de la guerra, avaricia, sacrilegio. La otra es diferente y no corresponde nada más que a un cierto alegre extravío de la razón. La locura aporta felicidad y alegría al corazón, despreocupación y hermosura al alma, que oculta e ignora los problemas, penas y todo sufrimiento que ésta no sería capaz de soportar sin aquélla.

¿Podemos utilizar una cierta locura sin desfallecer, sin caer injustamente en alguna trampa auspiciada ahora desde la estupidez? Ese es el reto. En la creatividad artística se consiguió algo parecido con un Modernismo exacerbado y neoexpresionista. Algunas obras expresionistas fueron -lo son a veces hoy- censuradas por su atrevimiento. Generalmente hoy su extensa publicidad -se conocen las obras artísticas por todos nosotros gracias a su amplia divulgación- hará totalmente ineficaz ir contra ellas... ¿Cómo permitiríamos que no se expusieran? Pero, y en los demás casos, en aquellos que no tengan nada que ver con el Arte... Por ejemplo, cuando los seres humanos ahora -sin publicidad, solos ante la estupidez- nos enfrentemos solos a la estulticia... ¿Podremos evitar sin desfallecer la censura más despiadada y obtusa? Ésta -la estupidez humana- no se mostrará ahora claramente descubierta y frágil ante nosotros, no, se enarbolará ella vanidosa, detrás de un rostro amable y seguro de sí mismo, pero del todo inflexible... Será aquí, en esos casos, donde el cinismo ahora adquirirá su otra cara más conocida, la más vulgar, la más manipuladora y torticera.

Y es ahora cuando la estupidez se vestirá de ese otro cinismo despiadado para ahuyentar así a los espíritus honestos y sinceros. Espíritus que se atreverán, incluso, con una cierta locura salvadora, esa misma con la que se atreverán a dirimir una creativa estrategia para neutralizar la estupidez cínica y acosadora. Pero aquí también puede haber ahora un peligro... La mayoría de las veces no habrá publicidad, no habrá testigos y la creatividad de los seres que defienden honestamente su postura podrá volverse -como un afilado cuchillo- contra ellos mismos. Así, desoladamente, sin otra arma ni otra cosa que su vida descubierta y vulnerable... frente a la insidiosa, oportunista y engañosa estupidez.

(Detalle del óleo Extracción de la piedra de la locura, 1480, del pintor holandés El Bosco; Cuadro del pintor barroco italiano Luca Giordano, siglo XVII, Filósofo Cínico; Imagen de la obra del pintor expresionista austríaco Egon Schiele, Moa, 1911; Obra Muchacha arrodillada sancando la falda por la cabeza, 1910, Egon Schiele; Autorretrato masturbándose, 1911, Egon Schiele; Óleo del pintor español del barroco Zurbarán, Apoteosis de Tomás de Aquino, 1631, Museo Bellas Artes de Sevilla; Cuadro Erasmo de Rotterdam, 1517, del pintor Quentin Massys; Cuadro La muerte y la muchacha, 1916, Egon Schiele; Cuadro Caricia de cardenal y monja, 1911, Egon Schiele; Cuadro Mujer sentada, 1917, Egon Schiele; Cuadro Resistiré tenazmente por el Arte y mis amores, 1912, Egon Schiele; Cuadro de Egon Schiele, Muchacha acostada con vestido oscuro, 1910; Fotografía del pintor expresionista Egon Schiele, 1915.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...