3 de marzo de 2012

La mixtificación del destino y los caminos azarosos, algo voluntario, encontrado y decidido.



Elegir es el único destino real del ser humano. Lo haremos siempre, aun cuando no creamos estar haciéndolo...  Es como cuando vamos por un camino elegido de antes y éste, ahora, nos dirige ajeno y caótico a un lugar inesperado. Porque caminaremos siempre por un sendero dibujado de antes, desconocido ahora por nuevo para nosotros... pero existente. Un sendero aturdidor por momentos, ansioso en otros, pero ignorado del todo siempre. Sin embargo, es ese ahora el camino elegido, sólo ese, el que ahora hemos elegido caminar. A veces, no elegiremos salvo la dirección, es decir, la orientación hacia donde la brújula indique su demora, pero nada más... Nunca sabremos otra cosa, nunca sabremos el destino real definitivo, ese querido -por elegido de antes- pero, luego, otro muy distinto finalmente. Otras veces sí que sabremos adónde nos llevan las pisadas, las nuestras, las mismas huellas utilizadas de siempre. Aunque éstas no nos prometan nada, ni nos sirvan, siquiera, para regresar o volver a retomarlas. Pero es que lo único importante es el camino en sí mismo. Lo importante es andar, es caminar, es ir hacia adelante, hacia ese final que aún no existe..., pero que es el que, definitivamente, acabará siendo.

En todos los senderos vitales elegidos habrá, existe de hecho, una justificación absoluta para admirarlo o para recordarlo, para desearlo o para enmendarlo, para..., ¿qué más da? Lo seguro es que todos los caminos nos dejarán surcar así sus rémoras; nos maltratarán a veces, y también, otras veces, nos maravillarán. Cualquier elección será valiosa en sí misma, porque cualquier elección elegida será la perfecta. Porque es elegir lo mismo que vivir. Elegir es lo que haremos siempre, aunque creamos no hacerlo a veces... al no elegir. Pero, ¡no nos engañemos!, nada de lo que elijamos finalmente será aquello que, entonces, querríamos antes elegir ilusionados. Quizá porque nada de lo elegible entonces fuese, incluso, lo que nos mereciéramos además... Recorrer el camino, llegar al cruce, mirar a ambos lados, ¡y elegir!, eso es todo lo que nos pide la encrucijada vital de la existencia. Porque luego, cuando hayamos elegido, tan sólo habrá ya que caminar, caminar y caminar... Es tan simple, bendecido, extraordinario, alentador o natural como eso. Porque cualquier sendero oculta siempre sus singladuras, sus traviesas, sus curvas o sus afanes tras la sombra de un recodo incómodo o traicionero. Todos los caminos ocultarán sinrazones, todos esperpentas bajadas o sinuosas subidas. Todos nos cansarán o nos acomodarán, nos amarán o nos decepcionarán. ¡Qué más da! Lo único importante es que nos servirán para vivir, nos ayudarán a vivir. Todos ellos nos servirán así para descubrir, para acudir, para sentir... Para sentir, al fin, que hemos, alguna vez, elegido...

(Cuadro Camino y colinas con castaños, 1978, del pintor español Godofredo Ortega Muñoz; Óleo Orillas del Marne, 1864, del pintor impresionista Camille Pisarro, Escocia; Pintura de Paul Cezanne, Camino Forestal, 1906, USA; Óleo de Vincent Van Gogh, Camino de Montmartre, 1886, Amsterdam; Cuadro de Dalí, El camino a Port Lligat, 1923; Óleo Camino a Louveciennes, 1870, del pintor impresionista Monet, Particular; Pintura del pintor estadounidense Edward Hopper, Carretera en Maine, 1914; Cuadro del pintor español Godofredo Ortega Muñoz, 1905-1982, Cruce de Caminos, 1980)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida con sus encrucijadas que surgen día a día intentando dar sentido a nuestra existencia.

Me gusta tu espacio con tu permiso pasearé por esta senda, un saludo.

Arteparnasomanía dijo...

Pero, no lo dan, porque no hay sentido en el camino, sino en ser. Ser es lo importante. Sin embargo, hay senderos que nos acogen y nos sorprenden además gratamente. Esos, siempre se pueden elegir. Me alegro que este lo hayas elegido. Gracias y saludos a ti.

sacd@ dijo...

Está senda da mucho para pensar y para andar por ella. Perderse en el camino y no mirar hacia atrás. Me gustan las sendas embarradas donde las carretas hunden sus ruedas y con la fuerza de la voluntad se hace lo que antes era un vestido de esparto se transforme en un ropa sedosa. Un saludo.

Arteparnasomanía dijo...

Así es, Sacd@, porque es la voluntad la que elige, la que elige la senda, la que elige mirar a dónde, la que elige seguir, o la que elige no hacerlo. Gracias. Saludos.

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